Ante un complot     
 
 Arriba.    29/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

ANTE UN COMPLOT

UN día más, la violencia, extraña, incomprensible, quiso adueñarse de un país que, durante la última

semana apenas pudo saborear la tranquilidad. Vemos muy claro que, a la vista de tan criminales intentos

de nada nos va a servir gritar nuestra condena ni volver a escribir un «basta ya», porque sus autores están

muy lejos de querer escuchar a nadie que clame por el entendimiento, la paz y la convivencia. Buscan el

enfrentamiento, y lo promueven atacando a militantes de fuerzas políticas, secuestrando a personalidades

muy significadas de la vida nacional o incitando a las Fuerzas Armadas y a las Fuerzas del Orden Público

a perder los nervios. Como se dice en otro comentario de este mismo número estamos ante un complot.

Un complot que tiene que tener varias respuestas escalonadas:

PRIMERA.—Una acción policial y de la justicia, como corresponde a todos los casos en que se persigue

a un criminal

SEGUNDA,—La unidad de las fuerzas políticas para que, ostentando la moderación que hasta ahora han

demostrado, consigan arrinconar a los enemigos de la democracia o a las fuerzas desconocidas qué

pretenden hacerla inviable en nuestra nación.

TERCERA,—Un propósito firme del Gobierno de continuar su propósito democratizador. que ha sido

respaldado masivamente por el pueblo español.

Ignoramos dramáticamente hasta dónde puede llegar la ola de violencia. Pero sabemos que, si se conjugan

esas tres condiciones, por grande que sea el cerco, no conseguirá sus objetivos. Afortunadamente el

terrorismo, que no conoce fronteras ni se para en procedimientos, ha tropezado en España con un pueblo

maduro, consciente de sus derechos, pero sabedor también de que no se le puede arrebatar la bandera de

libertad que tiene izada. Ha tropezado con unas Fuerzas Armadas modelo de serenidad, de imparcialidad,

de respeto a las opciones políticas y de amparo a los deseos mayoritarios de la población. Ha tropezado

también con unas fuerzas del orden que, si son especialmente castigadas por el crimen y el atentado en

cadena, siguen siendo un ejemplo vivo de firmeza, de moderación y de servicio. Y han tropezado, en fin,

con unos partidos políticos que ya son conscientes de su responsabilidad en los momentos difíciles y han

demostrado admirablemente en estos días cómo anteponen el interés de la nación a cualquier actitud de

beneficio de grupo.

Por todo elfo, queremos decir que estamos indignados; que sentimos una grave preocupación por la

desgracia de intentar ser subvertidos por algo de lo que desconocemos su origen, su financiación, su

apoyo, pero nos alienta la esperanza en quienes somos mayoría: la moderación. La Prensa de Madrid da

hoy el gran ejemplo de unificar sus criterios, lo que constituye una especie de adelanto de que en

castigado país todavía es posible el pacto y todavía son posibles los comportamientos civilizados. Una

sociedad está madura cuando, ante las dificultades, surge esta capacidad que no es sólo de asimilación de

los cuerpos extraños, sino de autodefensa, sin dejarlo todo a las soluciones de una Policía eficaz.

Ayer el Gobierno aprobó un real decreto-ley por el que se suprimen temporalmente dos artículos del

Fuero de los Españoles. Inteligentemente se evitó la solución fácil del estado de excepción. Aunque sea

fácil el comentario, hemos de decir que el acuerdo es congruente con la situación y la realidad del país.

Creemos que nadie con la conciencia tranquila —y son casi todos los ciudadanos— tiene nada que temer.

En cambio se posibilita la acción de las fuerzas del orden, a cuyo trabajo nadie puede negar colaboración

y apoyo, incluso espiritual, en momentos que para ellas son especialmente dolorosos. Es, en definitiva,

una suspensión temporal de dos garantías constitucionales que aceptamos, por necesarias, aunque

tengamos que lamentar por sus causas.

Sin embargo, el problema está también mucho más allá de lo que puede suponer la aplicación de este Real

Decreto o las medidas acordadas en el anterior Consejo de Ministros, y es lo que, respetuosamente, nos

permitimos esperar de la rumoreada alocución del Presidente Suárez al país en el día de hoy. Es lo que

ayer can ficábamos en estas mismas columnas como «soluciones de Estado». ¿Oué quiere decir esto?

Quiere decir que, frente a un claro desafío a la estabilidad del Estado, frente a una provocación a su

firmeza, frente a los intentos de derribo por la vía del enfrentamiento y la provocación, ha de imponerse la

claridad de una política firme, clara y concreta. La ventaja de estos tiempos que vivimos es que ya la

tenemos, y la tenemos, además, respaldada por la voluntad popular. La necesidad vital de la nación es

conservarla, potenciarla y llegar así a unas elecciones que otorguen el poder a quien realmente lo tiene en

la base social.

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