Autor: ;Catalán, Gustavo. 
 Ceuta y Melilla, paso a paso (III); Ante las continuas amenazas de Marruecos. 
 Pescadores españoles: Naúfragos entre dos aguas     
 
 Diario 16.    29/08/1979.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 34. 

Ceuta y Melilla, paso a paso III

Si las declaraciones de Hassan II preocupan a toda la población de Ceuta y Melilla. A un sector de ésta, a los pescadores, les hacen temblar. «Somos —dicen— como náufragos entre dos aguas.» Los últimos incidentes en el puerto de Melilla, donde una lancha patrullera marroquí apresó a un pesquero español, les tuvo amarrados a puerto más de cuatro meses. Ahora, con licencias provisionales han vuelto a la mar, «pero el miedo no nos lo quita nadie», aseguran.

Frente a esto, una flota pesquera que disminuye cada día «y una profesión que en estas dos ciudades terminará por desaparecer. Mientras que en Melilla el enemigo lo tienen en la frontera, en Ceuta, la Cofradía de Pescadores asegura tenerlo también en casa: una empresa de Sevilla cobra el noventa por cien de las capturas en aguas de Ceuta. La población consume pescado marroquí comprado en la calle, a pesar de los riesgos de infección, por ser más barato. Los pescadores sentencian: «Por tierra no sabemos, pero el mar es suyo.»

Ante las continuas amenazas de Marruecos

Pescadores españoles: Náufragos entre dos aguas

Enviados especiales:

Jesús Martínez y Gustavo Catalán

«En Melilla eramos más de ochocientos pescadores y ya no quedamos más de cuarenta o cincuenta», afirma Miguel Paredes Ruiz, patrono de embarcación y con treinta y cuatro años en el oficio. «De cincuenta barcos españoles —continúa— quedan así mismo doce, y es que con el miedo, los apresamientos y la lancha merodeando no se puede trabajar.»

Parados sin faenar desde finales del pasado mes de febrero «hasta hace unos días», la situación apenas varía ea e/ puerto de Ceuta. «Los pescádores españoles iiarvos ide pasar´ ´tiamorc y necesidades con el agravante del miedo, los que pueden se marchan y el resto se dedica a otra cosa.

De trescientos sesenta pescadores que faenan en el puerto de Ceuta habitual-mente, ciento sesenta son españoles, y doscientos marroquíes», afirma Martín Martín, presidente de la Cofradía de Pescadores de la ciudad.

«Si esta proporción se mantiene en el aumento de los últimos años —continúa-, por nuestra parte sobran todo tipo de planteamientos políticos. Ceuta será servida a Marruecos en bandeja, al menos por el mar.»

Farnando con licencias provisionales, tras el incidente del apresamiento de un barco de Melilla por guardacostas marroquíes, «esto —aseguran— no nos ha quitado el miedo. Cuando el rey Hassan II abre la boca ya estamos todo temblando. La verdad es que somos náufragos entre dos aguas».

Ahogados

Para los pescadores de Melilla, «la situación de inseguridad ño es nueva, sino que se remonta hasta hace veinte años. Lo que ocurre es que en vez de mejorar empeora. No conocemos lo que es desarrollar nuestro trabajo con garantías. Una espada está pendiente de nuestras cabezas».

Cercados por el puerto marroquí, Beni-Enzar, «que a seiscientos metros de tierra española ahoga la salida del puerto de Melilla el mar, sin que las autoridades hayan hecho nada por evitarlo a pesar de que estamos seguros, está en aguas españolas —continúa Manuel Paredes

Con sólo abandonar nuestro refugio, para las autoridades marroquíes estamos en sus aguas y si quieren nos llevan presos. El último incidente se pro nuestro puerto. Llegó la lancha y apresó a uno de los nuestrps, mientras que la gente desde tierra observaba todo el desarrollo de la operación».

Las licencias, a setenta mil pesetas por barco, han hecho que pescadores meli-llenses y ceutíes salgan de nuevo a la mar. «Por las costas de Ceuta los .patrulleros marroquíes no llegan, pero en Melilla cuando tenemos noticias de que la lancha está merodeando por aquí, mejor permanecer tierra adentro», puntualizan.

Los marroquíes, como en su casa

Mientras que para los faeneros españoles todo son miedos y dificultades, diariamente son más de sesenta o setenta los barcos marroquíes que atracan en nuestro puerto, en Melilla, como si estuvieran en su casa, y nadie les pone pegas. Ni siquiera la Junta del Puerto les cobra canon por esta actividad. «Debe ser —se lamentan— por no irritarles.»

Las faenas de arrastre corren a cargo de los pescadores españoles, mientras que laattepeTco (sardina y

marroquí. «El pescado que se consume en Ceuta y Mélilla —comentan con ironía—, si entráramos en discusiones religiosas, es musulmán.»

«La lonja está llena dé este pescado, que, además, al venderlo en nuestras ciudades permite subsistir a las poblaciones vecinas de Marruecos.»

