Autor: Ramírez, Pedro J.. 
   Nada ha cambiado, todo es diferente     
 
 ABC.    10/12/1978.  Página: 6-7. Páginas: 2. Párrafos: 27. 

Fuente: ABC MADRID Fecha: 10-12-1978 Pagina 18

ABC. D O M IN G O, ´I* DE DICIEMBRE DE 197S. PAG. í

Nada ha cambiado, todo es diferente

Finales de 1965. Elecciones presidenciales en Francia.

¿Se presentar* o no se presentará el general De Gaulle? La primera vuella debe

celebrarse el 5 de diciembre. El 27 de octubre, al término del Consejo de Ministros,

E1 titular de Información, M. Peyrefitte, anuncia que el presidente se dirigirá a los franceses a través de

la televisión el 4 de noviembre. Los periodistas le acosan a preguntas en tomo a las Intenciones; del

«salvador de la Patria», Peyrefitte termina encogiéndose de hombros:

«Nosotros, los ministros, estamos ian intrigados como ustedes.»

La escena se repite una semana después, cuando e! 3 de noviembre vuelve a reunirse 9\ Gabinete. «AI

finalizar la reunión —explica Peyrefitte a los informadores—, el general De Gaulle ha repetido que

mañana se dirigirá • la nación y que los ministros forman parle de la misma.» Ni siquiera ei primer

ministro Pompidou conocerá el veredicto hasta el mediodía del día 4, pocas horas antes de fa •locución.

Por la noche toda Francia está pendiente del televisor. Da Gaulle anuncia su propósito de presentarse a las

elecciones, mediante un parlamento de ocho minutos cuya filosofía quedará resumida por la Prensa de la

siguiente manera: «O yo o el caos.»

La misma tarde del referéndum, cuando las primeras cifras sugerían ya un índice de abstención superior a

lo esperado, un miembro del Gobierno solicitó del presidente Suárez que no prolongara más de lo

técnicamente imprescindible la incertidumbre del país en torno a la alternativa investidura-elecciones

generales. Tras escuchar su planteamiento, el presidente vino a responderle de este modo: «Anunciaré mi

decisión el primer día en que me encuentre en condiciones de hacerlo.» Ni Torcuato Fernandez-Miranda

podía haber contestado mejor. Si Suárez hiciera caso a su interlocutor, la incógnita podria despejarse

antes de Nochebuena. Pero si hubiera que apostar, y después de escuchar a algunos de los componentes

de! reducido circulo íntimo de la Moncloa, yo pondría, sin embargo, mí dinero sobre la semana

Inmediatamente posterior a Reyes.

Lo de Charles de Gaulle venía de antiguo. Ya en 1932 en su libro «Le fil de l´épée» incluye una frase que

resume mejor que ninguna otra su teoria del Poder y que, de hecho, le servirá de divisa a lo largo de toda

su vida pública: «La autoridad requiere del prestigio y el prestigio requiere de la distancia.» En el mismo

capítulo añade: «El prestigio no puede prescindir del misterío porque te reverencia poco lo que se conoce

demasiado bien, y no hay gran hombre para sus sirvientes... En consecuencia, es necesario que en los

proyectos, los modales, los movimientos del espíritu, quede un elemento que los otros no puedan captar y

que los intrigue, los conmueva y los mantenga en suspenso... Un sistema de no sincerarse, una actitud de

guardar para sí alguna sorpresa secreta que en cualquier momento puede intervenir.»

«La Única persona que conoce lo que hará el presidente del Gobierno es el propio presidente del

Gobierno», explicaba la nota verbal de la Secretaría de Estado para la Información publicada el domingo

pasado en ABC «Es conocido el cuidado que poma Napoleón en mostrarse siempre en condiciones tales

que conmovieran los espíritus», acribe De Gaulle en su libro.

fj PARTE DE GUERRA PARA EL DÍA 1.111

Georges Moustakl suele incluir en sus recitales un bello poema que él mismo ha escrito y musicado,

cuyos dos primeros versos me parecen !a mejor descripción de las características de la situación en .la que

hoy se encuentra España. «Bien n´a change, »t pourtanl tour est different; Hen n´est parell et pourtant tout

est comme avant», explica el cantautor griego. Algo muy parecido dijo el presidenta Suárez en su

intervención televisada del lunes, y ésa era desde Juego üna.de las tesis capitales del artículo de Luís

María Ansón que llenaba la tercera página de la edición en color lanzada por este periódico a! día

siguiente del referéndum.

Portada de una >de las adiciones qua oí pasado jueves publicó ABC. con motivo de la celebración

del referéndum constitucional

«En el día de hoy —comenzaba el presidente de la agencia Efe—, conocidos los resultados de las urnas

libres, maduro y expectante el pueblo español, la transición ha terminado.»

