Autor: Semprún, Alfredo. 
 Ayer por la mañana en Madrid. 
 Tres agentes del orden asesinados     
 
 Arriba.    29/01/1977.  Páginas: 2. Párrafos: 22. 

Ayer por la mañana en Madrid

TRES AGENTES DEL ORDEN, ASESINADOS

Otros tres guardias civiles se encuentran en situación crítica a causa del criminal atentado

Dos policías armados en Campamento y un guardia civil en la carretera de Andalucía

Ayer por la mañana las calles de nuestra capital se vieron nuevamente ensangrentadas por la barbarie de

unos desconocidos que pistola y metralleta en mano edificaron un nuevo escalón en esta demencial

carrera que parece hemos emprendido los españoles hacia la siempre irracional violencia terrorista.

Asesinan a dos policías armados

En efecto, cuando aún no nos habíamos repuesto de la triste sensación que nos había causado el múltiple

y cobarde asesinato cometido en un despacho de abogados laboralistas, cuando aún la indignación que el

hecho produjo en todos los ambientes políticos de la nación no se había apagado, otras mentes criminales

han sembrado la muerte y el terror eligiendo esta vez como blanco los uniformes de los fieles y modestos

servidores del orden público.

A las 11,45 de la mañana de ayer, tres individuos, a bordo de un «Renault 12», de color azul, tipo

furgoneta, estacionaron frente a la puerta de la Caja Postal de Ahorro, sucursal situada en la calle del

Padre Piquer, número 13, en Campamento, y mientras uno de ellos se quedaba al volante del vehículo

manteniendo el motor en marcha, sus dos compañeros penetraron en la entidad y sorprendiendo a los dos

miembros de la Policía Armada que prestaban servicio de vigilancia en la misma, dispararon a bocajarro

las pistolas de que eran portadores contra los dos policías y cuando éstos cayeron al suelo mortalmente

heridos, sus asesinos apuntando sus armas contra sus cabezas, los remataran con sendos tiros «de gracia».

Acto seguido, y ante el horrorizado estupor de los empleados bancarios, que no acertaron a reaccionar,

con «suma frialdad» —al decir de los testigos— los pistoleros se apoderaron de las dos metralletas y las

pistolas de reglamento con que la pareja de policías estaba dotada. Seguidamente emprendieron la huida

sin que nadie tuviera tiempo de oponerse a ello y, mucho menos, de seguirles con cualquier otro coche de

los muchos allí aparcados.

La noticia de este doble asesinato se extendió rápidamente por las redacciones de los medios informativos

madrileños, originando los lógicos afanes informativos paralelos al despliegue policial que instantes

después de recibirse en la DGS ¡a noticia sobre lo sucedido, ordenó la Jefatura Superior de Madrid el

inútil intento de cortar la retirada a los desconocidos pistoleros. Y cuando los periodistas y policías se

hallaban sumidos en e¡ establecimiento de los hechos que habían originado la muerte de los policías

armabas, señores don José María Martínez Morales, alumno aún de la Academia y que estaba prestando

servicio en prácticas, y don Ferrando Sánchez Hernández, destinado en la segunda compañía de la 17

Bandera, cuando apenas los dos cadáveres habían sido llevados en un coche del 091 el Hospital Militar

Gómez Ulla, otra noticia sangrienta más.

Atentado contra la Guardia Civil

A la altura del kilómetro 8,500 de la carretera de Andalucía, en el andén dirección a Madrid, en la esquina

de la calle de Samara se encuentra situada la Sucursal número 41 de Correos y Telégrafos, así como de la

Caja Postal de Ahorros. En ella normalmente venían prestando servicio de vigilancia una pareja de la

Guardia Civil.

Alrededor de las 13,30, tres individuos penetraron en el edificio, en cuyo entresuelo se encuentran

situadas los apartados postales y la Caja Postal. En esta última habitación, de unos diez metros de largo

por unos cuatro de ancho, que divide en dos un mostrador, se encontraban en la parte exterior del mismo

los dos miembros de la Benemérita que fueron brutalmente sorprendidos por tres desconocidos, que

dispararon sobre ellos sus meta-netas hasta verles caídos en el suelo perdiendo abundante sangre por las

numerosas heridas que las balas del 9 mm. largo habían causado.

