Autor: Páez, Cristóbal. 
   La dictadura del crimen     
 
 Arriba.    29/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA DICTADURA DEL CRIMEN

MAS atentados, más crímenes, más sangre. Ayer le tocó una vez más a las Fuerzas del Orden, cuya lista

de muertos en los últimos meses resulta ya sencillamente pavorosa. Los comandos del asesinato no

provocan o los agentes de los institutos armados, sino que los eligen indiscriminadamente y los matan por

sorpresa. Su propósito criminal es bien claro: enloquecer o la sociedad, sembrando el pánico y la

inseguridad, deteriorar hasta el límite de lo grotesco la autoridad del Estado, lanzar a los ciudadanos a un

sucio y monstruoso ejercicio de la venganza privada y, en resolución, impedir que la reforma política

votada por el pueblo español se realice normalmente dentro de tos plazos previstos por el Gobierno.

Las Fuerzas del Orden, por lo que representan, han sido elegidas por el terrorismo para su siniestro labor

de desarticulación social. La tarea de los esforzados celadores de la Ley va más allá del puro compromiso

funcionarial, puesto que se inscribe en el terreno del servicio heroico, del deber cumplido con emoción y

sacrificio sin tasa. Faltan palabras y. paradójicamente, sobran casi todas para, en el contexto de un mundo

comido de materialismos, ofrecer una imagen adecuada de las Instituciones y los hombres que han

escogido la divisa del honor y han abrazado una vida de riesgos de imposible remuneración pecuniaria.

Es muy difícil liquidar esa furiosa dictadura de! crimen que desde hace tiempo se ha desotado en nuestra

Patria V que ahora parece lanzada a un esfuerzo desesperado para provocar un caos general. Se habla da

una «internacional» afectada a este sucio trabajo demotedor; se especula con sospechas; se pone en tela

de juicio la sedicente filiación política de los grupos extremistas que se hacen responsables de los

crímenes; pero los resultados finales que se obtienen de todo ese pequeño mundo de la especulación

periodística son tan pobres que realmente no sirven de nada para ayudar y orientar la labor de la Justicia.

La enérgica condenación, la firme repulsa y otros frases por el estilo, están perdiendo su sonoridad cada

día que pasa, ante la repetición de los mismos acontecimientos. No se ve la manera de impedir que e!

crimen sea noticia cotidiana y que de algún modo nos vayamos habituando a incluirlo, con pesimismo

insuperable, en la normalidad nacional. Los ciudadanos sentimos una tremenda sensación de angustia e

impotencia para colaborar a la erradicación de la lacra terrorista ¿Es que no estamos bien colocados en el

tablero político? ¿Es que estamos pagando las consecuencias de la larga "vacatio legis" a que está

sometido gran parte de nuestro ordenamiento jurídico? ¿Es que el principio de autoridad ha quedado

desvalorizado por una pugnacidad política que todavía no ha sido legitimada por la voluntad popular,

ordenadamente expresada a través de unos comicios generales?

Están en e! aire un montón de preguntas Puntos de vista Y consejos no faltan. Pero en e! abrupto

panorama de hoy quizá sea !a mejor y más sensata de las decisiones la de que el pueblo forme una piña

con la Corcna y el Gobierno. Que nadie alce la voz; que se pospongan todas las reclamaciones; que se

deje la calle en paz; que no se le multiplique insensatamente e! trabajo a las Fuerzas del Orden, ni siquiera

con manifestaciones pacíficas; que se trabaje intensamente; que los líderes políticos se concedan una

tregua de Dios y la respeten... Así llegaremos a saber quiénes son las minorías que viven fuera de todo

control y que, con su acción, hacen posible e! propiciamiento de un clima prerrevolucionario, en el que la

demasía, el miedo, el terror y e¡ crimen tienen su asiento.

Cristóbal PAEZ

 

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