No es que España se acostara el miércoles autoritaria, para levantarse el jueves libre y democrática. Ganar

la libertad cuesta Incluso más que ganar una guerra. Si nuestra contienda civil se comió a dentelladas

novecientos ochenta y seis días de nuestra historia, la transición ha precisado de mil ciento once.

Felizmente, una y otra etapa tienen su comienzo y su fina!. Si los ultras más radicales siguen repitiendo

esporádica, esperpénticamente, que la guerra no ha terminado, los comunistas han anunciado ya que para

ellos la transición no concluye con el referéndum constitucional y que la consolidación de la democracia

precisa ahora —¿cómo no topar con esta monocorde cantilena?— de un Gobierno de concentración que

asegure !a pervivencla del consenso. Bueno será que quienes verdaderamente amamos el pluralismo nos

apresuremos a levantar una tupida valla en torro a esos cuatro «unos», altos como postes, y le clavemos

encima, como ha hecho Ansón, un último parte militar.

Q EL DIEZ POR CIENTO DE LO «IMPOSIBLE»

Hace unos meses se me invitó a comentar en un programa de televisión aquella frase pronunciada por el

presidente Suárez en la que aseguraba que «hemos hecho todo lo posible y «t 80 por 100 de lo

Imposible*. Lo qua dije entonces, y repito ahora, ee que esa 10 por 100 de lo «Imposible» que resta por

hacer condiciona e! balance de todo lo damas. Por muy polémicos que resultaran en su momento, todos

los gestos y decisiones de !a transición quedarán justificados s* a partir da ahora la democracia española

funciona. Todo habrá resultado baldío y la operación quedará descalificada en su conjunto, si el país

continúa deslizándose, en cambio, lenta pero inexorablemente, hacia situaciones insostenibles.

.

Las cosas no van bien. Eso es indiscutible. Y no hace falta apoyarse en datos objetivo* sobre la escatada

terrorista, el desánimo inversor, el número de parados, las cifras de asistencia a los actos de la

ultraderecha o la preocupante abstención en ef referendum. H hombre de la caite tiene la impresión de

que

Fuente: ABC MADRID Fecha: 10-12-1978 Pàgina 19

ABC. DOMINGO, 10 DE DICIEMBRE DE 1978. PAG. 7

í Crónica - semanal

-

Fernández Ordóñez está decidido a abandonar el Gabinete en el caso de que el presidente opte por

mantener el actual equilibrio inestable a través de la investidura las cosas no van bien y eso es lo que

cuenta. ´

Mientras el país esté atenazado por el pe-simismo y la desconfianza será imposible levantar de verdad ese

«edificio nuevo» del que { hablara e! presidente Suárez en una afortunada intervención ante el

Parlamento. Es urgente dotar a nuestra Patria de un proyecto político capaz de ilusionar a los ciudadanos

y de generar ese verdadero consenso nacional que nace del convencimiento y de la esperanza más que del

pacto y del término medio.

En mi opinión está muy claro que para ello es Imprescindible introducir algún elemento corrector, algún

elemento nuevo, en el «statu quo» político. Que nadie piense que por el mero hecho de que tengamos

Constitución las cosas van a arreglarse por si solas. Es posible que se produzca una desaceleración del

ritmo de atentados, pero la Infraestructura del terror seguirá estando ahí, dispuesta a continuar minando

gradualmente los fundamentos del Estado, Podrá suscitarse una ligera brisa de confianza que traiga

consigo algunas inversiones, pero nuestra economía permanecerá postrada en tanto no se despeje de

forma positiva el confuso horizonte general,

Q EL FINAL DE UN CAPITULO, EL COMIENZO DE OTRO

Seguir como hasta ahora sería Ir da mal en peor. Esta premisa me parece irrebatible. O actual equilibrio

político —y no me refiero sólo al equilibrio de los números, hablo también del equilibrio de las

actitudes— y, sobre todo, la actual manera de gobernar tenían sentido en función de fas necesidades dei

tránsito. De forma deliberada, y en cierto modo comprensible, el Gobierno de U. C. D. ha renunciado por

sistema a presentar soluciones píopias, necesariamente controvertidas, que hicieran peligrar el pacto

socioeconómico, primero, y el pacto constitucional, después.

El precio ha sido alto, pero habrá merecido la pena pagarlo si e! engranaje de la democracia ha quedado

suficientemente engrasado. La promulgación de la Constitución debe suponer, en cualquier caso, el final

de un capítulo y el comienzo de otro. Porque nada ha cambiado, pero todo es diferente. A pesar de que

Carrillo y sus adláteres se empecinen en repetir Incansable y monolíticamente ese significativo

argumento, tan de moda durante e! régimen anterior, de que el país aún no está preparado para emprender

libremente el vuelo, es obvio que la democracia sólo se aprende practicándola y es obvio que ya hemos

esperado bastante.