Al igual que en el caso anterior, los empleados de la Sucursal no tuvieron otra reacción que la de arrojarse

al suelo amparados por el motrador apenas iniciado el tiroteo intenso.

Los tres desconocidos emprendieron la fuga sin que nadie les estorbara en su huida. Mas en aquellos

momentos un coche de la Guardia Civil, tipo «Citroën», matrícula PGC-1364-S se detenía frente a la

Sucursal. En él viajaba un conductor de la Benemérita y un sargento afecto a la 111 Comandancia que

recorría la «línea», a fin de dar instrucciones de alerta especia! en todos los puestos cubiertos por la

Guardia Civil, una vez conocida la muerte de los dos policías armadas. Un cuarto individuo, a quien los

testigos nos describen como un hombre joven vestido con un traje o chaqueta marrón y pantalón,

asimismo, oscuro, que debía estar cubriendo la huida de sus tres compañeros de asesinato, arrojó contra la

parte delantera del vehículo oficial una bomba de mano del tipo «P. O. 3» —cuyo tapón fue encontrado

en el lugar del suceso— con la intención de introducirla por la ventanilla del conductor. El artefacto,

quizá debido al nerviosismo del miembro del comando asesino, estalló, no obstante, junto a la puerta

causando grandes daños en el vehículo e hiriendo de gravedad a sus dos ocupantes.

Ingresan en el «Primero de Octubre»

Tras dar cuenta telefónica de lo ocurrido o la Policía, los empleados de la Caja de Ahorros y los

numerosos testigos de lo sucedido, entre ellos los conductores y cobradores de algunos autobuses que

transitaban en dirección a Madrid en aquellos trágicos instantes, trataron da impedir la huida de los

asesinos, quienes, no obstante, consiguieron perderse por entre las casas y los descampados que se

suceden en aquella zona del extrarradio madrileño. Algunos testigos, el periodista no pudo establecer

unanimidad alguna entre ellos, nos aseguraron que los cuatro pistoleros habían huido en un «Seat 1430»

de color azul, mientras que otros se mantenían en su creencia de que Ia fuga se había efectuado a pie y

corriendo. Uno de estos testigos, cuyo nombre no quiso facilitar, aseguró que el sargento, tras la

explosión, acertó a disparar su pistola contra uno de sus agresores, un joven rubio que vestía gabardina

blanca, y "que éste, al doblar la esquina, disparó de nuevo contra el miembro de la Benemérita la

metralleta de que era portador, reemprendiendo seguidamente su huida.

Fue entonces cuando el sargento cayó al suelo, ya perdido el conocimiento, y los cuatro asesinos se

habían perdido sin dejar rastro, cuando en vahos coches fueron trasladados los cuerpos sangrantes de tos

defensores de la ley hasta los muy próximos servicios de urgencia de la Residencia Sanitaria «Primero de

Octubre», cuyos facultativos nada pudieron hacer por el guardia civil don José María Lozano Sáenz, que

ya era cadáver cuando ingresaba, a consecuencia de las numerosas heridas de bala que presentaba en el

abdomen y en la cabeza. Sus tres compañeros, don José Pérez Diáñez, don Felipe Martín Margallo y don

Antonio Guereño Parador, fueron inmediatamente intervenidos quirúrgicamente de las gravísimas heridas

que presentaban, siendo ingresados posteriormente en !a unidcd de cuidados intensivos, donde hasta el

momento de redactar esta crónica, primera hora de la noche, se debatían aún entre la vida y la muerte. Los

facultativos tienen muy pocas esperanzas de que tanto don Felipe Martín Margallo, conductor del

vehículo, como José Pérez Diáñez puedan recuperarse y superar la crítica situación en que se encuentran.

En relación con don Antonio Guareno Parador, aunque el pronóstico es asimismo, de muy grave, los

TRES AGENTES DEL ORDEN, ASESINADOS

médicos guardan, por e! contra. río, una leve esperanza.

