Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El burro explosivo     
 
 Hoja del Lunes.    13/03/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Los episodios nacionales

EL BURRO EXPLOSIVO

"Este es el burro hinchado en dinamita qué todo lo encoraja y lo em

palota." (Rafael Alberti.)

¡Hale, ándele no mas, a meterle dinamita al burro! Los unos con palabras y los otros con sangre. Los unos

quebrando la vida y los otros amenazando con romper la baraja. La ETA sigue asesinando en Guipúzcoa

y el GRAPO sigue asesinando en Madrid. Ya hay quien se dedica a contar los muertos para demostrarnos

cómo sube el precio de la democracia. Y dicen ¡no es esto, no es esto!, y alguna razón deben de tener,

porque el mensaje de la libertad política no puede convertirse en un parte de guerra. ¿Es que en este país

el precio de la política siempre se va a contary a medir no en votos pacíficos, sino en muertes violentas?

¿Es que nunca vamos a dejar de poner estopa encendida en los cuernos de los toros de Iberia? .Pero

¿cómo es posible que los mismos que querían cargase la dictadura quieran ahora cargarse la democracia?

¿Es que no sabemos; en este pobre pellejo de toro, fundar nada sobre la vida y la alegría y todo lo

tenemos que fundar sobre la muerte y la tristeza, sobre el canto funeral y el gorigori ? ¿ Es que las´ obras

maestras del arte de nuestro pueblo consisten en el arte de matar? ¿Es que no podremos habitar nunca el

valle verde y el prado ameno y tendremos que andar asi toda la vida entre los esperpentos de Valle-Inclán,

los desastres de Goya, las máscaras verduscas y Lividas de Solana? ¿Es que tenemos que hacer de cada

"Platero" juánramoniano y tierno un burro explosivo? El asesinato político es ya un hecho tan diario de

nuestra costumbre que, cuando alguien muere con los zapatos puestos, habrá que decir que ha muerto de

muerte natural.

Ya sé, ya.sé. Estoy "exagerando. Seguramente estoy exagerando retóricamente, que es la peor manera de

exagerar. A cada nueva muerte debemos repetir lo mismo. Hay que conservar la serenidad. No podemos

perder los nervios. Eso es lo que quisieran los enemigos de la democracia para volver a instaurar en

nuestro suelo, desde un extremo o desde el opues. to, un régimen que embride y sofoque la libertad.

Frente a la provocaciónt la sangre fría. Sangre fría ante la sangre caliente, estúpidamente derramada. El

terrorismo es un fenómeno universal y aquí, entre nosotros, tampoco la dictadura consiguió detener el

asesinato. No se puede caer "en la trampa de hacer el juego a los "desestabilizadores" de la democracia.

De acuerdo. Pero entonces vamos a exigir a la democracia nueva que use de la firmeza y aparte la

debilidad; qué fortalezca la justicia y que sólo perdone a los que perdonan. Porque aquí hay muchos que

han confundido, que están confundiendo el ejercicio necesario de la autoridad con la arbitrariedad del

autoritarismo. Hay quien está pidiendo un ¡basta ya! para el delito mientras solicita la impunidad para el

delincuente. También con la demagogia de las palabras, y no sólo con el salvajismo cainita de la sangre,

estamos metiendo dinamita, estamos hinchando de dinamita el burro explosivo.

Bueno. Pues tapemos piadosamente la sangre y vamos con las palabras. Ya estamos en el juego

democrático. Ya estamos en el juego parlamentario. Ese es un juego que tiene sus reglas, las más

civilizadas reglas que para el gobierno de las comunidades ha´inventado la humanidad. Hay una regla de

oro. En el juego parlamentario ganan los más y pierden los menos. Aquí ha bastado que unos pierdan para

que saquen a las palabras las amenazas de la violencia. A todos se nos llena la boca de la palabra

"democracia". Los socialistas españoles tienen razón cuando se quejan de que durante cuarenta años no.

se les ha permitido, con violencia desde el poder, jugar su legítima carta política. Quizás en eso

encuentren alguna disculpa, pero no pueden convertir esa disculpa en justificación. Se erigen en

dispensadores de credenciales democráticas frente a los colaboradores del antiguo régimen. Pero apenas

la aplicación de !as reglas del juego les enfrentan con una derrota ya están cayendo en la´tentación de

romper la baraja.

