Don Fernando Marsillach, ex director general de Pesca. 
 "200 millas, nueva era de la pesca"     
 
 La Actualidad Española.     Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 54. 

Don Fernando Marsillach, ex director general de Pesca

"200 MILLAS, NUEVA ERA DE LA PESCA"

En política pesquera, siempre ha sido escuchada España.

£1 armador está hoy mucho más mentalizado, aunque aún no facilita fielmente las estadísticas de capturas por temor al fisco.

La Dirección General de Pesca tiene hoy el mismo personal y oficinas que tenía en 1952.

DURANTE seis años fue director general de Pesca. Antes ya habla tenido contactos con este mundo tan peculiar, sustituyendo en reuniones y actos al entonces titular de la Dirección, don Ignacio del Cuvillo. Cuando tomó posesión del cargo sabia el terreno que pisaba.

Lógicamente, no existían los problemas de hoy: escasez de materia prima, exceso de importaciones, alto costo del gas-oil, etc. Don Fernando Marsillach lo reconoce así:

—Creo que los problemas de antes siguen siendo los de ahora. Sólo que están más agudizados. Sobre todo porque la problemática internacional de las aguas económicas hasta las doscientos millas por parte de los países ribereños sólo estaba en ciernes. Aunque eran ya muchos los países que la tenían puesta en práctica, había la esperanza de que la Conferencia del Mar propuesta por las Naciones Unidas diera al traste con el proyecto.

Problema politizado

—Realmente —añade el señor Marsillach—, en la Conferencia se iban a tratar problemas complejos y genéricos que se derivaban de esta actitud de algunos países..., problemas que estaban ya muy politizados.

Suponían indudablemente las bases de una nueva era en el mundo de la pesca, por lo que se esperaba que podría haber freno a esas ambiciones y obtener algún beneficio práctico.

-¿Es irreversible ya la decisión de las doscientas millas?

—Hay que reconocer que es ya un hecho; no ya por cuanto lo han adoptado de forma unilateral una gran parte de países, cuanto porque dentro de la misma Conferencia existe la tendencia a reconocer los derechos económicos de aquellos países ribereños sobre doscientas millas, aunque jurisdiccional mente sean sólo doce.

—¿Qué otras diferencias marcaría usted de su etapa de director general a los tiempos actuales?

—Además del aumento lógico que han supuesto los pagos a «las tripulaciones, está de forma destacada el combustible, que ha influido considerablemente en los costos de extracción o capturas.

Reconocimiento mundial

—¿Cuál es nuestra posición frente a países ribereños?

—Sin lugar a dudas gozamos de más simpatías que un Rusia o un Japón. Lo que ocurre es que cuando surgieron los primeros problemas de aguas, nuestros armadores no estaban preparados para pescar en las que no fueran ubres. Como política pesquera, España siempre ha sido escuchada. Pertenecemos a todos los organismos internacio-,nales que controlan la pesca en las diversas áreas donde nuestros buques desarrollan su industria. Incluso la sede oficial de dos de ellos está en España. También hemos asumido la presidencia de otros, destacando el prestigio de nuestros científicos.

—Sin embargo, se ha comentado que en el reparto de cuotas o cupos de capturas no hemos salido muy favorecidos...

—El establecimiento de estos cupos ha sido debido a la escasez de materia prima y agotamiento de caladeros. Con arreglo a las capturas habidas desde diez o más años a esta parte, se ha distribuido una cantidad tope a cada país. En el área de Terranova hemos logrado un buen cupo, pero no así en el área de Noruega, debido también a que tampoco se han llevado adecuadamente las estadísticas a veces porque nuestros armadores no han dado cifras exactas por temor al fisco. Se han contabilizado bien los números de la pesca desembarcada, de lonja, pero no los de captura, ya que los capitanes de los arrastraros o patrones de las parejas no se han detenido en llevar un control estadístico de rigor.

—¿Nos quedaremos, entonces, con la corta cuota del Atlántico Norte?

—No creo. España ha presentado una documentación en el sentido de que las ochocientas mil toneladas que nos aludían refiriéndose al Cantábrico, son toneladas desembarcadas, correspondiendo doscientas mil a la zona de la NEAF. Parece ser que se ha tenido en cuenta, puesto que ningún país ha puesto el menor reparo.

-¿Y relativo a la zona de Boston?

—Precisamente en Edimburgo, en la reunión de la ICNAF, España tuvo un relativo éxito, ya que se consiguió por votación separar en los cupos la pota del calamar. Son especies subexplotadas, decíamos, y los dos tercios de la asamblea nos dieron la razón. Esto nos da esperanza de lograr un incremento en dichos cupos, si bien Norteamérica anuncia nueva documentación para la próxima reunión, dentro de unos días.

—¿Entonces puede decirse que no hay problemas por las cantidades asignadas?

—Realmente las capturas han disminuido casi en un cuarenta por ciento, y esto se deja sentir en la asignación de los cupos.

Hacía ¡a gran empresa

—¿Están nuestros armadores capacitados para atender y entender las nuevas normativas de cupos? ¿Están conformes? ¿Están todos enterados?