Durante toda la ¡ornada nuestra capital se vio conmocionada por el constante transitar de los vehículos

policiales, que, sirenar al viento, recorrían en una y otra dirección las muy transitadas calles madrileñas,

mientras que los helicópteros de la Guardia Civil y de la Policía localizaban desde el aire, suponemos

nosotros, los coches supuestamente sospechosos. Cerca de los tres de la tarde y en el tramo de avenida

situado entre las plazas de Colón y de Castilla, tuvo lugar una auténtica persecución policial tras un coche

«Seat 1430» de color roto, al que sequía en el aire uno de los helicópteros y trataban de cortarlo el paso

varias unidades del 091; persecución que, al parecer, no tuvo consecuencias de mayor importancia que la

de detener oí ladrón del vehículo joven totalmente ajeno a los graves sucesos que reseñamos poro

empeñado en huir a los requerimientos policiales. Por su parte, a los pocos minutos dé sucedido e!

atentado, a la Guardia Civil del puesto de Villaverde, la Policía rodeó una caso, abandonada situada al

borde de la carretera que conduce de Legones a Getafe, en la que se su ponía se habían refugiado varios

miembros del comando terrorista. Tras disparar o través de las ventanas del edificio varios botes de humo

irritante, la Policía entró en el mismo, sin encontrar a nadie escondido en él, aunque si —según nuestros

informes— se localizaron, al parecer, algunos pasadizos horadados en el subsuelo del edificio, por los que

muy bien podían haber escapado campo a través los perseguidos.

Capilla ardiente en el «Gómez Ulla»

Una vez efectuados las correspondientes autopsias de los cadáveres, se produjo el traslado al hospital

militar «Gómez Ulla» del guardia civil don José María Lozano Saínz, desde la Ciudad Sanitario «Primero

de Octubre», siendo depositado ¡unto a los de las otras dos víctimas en unas salas velatorias del centro

hospitalario, a las que tan sólo tenían acceso las familias de las víctimas. Consultados los medios oficiales

correspondientes, se nos informó que las capillas ardientes serían instalados a primera hora de la mañano

de hoy en el mismo hospital «Gómez Ulla», una vez que el juez correspondiente hiciera entrega de tos

cadáveres, y que en principio, los entierros tendrían lugar mediada lo mañana, tras la celebración «in situ»

de una misa «corpore in sepulto», o la que tenían previsto asistir nuestras primeras autoridades civiles y

militares.

Tras lo cual, alguno de los cuerpos serían trasladados por carretera a su tierra natal, mientras los restantes

recibirían cristiana sepultura en un camposanto madrileño.

Especulaciones en torno a los asesinatos

Se discute y se especula sobre el tipo de armamento empleado, tanto en el múltiple crimen de la calle de

Atocha, como en los cometidos en el curso de la luctuosa mañana de ayer.

No hemos podido confirmar, aunque si se nos da como probable que en el número 35 de Atocha los

asesinos utilizaban la célebre «Marietta» o metralleta «380 AGP», de nueve milímetros, «parabellum»,

más conocida en el ambiente de tráfico de armas corno la «M-10», arma mortífera de necesidad a corta

distancia, por su poder de fuego —900 disparos ai minuto—, una de cuyas partidas fue comprada y

utilizada por ETA cuando los norteamericanos, la CIA más concretamente, la desecharon por el dominio

y la práctica que la rapidez y Fas características de este tipo de armamento exigía a los hombres llamados

a utilizarla. En el caso de ETA, fue frecuente el que, pese a fas facilidades que la «M-10» ofrecía su

ocultación en el cuerpo, etc., los militantes otarras preferían recurrir al uso de otros tipos de metralleta,

que requerían menos especialización en el manejo en los momentos críticos,

U casi totalidad de las «M-10» que los norteamericanos exportaron a Europa, a través de los traficantes

belgas y holandeses e incluso de los alemanes asentados en Zurich, fueron adquiridas por diversas ramas

de la IV Internacional, mediante fondos proporcionados por la KGB, a través de sus agencias de Tirana y