A raíz de los últimos incidentes, cuando el pescado marroquí fue boicoteado, las autoridades de Nador, ante las protestas de la población musulmana, mediaron ante Rabat para darle una salida al problema.

Faenando un mes sí y otro no por «temor a tos apresamientos» y ante el continuo éxodo de los pescadores jóvenes fundamentalmente, la inedia de edad de los melillenses que hacen del mar su medio de

vida está cercana a los cincuenta años.

«Jóvenes no quedan más de seis ó siete, y es lógico. Si yo tuviera su edad haría lo mismo. Desde la independencia de Marruecos no conocemos la tranquilidad», afirma Paredes Ruiz, para rectificar acto seguido: « De Melilla que me voy a ir yo. Será coa los pies por delante

Entre el conformismo y el fatalismo, los pescadores de Melilla repiten hasta la saciedad: «Ponga usted que tenemos miedo y que somos la única ciudad costera que no tenemos "aguas" o al menos eso parece.

Cuando salimos del puerto, los marroquíes dicen que estamos en su territorio y todo el mundo se calla. Por tierra no se los que entrarán, ni lo que controlan.

Pero el mar es suyo», se quejan.

Los Carranza

Con problemas afines en cuanto a licencias de pesca para faenar en la costa marroquí, «y el miedo que, a pesar de estar en una situación legal, no nos lo quita nadie», los pescadores ceutíes han de hacer frente a otros enemigos esta vez llegados desde la Península hace cuarenta años.

«El noventa por ciento de la pesca que se coge en estas aguas está en manos de la empresa Carranza, de Sevilla, que, por el procedimiento de la almadraba, desde hace cuarenta años explota en exclusiva los recursos de pesca que corresponden a la ciudad», se queja Martín Carmona.

«Con estos recurosos cofltinúft.. y.tii «»%iimte. para que la ilota pesquera de Ceuta viviera. Nosotros ya no miramos la educación de nuestros hijos y todas esas cosas. Los pescadores de la ciudad, entre los moros y peninsulares, no podemos ni comer.»

Y cuenta el presidente de la Cofradía de Pescadores cómo, diariamente, cinco a seis familias acuden a su local para recoger las mil pesetas diarias y subsistir. «Y si otras no vienen —afirma— es por vergüenza.»

Competencia desleal

Sin caladeros ni barcos de gran tonelaje para poder faenar en otro sitio —«sólo cinco o seis barcos de los cincuenta y dos que componen la flota pueden curzar el estrecho para vender en Algeciras»—, la pesca capturada es obligatoriamente para el consumo interior.

«Y luego —prosigue Martín— vienen los marroquíes que lo venden por las calles y en el mal estado sin pasar por el puerto y la lonja. Además de la competencia desleal, ese pescado puede acarrear infecciones. La población no hace caso. Como es más barato...»

Con una media de cuarenta años, «pero las personas mayores también tienen derecho a vivir», y con el setenta y ´cinco por ciento del pescado que se consume vendido por los marroquíes, los que en su carnet de identidad conservan lo de profesión pescador, piensan seriamente en renovar e\ documento y cambiar de oficio,

«Ya, si apenas quedamos y los que seguimos trabajamos con el miedo como compañero de fatigas. Como si no fuera suficiente el enfrentarse al mar, para que ahora lo tengas que hacer con los moros.»

£1 miedo

Mendigando subvenciones, «ya le digo que para comer y no para otros lujos», la Cofradía de Pescadores de Ceuta está ahora a la greña, «pero en son pacífico», con la Dirección General de Pesca.

«A esta Dirección —continúa Martín Martín— es a quien corresponde otorgarnos a los pescadores de la localidad la explotación de la almadraba y que nuestra riqueza revierta aquí. Al ciudadano que tenga un comercio se le puede con-^é^^HT´iagtWra^JiigS. pero los pescadores vemos que el enemigo no siempre llega de fuera. A veces está en casa.»

Para un nadador mediocre, desde el espigón del puerto de Melilla, en escasas brazadas puede plantarse a la entrada del puerto marroquí. Los pescadores que, a pesar de no salir al mar no han faltado a su cita diaria con el horizonte desde el faro o la atalaya del ´puerto español, «Vemos cómo las obras las siguen construyendo y nos van cerrando nuestra salida».

«No entendemos de política —dicen— pero sabemos que la maniobra del puerto es para envolvernos. Los pesqueros marroquíes siguen atracando aquí, porque el marino sencillo sólo busca la seguridad. Su puerto es una obra en vano. No es un buen refugio.»

Cercana al mar, la barriada de los pescadores sabe mucho de los sinsabores del hambre y la fatiga. «¿Por qué será que en cualquier parte del país somos siempre los eternos marginados?», se pregunta en voz alta Paredes Ruiz.

«A lo mejor -continúa-es porque no podemos plantar los barcos como tractores en medio de la calle. Pero la gente se está cansando y eso es malo para todos», finaliza.

 

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