Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Testigo de cargo     
 
 ABC.    14/03/1978.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Testigo de cargo

EL proceso político a la descolonización del Sahara ha comenzado con la deposición de un testigo de

cargo. El coronel retirado don Luis Rodríguez de Viguri ha declarado ante la Comisión de Asuntos

Exteriores del Congreso de los Diputados. Era la primera figura llamada a declarar en un largo desfile de

personalidades militares y políticas. A la convocatoria del Congreso t o d os han respondido «sí». Todos

los convocados menos dos: el señor Sobredo, embajador de España en Pekín, que se encuentra

hospitalizado, y don Carlos Arias Navarro, que ha alegado para justificar su ausencia «obligaciones

familiares». Tampoco el señor Arias se ofrece para comparecer en otra fecha ante la Comisión del

Congreso. Habrá que entender su respuesta como un convencional pretexto para eludir el interrogatorio.

La negativa de un es presidente del Gobierno a no someterse a un interrogatorio, si no de tercer grado, sí

de cerrado acoso político, sobre un tema que todavía no es Historia, siempre resulta respetable. Pero

sospecho que esa negativa puede echar más sombras que luces sobre el ya confuso y dífumínado asunto

del Sahara.

Es muy posible que la celebración de estos interrogatorios suponga, para quien los ha provocado y para

quien los ha hecho posible, un error. No me atrevo a decir un inmenso error. Remover las circunstancias

internas de España en aquellos momentos, con mi Franco moribundo; con un Príncipe a quien le

aguardaba la tarea nada sencilla ni fácil de la transición política; con un Ejército hostigado por la

población indígena y por unos vecinos agresivos y ambiciosos; con un Gobierno obligado a elegir entre la

paz abandonista o la guerra inútil, me parece una actitud casi masoquista. Tratar de desentrañar a estas

alturas el desentendimiento último de las Naciones unidas, la lógica actitud de Francia, las aspiraciones

largamente acariciadas de Marruecos, el sueño imperialista de Argelia para encontrar la fórmula de su

salida al Atlántico, respaldada por los intereses de la U R. S. S., y el desvío —a veces, la traición— de un

pueblo sobre el cual España habría ejercido una tutela de casi un siglo, me parece, al menos, una manera

de hurgar en circunstancias tan tristes como inevitables. SÍ además, en algún momento asoman en el

interrogatorio unas simpatías intemacionalistas que puedan parecer sospechosas de desatención a los

intereses supremos de España, una de don: o se prueban y concretan rotundamente esas sospechas, o

habremos sembrado en nuestro pueblo la semilla de la desconfianza sobre toda la clase política. Sobre la

de antes y sobre la de ahora.

Éstas son las conclusiones que he sacado después de escuchar durante las horas de la mañana, las de la

tarde y parte de las de la noche las explicaciones de tres personalidades militares y las preguntas que les

han dirigido los representantes de los grupos parlamentarios. La exposición del señor Rodríguez de Viguri

ha supuesto una acusación a determinados políticos de la última etapa del franquismo, aquellos que él

mismo ha denominado como «fuerzas inmovilistas». El señor Rodríguez de Viguri ha citado por gu

apellido al señor Solís, viajero de urgencia a Rabat para entrevistarse con el Rey de Marruecos en

víspera* de la «Marcha Verde» y a «un allegado de la familia de Franco». Preguntado por el nombre de

esta persona, ha dado el testigo el nombre de don Miguel Juste, citado en el libro famoso del general

Franco Salgado-Araujo. El testigo de cargo ha declarado abiertamente sus simpatías actuales hacia el

Frente Polisario, pero no ha podido por menos de reconocer que las conversaciones de las autoridades

españolas con los representantes polisarios fueron prácticamente inviables. Primero, porque las evitaban

casi siempre. Segundo, porque en todas las que se llegaron a celebrar siempre estaban acompañados de un

oficial del Ejército o de un funcionario del ´Gobierno de Argelia. A renglón seguido de hacer responsable

a España del abandono del pueblo saharaui, el señor Rodriguez de Viguri reconocía que el Frente

Polisario desencadenaba la guerra de guerrillas desde las fronteras de Argelia 0 de Mauritania. De

cualquier manera, para el coronel Rodríguez de Viguri, secretario general del Territorio del Sahara, en el

proceso de descolonización jugaron intereses políticos y económicos, y ha llegado a hablar de

«genocidio» hacia la población saharaui.

El teniente general Gómez de Salazar ha puesto de relieve lo que supuso para el Ejército español esa

visita del Príncipe Don Juan Carlos: la seguridad de mantener el honor y la dignidad de los soldados de

España en el Sahara. El señor Gómez de Salazar ha contestado con laconismo militar a las preguntas de

los socialistas, más encaminadas a mediar por los intereses del Frente Polisario que a adivinar la manera

más digna y menos perjudicial para España en el abandono irremediable del territorio. Más tarde, el

general don Eduardo Blanco, tal vez recordando aquella frase que se atribuye a Winston Churchill:

«Inglaterra defenderá a Francia hasta la muerte del último francés, ofrecía esta valiosa información:

Argelia estaba dispuesta a defender el Sahara hasta el último saharaui y hasta el último español, pero no

entraba en sus cálculos una guerra contra sus hermanos marroquíes.

La minoría comunista hizo, como siempre, su juego de moderación y respeto. Don Ignacio Gallego

formuló unas preguntas al teniente general Gomez de Salazar, pero se daba por satisfecho con lo dicho y

no aspiraba a recibir contestación o respuesta. Y dejó al Ejército al margen de cualquier responsabilidad

sobre el asunto del Sahara. Su espíritu de servicio estaba claro para los comunistas. Fue la Embajada de

Marruecos, con el envío a varios señores diputados de una declaración del Partido Comunista Español en

1961, quien se encargó de resucitar pecados del pasado. En ellas se haBla de «la sangrante dominación

colonial en Marruecos y la explotación rapaz del pueblo marroquí por los capitalistas y militares

españoles». El envío de las declaraciones fue estimado por la Comisión como una intolerable injerencia

de Marruecos en los asuntos internos de España, y se recomendaba al Gobierno que presentara una

enérgica protesta.

Faltan otros dos días de declaraciones • interrogatorios. Al final, la pregunta que deberá ser contestada

siempre será la misma: ¿Debíamos abandonar el Sahara después de ganar o de perder una guerra sin

objetivo provea choso?—Jaime CAMPMANY.

 

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