Los socialistas españoles quieren que se celebren cuanto antes elecciones municipales. Están en su

derecho.´ Esgrimen argumentos atendibles. Nuestros ayuntamientos y nuestras corporaciones provinciales

.continúan administrados por alcaldes, diputados, presidentes .o concejales que no han sido todavía

elegidos por el pueblo. Arrastran un largo mandato otorgado en un régimen ya fenecido. Pero hay mucho

por desatar de lo que nos legaron atado. Hay que empezar por tener una" Constitución, porque

difícilmente se podrá legislar, y gobernar sin contar con un marco constitucional. Claro es que debajo de

un calendarlo de elecciones siempre hay1 intereses de parti,do. Cada partido quiere convocar las

elecciones en el momento que considera que le será más propicio. Pero cuándo esas aspiraciones quedan

derrotadas por una mayoría parlamentaria, no se puede amenazar con movilizar a las masas, con echar las

gentes a la calle. Y eso es lo que han hecho los socialistas. Si esa movilización produce perturbaciones de

la paz, trae nuevos motines, alimenta enfrentamíentos con quienes tienen la misión de mantener el orden;

habrá un nuevo peloteo dé responsabilidades. Para que este pueblo confie en que los socialistas Han

logrado la madurez política para poder gobernar, deben convencernos primero que han aprendido a perder

en el juego democrático. Por bien del país y por bien del socialismo. La,amenaza de la movilización de

las masas ha sido desafortunada. Mucho más porque ha obligado al partido comunista . a secundar la

advertencia.. La izquierda española, o entra en el juego democrático, o estará eternamente ante el poder en

una actitud de subversión y deviolencia.

Se está Jugando políticamente a una endiablada presión de mites de atmósferas. Ramón Tamames habla

en Valladolid de embestir las masas contra el Gobierno. Gregorio Peces-Barba da un portazo inesperado

en la ponencia de la Constitución, que es algo que tenemos que hacer entre todos o que no; servirá para

nada. En una larguísima sesión del Parlamento todos eludieron, en un ñoñismo parlamentario

inexplicable, ese´ tema de fonda Los acuerdos no se tomaron a la vista del público, a la vista del pueblo^

Y también a todos se nos llena la boca de la palabra "pueblo". Aquí, cuando las minorías pierden, se van

dando el portazo. Se han ido del Consejo Rector de a Televisión, porque la mayoría tiene más votos que

la minoría. Apelan a la movilización de masas cuando no se fija la fecha de las elecciones municipales a

gusto de los menos. Se van de la ponencia de la Constitución cuando en el artículo de la enseñanza, o de

la libertad religiosa, o en el título de las autonomías no se escribe lo que ellos desean que se escriba. Los

intereses de partido son legítimas. A través de ellos se deben encauzar los intereses de los sectores que

representan. Pero hay intereses superiores que obligan a sacrificar a ellos los intereses parciales. Esto vale

para todos. ´Para las mayorías y para las minoríaíL Para la UCD y para el PSOE. Para el PCE y para AP.

La Constitución es uno de ellos: El pacto y el acuerdo que necesita la Constitución no se puede mezclar

con otros intereses típicamente de partido. Y resulta sospechoso que mientras el señor Peces-Barba

exaltaba en Murcia ese acuerdo constitucional, ya se había decidido en Madrid su retirada de la ponencia.

Y además nadie ofrece explicaciones claras. Da la impresión de que debajo de las actitudes políticas se

defienden intereses inconfesables. Bajo el tema del Sahara y las Ganarías; bajo el tema de la Constitución;

bajo la fecha de las elecciones municipales; bajo el barullo de datos y cifras de las elecciones sindicales;

bajo las "hermandades" internacionalistas de algunos partidos, algo huele a podrido en Dinamarca, como

diría don Alfonso Guerra. Y bajo la crisis ministerial; y bajo la falta de gallardía del Gobierno para salir al

paso de las amenazas; y bajo las explicaciones exquisitamente jurídicas, pero débilmente políticas, del

Gobierno en el asunto del Sahara y de la OUA; bajo las dilaciones, las inoperancias y las debilidades,

algo también se pudre y se esconde.

Me habría gustado escribir hoy una crónica, un episodio nacional más divertido, más alegre y más

esperanzados Me haré la ilusión de escribirlo ,así"la semana próxima. Por hoy lo dejaremos.. "Y no io

toques más, que el burro explota."

Jaime CAMPMANY

 

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