Trípoli. Viene esto a cuento, porque, en fuentes dignas de crédito, parece tomar cuerpo la Idea de que, tras

el asesinato de los abogados laboralistas de CC. OO., así como los de los jóvenes estudiantes muertos en

las calles de Barquillo y Silva, pudiera estar la tristemente célebre KGB, buscando un nuevo y duro

enfrenta-miento entre españoles que hiciera imposible la vía democrática que, según toda previsión, nos

permitirá en breve la incorporación de nuestro país a la OTAN. El hecho de que en el ataque sufrido en Ja

mañana de ayer por los dos policías armadas, en la calle Padre Piquer, se perpetrara con pistola de nueve

milímetros, largo, «parabellum», tal como aparece probado por los caequillos de las balas disparadas en el

lugar de los hechos, no quiere decir que este comando no esté relacionado con el que cometiera el

múltiple crimen de la calle de Atocha, ni sea el mismo que, horas más tarde, asesinase ayer a un guardia

civil e hiriese gravemente a otros tres, en la carretera de Andalucía, utilizando metralletas que disparaban,

asimismo, de nueve milímetros, largo, «parabellum».

La bomba de mano arrojada contra el coche de la Benemérita, del tipo «PO-3», así como las pistolas, muy

bien podían proceder del robo perpetrado hace meses en el Parque de la Maestranza de Artillería de

Barcelona por Donoso Pacheco, miembro del GRAPO. prófugo de la milicia, hoy en libertad.

Recordemos, asimismo, que parte de estas armas y de las bombas de mano robadas en Barcelona, con su

munición correspondiente, fueron localizadas por la Policía y la Guardia Civil enterradas en un

descampado de las proximidades de la localidad de Robledo de Chávela, tras una de las primeras

desarticulaciones sufridas por eI GRAPO cuando apenas

acababa de hacer su triste aparición, el 1 de octubre de 1975.

¿Quién está detrás del GRAPO?

¿Quién está detrás del GRAPO? De esta organización autora de los secuestros del señor De Oriol y del

teniente general Villaescusa y casi seguros autores de las últimas muertes que estamos lamentando. Hay

varias versiones. Unas afirman que la CÍA; otras, que ese Orden Nuevo de marchamo fascista, y otras, las

que parecen más arraigadas, señalan a la célebre KGB soviética. En esta última versión se nos señalaría

como enlace de la misma y, por tanto, cabeza rectora del GRAPO y sus organizaciones afines a Francisco

Romero Marín, más conocido en el ámbito del comunismo «subterráneo» por «E! General» o «El

Tanque». Español de nacimiento y militante comunista en sus años jóvenes, este individuo, auténtico

cerebro privilegiado, alcanzó gran prestigio en las filas republicanas en las batallas blindadas de las

llanuras al-carreñas. Finalizada nuestra contienda civil, derrotado, el brillante oficial tanquista español se

trasladó a Moscú, donde sirvió varios cursos especiales en las academias moscovitas. Al término de la

segunda guerra mundial, «El Tanque» había conseguido, por su pericia y bravura en el combate, el grado

de general del Ejército soviético. En 1950, Francisco Romero Marín recibió el encargo directo de la KGB

de trasladarse a España. Con dinero en abundancia, su gran preparación y su valor personal, que nadie

puede negar, «El General» se mantuvo oculto en Madrid, Barcelona y en otros varios puntos de la

geografía nacional, como Granada y El Ferrol, hasta e! año 1974. en que cayó, por pura casualidad en

manos de la Policía española, que tardó bastantes horas en averiguar la auténtica personalidad de este

prohombre de la KGB.

Puesto en libertad hace pocos meses, en virtud del indulto rea!, los partidarios de adjudicar a la KGB la

paternidad de todo lo que está sucediendo estos días en España se apoyan en la maniobrabilidad

indiscutible de este hombre y su capacidad organizativa, así como en su evidente desaparición del

«mundanal ruido» en el momento en que las metralletas empiezan a tronar, dificultando el pacífico

entendimiento entre los españoles.

Alfredo SEMPRUN

Se especula con que las armas utilizadas en el asalto al despacho laboralista de Atocha y las de los

atentados de ayer sean de la misma procedencia

 

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