—La Dirección General de Pesca, el Sindicato y la Federación informan puntualmente de todo ello. Al abrirse el horizonte pesquero, a gran cantidad de armadores les ha cogido a contrapié el gran proceso de evolución habido. Felizmente, hoy están ya mucho más mentalizados, sin olvidar que tenemos ya empresas con un personal muy capacitado y que sienten estas inquietudes, hasta el punto de hacerles acudir a las reuniones internacionales para asesorar a Ja representación española. Se están constituyendo empresas en países ricos en caladeros y se tiende a la creación de empresas mixtas, para lo que se precisa un potencial que hoy, desde luego, no tienen la gran mayoría de nuestros empresarios, pero que puede lograrse con el cooperativismo o la agrupación.

—¿Faltan incentivos para esta creación de grandes empresas?

—Sí. Hoy, efectivamente, creo que faltan incentivos, que deberían partir de la Administración, tendentes a la concentración de empresas. A nuestros armadores les gusta más ser cabeza de ratón que no cola de león. En el tipo de pesca de altura, creo honradamente que serían todavía de más rigor. Debe desaparecer el barco-empresa, que de por sí no tiene fuerza alguna para negociar con países que adoptaron la zona económica aludida de las doscientas millas.

La lonja

—¿Qué estructuras comerciales o empresariales fallan para que el armador pueda conseguir una lógica rentabilidad a la enorme inversión que presupone una industria pesquera? ¿Por qué, precisamente, con el procedimiento de la subasta a la baja, en lonja, obtiene menos rentabilidad cuando tiene más pesca, que es cuando podría resarcirse en buena lógica de las malas mareas?

—El mercado de la pesca está sometido, como todo, a la ley universal de la oferta y la demanda. Se ha dado el caso paradójico de que cuando ha habido mayor escasez, el armador ha obtenido mayor rentabilidad.

"Entiendo —añade don Fernando Marsillach— que fallan algunas estructuras y que lo primero a revisar es el proceso de la venta en lonja con subasta a la baja. Podría muy bien hacerse lo que viene llevando a cabo la Comunidad Económica Europea: establecer precios orientativos mínimos. Si la cotización baja en demasía, existe una agrupación que se hace cargo de él y lo almacena, regulando de esta Forma los precios. Son teorías que también han tenido problemas, porque se requiere cambiar de mentalidad. Una mentalidad que data de siglos en sus costumbres.

—Ello obligaría a una extensa red frigorífica...

—Indudablemente se requiere una gran red comercial y frigorífica para mantener este frente. Llevaría consigo establecer unos fondos cuando el pescado está en alza para poder hacer frente a la época de baja.

Hoy esto puede representar aquí una tendencia, nunca una realidad vivida. Pero nos marca la pauta a seguir al cambiar las estructuras. Estas tienen que cambiar y hay que encarar el problema. Implica tanto a autoridades pesqueras como a iniciativa privada.

—En este punto, los armadores canarios han comentado cómo serla rentable una entente entre la Administración y ellos para mantener los precios del cefalópodo, mercado que está absolutamente dominado por los japoneses en todos los órdenes...

—No cabe duda —dice el ex director de Pesca— que el Estado, la Administración, podría establecer unos créditos para esta red de frigoríficos, con la garantía de la pignoración de la misma mercancía. Creo que ya va siendo el momento y que las cooperativas de pescadores formadas en algunos puertos requerirían de tan sólo un ligero estímulo para lanzarse a iniciar los caminos de la comercialización con estas premisas.

Reestructurar la administración

—En las condiciones actuales, la Dirección General de Pesca se halla atada de pies y manos para encarar la solución de los problemas. ¿Estima conveniente la creación de un Ministerio de Pesca?

—Que sea Ministerio, Subsecretaría o simple Dirección General es decisión a tomar por parte de los altos estamentos de la nación. Lo que es importante es que la Dirección General citada tiene hoy la misma radiografía que cuando apareció la Ley de Plantillas, que separó los Ministerios de Comercio e Industria en mil novecientos cincuenta y dos. Tiene en estos momentos los mismos funcionarios que entonces. No creo que lleguen a cuarenta, desde el propio director al ordenanza.

—¿Cómo podría estar mejor estructurada?

—Se requieren grandes secciones técnicas. Falta personal especializado en sus plantillas para los aspectos tecnológicos y económicos.

—¿En la rama de la biología también? ¿No depende de esta Dirección General el Instituto Oceanógrafico?

—Así es. Y además sé que cuenta con un personal científico capacitado; pero, sin embargo, no es suficiente. A mi modo de ver, se requieren personal técnico en extracción, buques, biología, filo industrial, etcétera. Hoy, urgente, es importante disponer de más personal capacitado/

"Siendo la estructura —añade— orgánico-administratíva vertical, pues del Ministerio de Comercio dependen todos los estamentos de la pesca desde que nace el pez hasta su comercialización, no cabe duda que hay algo en ella que falla. Y a ello no puede llegar la Dirección General, porque el pescado se le va de las manos al llegar a puerto.

