Autor: Apostua, Luis. 
   Arrastrados     
 
 Ya.    23/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

JORNADA ESPAÑOLA

ARRASTRADOS

CREO que todos hubiésemos deseado que el primer "Aberri Eguna" celebrado en la más completa

legalidad hublew sido un gran éxilo para el Partido Nacionalista Vasco. ¿Ha sido así? Nos tememos que

tal vez sólo haya conseguido el éxito sentimental, pero no el político. La gran manifestación —

afortunadamente con orden físico—constituyó un desorden político e ideológico cuyas característica»

más preocupantes fueron las siguientes:

— La autonomía no agrada A lo» manifestantes, oue en la propia pancarta oficial insertan la frase

"Autodeterminación en la Constitución". Igualmente, en el comunicado final (compartido por todos los

presentes) se exige el reconocimiento de "la soberanía" y el derecho al "autogobierno que posibilite su

autodeterminación". Ambas cosas—autodeterminación y soberanía—son en castellano expresiones

totalmente incompatibles con la menor sombra de Estado Único o unido.

— Ia participación de los partidos de la su pe r izquierda vas. ra (los arbetzales) supuso una clara

inyección de apoyo ideológico y político a la ETA, con gritos como "ETA seguirá acción armada",

"ETA, Lemóniz, más goma-dos", "Fuerzas represivas, ejecución" y manifestaciones paralelas o

sectoriales como la que en Pam.plona se dirigió a la cárcel exigiendo la libertad de los presos.

— Ausencia tutal del menor referente a cualquier concepto de unidad superior del Estado español como

un todo comprensivo de las diversidades regionales o nacionales.

ALGUNOS observadores tenemos también la Impresión que el mismo papelón de comparsería ha sido

desempeñado por el ljartido Socialista Obrero Español, cuyo senador Rubial es hoy presidente del

Consejo General Vasco y que en función de tal ha figurad» al frente de la manifestación. Su presencia y

su presidencia introduce uno de los factores más perturbadores en el escenario político, porque ya se

pierde, de vista cualquier hipótesis razonable sobre los propósitos nacionales de su partido. También

estaba en la presidencia la representación del PC-Euzkadi; no nos imaginábamos que el eurncomunismo

pasase por Madrid para favorecer la independización del País Vasco.

Tal vez, todas estas cosas sean muy explicables en el clima local, con la exigencia electoralista que toda

democracia lleva consigo; pero es muy difícil explicarlo al sur de Ja frontera. Lo que resulta humillante es

que los grandes partidos nacionales de la izquierda española se comprometan cu una operación

clarisimamente separatista.

Luís APOSTUA

 

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