Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Palmas y olivos     
 
 Hoja del Lunes.    20/03/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Los episodios nacionales

PALMAS Y OLIVOS

A estas horas del atardecer del Domingo de Ramos los cerebros electrónicos de París catarán contado los

votos de la mayoría y de la oposición y poniéndolos a la diestra y a la siniestra del señor Giscard, como

en un juicio final del destino de Occidente, En algún lugar de Italia las "Brigate Rosse" se disponen a

juzgar a Aldo Moro, descendiente espiritual de Tomás Moro y arcángel democristiano inventor de la

utopia del centro-izquierda. Dicen que en Italia están a un paso del abismo de la guerra civil. Tendría

poca gracia que a estas alturas los italianos le den la razón a Spengler y sea un pelotón de soldados el que

tenga que salvar la civilización de Roma, la vieja civilización de la "manumissio", las catilinarias, la

"pasta asciutta" y las encíclicas papales. A ver si aguantamos con la democracia un rato más y sigue

siendo un pelotón de computadores los que marcan el rumbo de la política.. Por lo menos, hasta que

nosotros tengamos Constitución. Llegamos tan tarde a las cosas de Europa que casi nunca nos dejan

estrenar nada.

Mañana entra la primavera, pero casi na: die ayuda a traerla. De momento, la primavera se presenta como

una primavera mortal. Hay un muerto en Carabanchel. Ya no se está seguro ni en la cárcel, que es donde

te metía el "sheriff" en las películas del oeste para que no te lincharan. Hay más muertos en las

Vascongadas, en Vasconia, en el País Vasco o en Euskadi, que yo ya no sé cómo quieren llamarse. Los

vascos,tienen ya su estatuto, su Consejo General y su socialista Ramón Ruibal en el despacho autónomo

de la Diputación de Vizcaya, pero siguen floreciendo las rosas violentas de la sangre a la sombra del

."Guernikako arbola". El crimen de la autopista. El crimen de Lemóniz. La han tomado con las centrales

nucleares. Hasta Santiago Carrillo ha dicho que nadie puede renunciar a la energía nuclear, pero ahora

resulta que el pueblo más industrial y más industrioso de España, o del Estado español, o como se llame

esto que gobierna don Adolfo Suárez, se rebela contra la técnica y da un espectáculo al mundo como el de

los "Campesinos búlgaros huyendo de la vacuna". A esos dos obreros de Lemóniz no los ha matado el

uranio. Los ha matado la ETA. Los empresarios vascos han contratado guardaespaldas. La Industria vasca

se desmantela. El éxodo alcanza ya, dicen, a más de cinco mil familias. Nunca ha atravesado Euskadi una

situación tan antidemocrática. Los vascos votaron al Partido Nacionalista, al PSOE, a la UCD, a Alianza

Popular. Todos estos partidos sumaron unos cuatrocienots cuarenta mil votos. Euzkadiko Ezquerra, el

partido del señor Letamendia, único simpatizante de ETA, apenas, alcanzó los treinta mil. Pero esa

minoría se impone no con loa votos/sino con las manifestaciones violentas, con las amenazas, con los

atentados, con la goma2, con la muerte. El alcalde de San Sebastián ha hecho an llamamiento dramático.

El Pais Vasco se empobrece, se desangra, se despuebla...

En el Congreso, los padres de esta patria hablan del Sahara. Se han caído por el túnel del tiempo. Se

trataba "de saber ei el Sahara, aquél que fue español, tenía que haber caído en manos de Marruecos o en

manos de Argelia. Lo demás eran exquisiteces jurídicas o sospechas infamantes. El Frente Polisario,

apoyado en el socialismo argelino, hostigaba a las tropas españolas convertían en prisioneros a. los

oficiales españoles, se revolvían en contra de los que hablan llamado amigos. Marruecos aprovechaba la

enfermedad de Franco y la provísionalidad del régimen español para desencadenar la "marcha verde". La

ONU, como siempre, se desentendíay nos recomendaba "moderación", En estas circunstancias, España

declaró su propósito de abandonar el territorio. Pero algunos señores diputados creen que España debía de

haber defendido con una guerra aquellas tierras que estaba dispuesta .a abandonar, que no tenía otro

remedio que abandonar para no convertirse «n una potencia colonialista. El Congreso mira hacia atrás. Al

Congreso le importa más hacer un proceso al oasado que dedicarse a resolver los problemas del presente

y hacer los planos para un futuro en paz y en progreso. Un poco más y el pueblo terminará por no

asomarse ni a las ventanas.

