Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    29/01/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

VIERNES, 28 DE ENERO

Falta poco para que den las dos de la tarde. Recordando viejos, lejanos y no muy felices tiempos, voy a

comer en la cama. He hecho que me suban de la librería algunas novelas para elegir las que me interesen

y ponerme a leer la más fácil de todas, porque en mis condiciones es mejor lo sencillo, lo que distraiga y

no lo que por su importancia tenga tendencia a elevar la temperatura.

No recuerdo bien a qué hora me han llamado del periódico para darme la noticia de que por los alrededo-

res del Hospital Gómez Ulla han sido asesinados ferozmente dos agentes de la Policía Armada. Pienso,

una vez más, que la violencia no se detiene con palabras, sino con el cumplimiento de las leyes vigentes.

Después me he puesto a ojear los periódicos de la mañana, con los libros cerca, timándome con ellos,

diciendoles algo como que esperen un momento, que en seguida les paso la mano por el lomo. La verdad

es que la prensa dice lo de siempre, repite lo de siempre y en realidad no haría falta leer ningún periódico,

incluido éste en que escribo, por que antes de leer cualquier periódico el lector avisado, el lector mediocre

y hasta el recién alfabetizado ya saben qué van a leer, y si van a estar de acuerdo o no con lo que el

periódico les cuenta. Pero el vicio de los periódicos lo tengo desde pequeño, qué le vamos a hacer y

resultará muy difícil desintoxicarme. Diría que amo los periódicos aunque no me gusten, pero si digo eso

alguien me va a insultar. De modo que lo digo.

Entonces ha sonado de nuevo el teléfono, y de nuevo me llaman desde el periódico para decirme que en la

carretera de Andalucía han matado a dos guardias civiles que iban en un coche y que además había

heridos.

Mañana —si la serie negra se detiene aquí donde yo hago punto final y no continúa por la tarde— el

Gobierno dirá que no pierde la serenidad/ los periódicos dirán que basta, con energía retórica, habrá notas

de repulsa de diversos sectores políticos, se editorialeara asegurando que todo esto sucede porque se trata

de sabotear nuestro camino hacia la democracia, y los intelectuales no firmarán ningún manifiesto, ni

habrá demasiadas coronas de flores ni se congregarán multitudes, y también se dirá que en el mayo

francés las cosas fueron más graves —¿hubo muertos en el mayo francés? ¿no visitó De Gaulle a Massu,

jefe de las tropas francesas de ocupación en la libre y democrática nación alemana, para pedir socorro?—

y que más gordo es lo del Ulster o que, si bien se mira, aquello de los anarquistas alemanes sí que fue

serio pero eso no impidió el ejercicio de la democracia, cuyo valor político parece consistir en seguir

viviendo impasible mientras los ciudadanos se matan en las calles y los agentes del orden público son

asesinados a barullo y las altas jerarquías del Estado son raptadas en la mayor impunidad.

Pues bien, si en esto consiste la democracia, yo lamento decir que no me siento demócrata, ni con fuerzas

para ayudar al proceso democratizador del país. El día en que murió Franco respondí a la pregunta de un

reportero: "La paz ha terminado".

Hoy me atrevo a insinuar que si Dios no lo remedia —y Dios debe estar harto de la falta de memoria de

este pueblo y sobre todo de la inmensa estupidez de sus dirigentes—, "la guerra ha comenzado".

(Entra mi hija y me anuncia que los guardias civiles muertos son tres. Total, antes de que termine el

telediario hay ya cinco bajas en las Fuerzas de Orden Público. También me anuncia que el Gobierno se

reúne con carácter de urgencia.

—Hija —respondo— las catástrofes nunca vienen solas. La pobre quiere que me ponga el termómetro.

No hace falta. Se bien que tengo fiebre, pero no hasta el punto de delirio).

 

< Volver