La más elemental de las reglas del pluralismo político es la que dispone la alternancia en el Poder de las

distintas opciones políticas en función de los resultados electorales. Y me refiero a opciones diferenciadas

y en buena medida excluyentes. La reversibilidad de toda relación entra mayorías y minorías garantiza

que esa senda no desembocará en ningún caso en la quiebra del Estado y coloca a los gobernantes ante el

derecho y la obligación de Intentar solucionar los problemas a partir de sus propias Ideas y aun corriendo

el riesgo da equivocarse.

Necesitamos poder contar cuanto antes con un Gobierno que gobierne con un programa propio y con el

sustento de te qua el presidente ha llamado una mayoría parlamentarla «suficiente». Ese debe ´ser el gran

elemento corrector a Introducir en la situación política y ése debe ser el objetivo fundamental que debe

estar en la menta de Adolfo Suárez a la hora de optar por la Investidura o las elecciones generales. Una y

otra alternativa carecen de bondad o maldad intrínseca. De lo qué se irata es de descubrir cuál de las dos

vías desembocará mejor en el efecto deseado. .

D FERNANDEZ ORDONEZ, CONTRA LA «TEORÍA OCEÁNICA DEL CENTRO»

Todos los observadores parecen coincidir en que los resultados del referéndum descartan las elecciones

generales a corto plazo. No conocen al presidente. Algunos alegan incluso ´que la mejor prueba de ello es

el hecho de que Femando Abril se haya manifestado ya públicamente en favor de la investidura. No

conocen a Femando Abril. La excepción a la regla la constituye uno de los mejores analistas políticos del

pafs que, por razones sin duda coyunturales —al menos eso esperamos los del gremio—, no ejerce en

estos momentos como tal. En su opinión, las líneas maestras de la decisión quedaron ya firmemente

trazadas en la mente del presidente durante sus días da reposo veraniego en alta mar.

Complementariamente, me permitiría remitir, a quienes tengan paciencia o memoria suficiente, al título

de la crónica publicada en estas mismas páginas el domingo 27 de agosto.

Por otra parte, el sector que dentro del Gobierno es partidario de las elecciones generales tal vez haya

quedado algo mermado en efectivos tras el referéndum, pero ha ganado desde luego muchos enteros en

firmeza. El principal paladín de esa alternativa es el ministro de Hacienda, Francisco Fernández Ordóñez,

cuyo análisis le lleva a considerar los nuevos comicios como algo quizá poco .deseable, pero

absolutamente Imprescindible. Tanto es así que está firmemente decidido —es posible que incluso se lo

haya comunicado ya al presídante— a abandonar el Gabinete en eI caso de que se pretenda prolongar el

actual equilibrio Inestable, mediante una investidura sin más apoyo que el de la Minoría Catalana y unos

cuantas diputados desperdigados en diversos grupos parlamentarios.

Fernández Ordóñez piensa que sólo a través de unas nuevas elecciones podrá llegarse a un Gobierno con

mayoría absoluta en e! Congreso y posibilidad de actuar con esa «autoridad» y esa «energía» —once

veces repetidas por Ansón en su artículo, once veces más deberían reclamarse cada día— que la gravedad

del momento requiere. El ministro de Hacienda reconoce que, teniendo en cuenta los condicionantes del

sistema electoral, ese Gobierno tendrfa que ser de coalición y admite que el apoyo más lógico de U. C. D.

debería ser la llamada «derecha progresista» en el caso de que obtenga una representación parlamentaria

suficiente. A este respecto, Fernández Ordóñez viene siguiendo con especial atención tos últimos

movimientos políticos de Alfonso Osorlo y José María de Areilza.

Tal conclusión puede parece extraña en.el ánimo del líder de ,la tendencia que ocupa el flanco Izquierdo

de U. C. D. La gran obsesión de Fernández Ordóñez es, sin embargo, la de proporcionar al plataforma

estable de Gobierno y ello le hace ser consciente —frente a lo que él llama la «teoria oceánica del

centro», sustentada por algunos de sus comparteros da partido— da que tal objetivo no puede conseguirse

sino mediante la adición de varios sumandos. SI bien sus planteamientos autonómicos quedan fuera de

toda cuestión, el ministro de Hacienda consideraría Inoportuna cualquier alianza con las minorías catalana

y vasca durante el período de elaboración de sus respectivos estatutos.

Aun pasando a veces por hombre dubitativo e inseguro, Fernández Ordóñez —tal vez e! personaje con

més ascendiente .dentro de U. C. D. después da Suárez— parece dispuesto en esta ocasión a llevar su

postura hasta el fina!. En el caso de que el presidente opte de forma contraria a lo que él considera que

son las necesidades de la actual encrucijada, está considerando ya diversas alternativas. Entre otras

posibilidades, Fernández Ordóñez baraja la de abrir un paréntesis en su carrera política, la de continuar

trabajando en el seno de U. C. D. sin responsabilidades directas y, más remotamente, la de poner en

marcha un partido soclaldemócrata, capaz da gobernar tanto con el centro como con lo* socialistas.—

Pedro J. RAMÍREZ,

 

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