Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   La partida de ping-pong     
 
 ABC.    22/10/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La partida de ping-pong

SACA, güisqui, cheli, para el personal, porque hoy habrá, cliso yo, discurso del presidente, que ya verán

ustedes con qué gracia se pone en el centro del centro de todos los partidos del Centro, en medio mismo

del redondel del emblema, acercándose con la mano derecha a los del semicírculo verde y con la mano

izquierda a los del semicírculo naranja, como diciéndoles que a todos los tiene creados diputados,

senadores, ministros, subsecretarios, directores generales «in pectore», y que, si sucede la desgracia de

que se acaben los cargos, siempre se puede uno inventar una secretaría de Estado o una asesoría personal.

Foco al centro, y a mirar todos al mismo punto, que ya estamos llegando al nirvana de la meditación

hindú después de haber recorrido los siete círculos concéntricos. Hasta ahora, los compromisarios del

Congreso de U. C. D. estaban girando la cabeza de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, como los

espectadores de una partida de pingpong, coloca por la derecha José Luis Alvarez, devuelve hacia la

izquierda Rafael AriasSalgado, se revuelve FernándezOrdóñez, que ahora dice que él fue de los que se

abstuvo en el referéndum de la Reforma Política, que también tuvo ganas de hacer el ridículo, porque al

final votaron que sí hasta los de la O. R. T. y aquellos otros de ese señor vestido de negro, con cara de

Lázaro resucitado, que se llama don Xazario, bueno, ya saben, ese que puso una escena de horror en la

película televisada de la propaganda electoral.

¡Ya viene el cortejo! Ya llegan los cruzados. La democracia cristiana ataca. Tengo dicho por ahí, en algún

sitio y en algún tiempo, que al final sería la democracia cristiana quien se lleve este gato al agua. No es

que quiera presumir de profeta, que eso lo debí de leer yo en Nostradamus, en la madre Rafols, en el

mago de Ñapóles, en el futurólogo Lafuente. Se veía venir, por otra parte, que la sucesora natural de los

Gobiernos de Franco sería la democracia cristiana, después de un rato de populismo o de

«qualunquismo». Italia, mí .ventura, y, a veces, en política, nuestro espejo. Aunque aquí no tenemos el

Vaticano para que ate la mayonesa cuando se nos corta, llega un monseñor y le da un recado sin

apelación, como aquel que monseñor Dell´Acqua le dio a Amintore Fanfani para que retirara su

candidatura a la presidencia de la República. «Pero, ¿sin apelación?, "caro monsignore"?.» «Quien me

envía sólo tiene apelación en el reino de los cielos, "carissimo" Amintore.» Y vuelta al redil. Aquí, si no

te bendice la candidatura monseñor Tarancón, te la bendice don Marcelo, el cardenal Jubany o monseñor

Guerra Campos. Y además ahora nos va a visitar con frecuencia monseñor Lefebvre para un caso de

necesidad.

Líbreme Dios, aunque no lo hayan metido en la Constitución, de falta de respeto y reverencia a la

Jerarquía. Es una manera de exagerar. Pero el caso es que, con Vaticano o sin Vaticano, aquí, ya lo verán,

la democracia cristiana va a jugar cada vez más fuerte. La lucha política en los países latinos toma en

seguida la forma redonda del circo romano, sueltan a los leones, y no cabe duda que los cristianos más

incomestibles son los cristianodemócratas. Don Fernando

MartínSánchez Julia, aquella cabeza pensante y parlante de democrisíiano fino e inteligente, me contó

una vez el cuento de los cristianos echados a la arena del circo y que permanecían ¡lesos ante las fauces

de los animales cada vez más feroces y hambrientos que les iban echando, «Ya te decía yo, César -

explicaba un centurión- que éstos no eran cristianos corrientes, sino cristianos demócratas.» Y si no, ahí

tienen ustedes el discurso -el mitin, que dicen algunos, y el panfleto, que dicen oíros- de don José Luis

Alvarez, que parecía que sólo era capaz de sonreír detrás de sus gafas de primero en el escalafón de los

notarios serafines. Bien es verdad que, mientras José Luis Alvarez hablaba de que en lo de traer la

democracia, nada de «platajuntas», don Joaquín RuizGiménez se salió de la sala, pero ya volverá, y si no

vuelve, ya le buscarán un sustituto de la secretaría de Estado, o un provicario con. derecho a sucesión.

Mientras el Congreso de U. C. D, llena de «economía de mercado», mitad libre y mitad social, de entrada

en la O.T.A.N., de reformismo y de progresismo y de esas tensiones que dice don Adolfo Suárez que

evitan el aburrimiento, cheli, del personal, el Parlamento languidece como si estuviese entonando el canto

del cisne antes de la resurrección prevista para después del referéndum de la Constitución, La verdad es

que, hasta ahora, el Parlamento no ha sido escenario de grandes batallas políticas y el Gobierno, a pesar

de la mayoría precaña, lo tiene como domesticado. Lo normal es que el banco azul esté desierto, o con

algún solitario ministro en forma de oasis. Se habla de la extrema derecha extrapartamentaria y de la

extrema izquierda extraparlamentaria. De lo que no se habla mucho es del Gobierno exíraparlamentario.

Ya se hablará, que de eso tenemos que hablar un día, pero esa es otra historia.

De momento, los cronistas del Parlamento tenemos que conformamos con saber que la Constitución

Mixta para la Constitución sigue cosiendo ios artículos que descosió el Senado, en silencio y a puerta

cerrada, que esa manía de las puertas cerradas es también una herencia del franquismo que algún día

habrá que desmontar. «Esto es peor que el franquismo», dicen que ha dicho el señor Ortegra

DíazAmbrona, porque no le han aceptado sus enmiendas en el Congreso de la U. C. D. Me gustaría saber

qué opina de todo esto mi admirado Pío Cabanillas, experto en francología, primer autonomista solidario

en pleno régimen de Franco, o sea, cuando aquella fotografía de gallego con barretina, inventor del

Partido Popular y el ángel con espada de Suárez que echó a Areilza del paraíso del Centro. Pero dice un

amigo mío que Pío Cabanillas está en su puzo de Galicia, leyendo suavemente a Rosalía, y que aquí, en el

Ministerio de Cultura, en la pomada del partido o en el México lindo, hay un doble suyo, como esos que

utilizan los directores de cine cuando John Wayne tiene que caerse del caballo.

Tendremos que conformarnos con los duelos parlamentarios de don Rodolfo Martín Villa, que es el

pimpampum que tiene el Gobierno para que le conteste a Letamendía, para que le implique a Fraga y para

los «monos» de Manolo Summer.-Jaime CAMPMANY.

 

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