Mientras log diputados sometían a don Antonio Carro a un interrogatorio de terder grado; u obligaban a

ese viejo y sabio servidor de España por Jas cancillerías del mundo que se llama Pedro Cortina a levantar

la mano derecha y jurar por Dios, casi patéticamente, la verdad de sua palabras; o escuchaban la carta de

don Jaime de Piniés a don Carlos Arias (el gran ausente del "proceso"); o se reían con las repajoleras

vueltas que les daba don José Solís, mientras el socialista dpn Luis Yáñez, aspirante a ministro de

Asuntos Exteriores en un Gobierno del PSOE, demostraba que no había alcanzado todavía la estatura de

un tercer secretario de Embajada, y don José Ramón Lasuén nos convencía de que si le mandan de

embajador a Pekín corremos el riesgo de que en sólo una semana caiga sobre nosotros la bomba atómica

china; mientras esto sucedía en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, don Gregorio Peces-

Barba daba el portazo en la ponencia de la Constitución.

Todavía no se sabe por qué el señor Peces-Barba ha rotp la baraja constitucional. Don Ricardo de la

Cierva dice que eso forma parte de un juego que tiene sometido a acoso y derribo a don Adolfo Suárez.

Dicen que, por la derecha y por la izquierda, alguien había pensado que´era llegada la hora de desmontar

del sillón déla Moncloa al actual presidente del Gobierno. Los socialistas ponían la máquina de la

oposición a toda marcha. La derecha se citaba en los restaurantes de cinco tenedores. Don Adolfo Suárez

y don Felipe González llegaban juntos a la Zarzuela; don Manuel Fraga, don Alfonso .Osorio y don José

María de Areilza almorzaban, no se sabe sí en amor y campaña o en discreta discrepancia para tratar de

obtener, en la probeta el embrión de la gran derecha. El consenso constitucional puede significar una

victoria para Adolfo Suárez, que se aprovecharía inmediatamente de ella para convocar .elecciones, y a lo

mejor no sólo municipales, sino también generales. Un referéndum constitucional tan victorioso como lo

fue ,el de la reforma política pondría al centro en condiciones de ganar unas nuevas elecciones, a pesar de

todos, esos votos que aseguran tse han escapado por el lado de la derecha. Los más finos profetas

políticos dicen que esa hemorragia del centro no pasaría de ser la de un rasguño sin importancia.

Pero la verdad es que el centro está sin cuajar como partido. Hasta ahora, el centro es algo así como una

ensaladilla rusa ligada conlas mieles del poder. A los disidentes se les sujeta y se les .embrida con los

dulces lazos de una cartera ministerial, de una subsecreíaría, de una dirección general o de una asesoría

del presidente. A mí me da la impresión de que él presidente nombra a tantos asesores personales para

saber perfectamente en todo momento lo que no debe hacer. Todo consiste en hacer lo contrario de lo que

le aconsejan, y así va tirando. Pero cuando el Congreso despartido se reúna, aquello puede resultar como

el agua y el aceite, a menos que cada congresista acuda ya con un cargo de la Administración

Pública en el bolsillo.

Convocar un congreso de la UCD antes de aprobar la Constitución puede significar algo así como un

desfile de disidentes con portazos al estilo de Peces-Barba. En camboi, por el lado de la oposición, a pesar

de todos los pesares, tos socialismos de Felipe González y de don Enrique Tierno terminan los trámites de

su unidad. El Partido Comunista debate sus veleidades eurocomunistas y se democratiza por y hacia el

interior. La figura de don Simón Sánchez Montero termina con las disidencias entre los militantes de

Madrid. Y Alianza Popular rehace su imagen—la imagen más combatida desde el poder en las últimas

elecciones.

Los cerebros electrónicos da París, en este anochecer del Domingo de Ramos, ya han anunciado el triunfo

de ia derecha. La mayoría de los escaños se han situado a la diestra del señor Giscard. Esperemos que el

fantasma de la guerra civil se aleje del horizonte de Italia, y de nuevo sea un pelotón de democristianos el

que salve la vieja civilización de Roma. A Madrid han llegado unos cuantos miles de parados. Los

parados llegan ya, dicen, al millón y medio, Ellos son los cristos de esta situación del país. A ellos los

teníamos que haber recibido con palmas y olivos.

Jaime CAMPMANY

 

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