—¿Le faltan entonces a la Dirección General bases para atajar los problemas, como, por ejemplo, las importaciones de choqué? ¿Está siempre al corriente de las entradas en el país de contingentes de pescado? ¿Se le hacen consultas al respecto? ¿Tiene voz y voto en esto?

—Teóricamente, si. En la práctica, desgraciadamente, no.

—¿Ni entonces ni ahora?

—Ni entonces ni ahora.

Crisis aguda

—¿Cree que las importaciones se llevan a cabo con el fin de equilibrar los precios o por cumplir con los convenios comerciales habidos con otros patees?

—Yo creo que muchas veces ha ocurrido, pero por causas ajenas a ambos conceptos. En mil novecientos sesenta y ocho, por ejemplo, tuvimos importaciones de bacalao procedente de Noruega, a pesar de la gran captura nacional habida, del orden de las trescientas cuarenta mil toneladas en vivo, que vienen a ser noventa y cinco mil en seco. Fue, quizá, de las mayores. Para paliar la situación se estableció el Derecho Regulador, que equilibraba en precios esta mercancía importada, mucho más barata que la nuestra, ya que los noruegos tienen el pez a pie de obra, digamos. Se discutió mucho e incluso se llegó a decir que el bacalao importado era mejor que el nuestro...

-¿Y no es así?

—En absoluto. Lo extraemos del mismo lugar y lo cubrimos con la misma sal. Las máquinas que tienen los noruegos para descabezar y desviscerar también las tenemos. Es posible que hace veinte años no fuera así; pero le puedo decir que ya en mil novecientos sesenta y ocho algunos vendían el bacalao nacional como si fuera extranjero.

—Actualmente, con los frigoríficos llenos, hubo importaciones, con la consecuente respuesta en prensa y medios sindicales. ¿Las hubo igualmente en mil novecientos sesenta y ocho?

—La crisis de hoy es muchq más aguda que la de entonces, que ya fue grave. Hoy es tan fuerte que pienso que muchas compañías no podrán sostenerse económicamente, hasta el punto de que el Gobierno habrá de tomar una determinación tajante. Se ha hecho algo, como establecer tasas compensatorias a la importación, que desde mil novecientos setenta y uno tenía entrada Ubre por ser género alimenticio. La actual Comisión consultiva formada por la Administración es de una gran utilidad práctica

al respecto y parece ser que los Sindicatos enfocan ahora muy bien el problema.

—En el caso del mejillón, que Italia se resiste a importar pero a cambio sí exportamos la chirla, vemos que fallan las estructuras de una buena red comercial. ¿Hace más daño la importación en general de pescado por el hecho de que nuestros´ armadores escasean o adolecen de operatividad agresiva comercial?

—La importación está justificada cuando el mercado nacional lo necesita; pero si analizamos especies y consumos, podemos asegurar que estamos abastecidos en toda la gama. Aparte le cito mi propia experiencia, que me ha demostrado que las importaciones no han hecho bajar un ápice la cesta de la compra.

Investigación pragmática

—¿Tiene acceso la empresa privada a los estudios y conclusiones de los biólogos? ¿Las aplica en sus respectivas actividades?

—Las investigaciones de nuestros científicos, pese a responder a importantísimas pesquisas, debido a la carencia de medios en que se desenvuelven, tienen una actividad tecnológica muy en ciernes. Es precisa una aplicación tecnológica más que una investigación químicamente pura, lo que podría ser programado por la Dirección General si ésta se hallara debidamente estructurada.

—¿Podría hoy la iniciativa privada aumentar las consignaciones de la Administración a estos estudios?

—Las empresas están por el momento muy descapitalizadas y en estos momentos es difícil poder llegar a un acuerdo en tal sentido porque se carece de fondos. A lo que sí están siempre dispuestos los armadores es a ofrecer sus buques a investigadores para que se estudien muestras, tamaños, etcétera. Es decir, investigaciones más prácticas. A esto sí están dispuestos a ayudar, ya que va naciendo una nueva mentalidad de empresario.

INI

—Son tan fabulosas las inversiones de las empresas pesqueras que se me ocurre pensar si no considera conveniente que un INI tomará en sus manos la creación de una empresa piloto que cubriese todos los estamentos de la pesca...

—Totalmente de acuerdo. Se ha creado incluso la Empresa Nacional de la Alimentación, que contempla el sector pesquero. Ahora bien, la acción primordial del INI habría de basarse —como ya viene siendo— en la creación de empresas mixtas fuera de España. Salvo contadas excepciones, y como decía antes, la empresa española no está capacitada para llevar a cabo este tipo de negociaciones, para las que además serían necesarias nuevas inversiones. El INI podría ser el nexo para el establecimiento de empresas mixtas en aquellos países que interesasen al sector, pero en íntima asociación con los armadores interesados. Dé llevarse a cabo con un personal que desconozca la temática, puede que sea hasta contraproducente, como alguna vez se ha dado. Las empresas mixtas, con convenios de Gobierno a Gobierno, pueden ser la solución del futuro de la pesca, sobre todo de la de altura.

 

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