Don Diego López Barea, ex alcalde de Barbate de Franco. 
 Subvencionar es más barato que importar     
 
 La Actualidad Española.     Página: 17-19. Páginas: 3. Párrafos: 27. 

Don Diego López Barea, ex alcalde de Barbate de Franco:

SUBVENCIONAR ES MAS BARATO QOE IMPORTAR

LA crisis que sufre toda la industria pesquera nacional tuvo a modo de prólogo la experiencia con los pescadores del Sur. De entre éstos, los pescadores de Barbate de Franco, que censaban 120 embarcaciones, con 3.500 hombres, quizá hayan sido los más castigados. Hoy se habla tan sólo de sesenta barcos y 1.700 pescadores.

"Los problemas van empeorando; pero se ven soluciones. Difíciles, aunque realizables".

Esto nos dijo Diego López Barea, ex alcalde de Barbate y hoy regente de una empresa pesquera, nacida precisamente del programa de renovación de la flota del Sur.

"Ayuda" japonesa

-Usted procede del Instituto Social de la Marina. Ha sido propuesto hijo predilecto de Barbate por su buena marcha al frente de la Alcaldía, que dejó por propia voluntad tras cinco años de gestión. La experiencia actual de llevar el timón de una empresa privada le lleva, quizá, a ver los problemas pesqueros desde un ángulo distinto. ¿Cuál es, a su entender, el principal escollo que hoy tiene el desarrollo de la actividad pesquera?

—Tras los secuestros que a diario teníamos que sufrir por parte de las lanchas marroquíes, nuestros barcos, renovados, modernos y capacitados para el cefalópodo, buscaron las aguas del Sahara. Este mercado lo domina Japón, cuyas grandes empresas imponen precios y condiciones. Así se llegaba al caso de que, con escasas capturas -porque los caladeros se agotan-, la cotización era menor aún. De esta forma aumentan los costos de extracción. Los japoneses, ofrecen entonces prefinanciación de forma directa, fuera de los cauces adecuados, porque saben bien que la empresa española, el armador, no puede "stockar".

-Y lo que en principio parece ser la tabla de salvación, se convierte, en la soga del ahorcado...

-En eíecto. A los japoneses les trae sin cuidado la marcha económica del país. Otorgan préstamos a la empresa armadora, descapitalizándola. Préstamos que habrá de hipotecarlas más aún, porque no vuelven a dar dinero hasta ver que "se cierra la tien-"da". Y con la peseta justa va languideciendo lo que podía ser de forma mancomunada un emporio de riqueza. Esto no lo sabe España, que a título general se despreocupa de los problemas de la mar. No siente esta inquietud. ¿Quién cuida de que siga la actividad?

Estructura adecuada

-Decía usted antes que, aunque muy graves, los problemas tienen todavía solución...

—Sin lugar a dudas. Hay que partir deque el organismo que regenta la pesca está totalmente sobrepasado. Cuenta con el mismo personal que cuando la pesca era artesanal. No tiene definido su sitio en los tiempos actuales, que requieren medidas en orden a ´vigilancia, investigación biológica y situación de caladeros, de redes, etcétera. Hoy es preciso ordenar la flota —construcción y navegación— y obtener de los acuerdos internacionales la mejor tajada. Si de todo ello existe un esbozo en Madrid, en provincias se pierde.

-¿Tan apurada es la situación? ¿Cómo, entonces, se ha llegado a desguazar gran parte de la flota para posteriormente hacerse con mejores y mayores buques?

—Se presentaba entonces un provenir en cierto modo risueño. No se esperaba que el pescado estabilizara los precios ni se podía presumir que los costos aumentasen en la proporción de un cien por cien. Ha subido el nylon de las redes, las estachas, la pintura, España puede dejar de ser pesquera y pasar a ser importadora.

Los costos aumentaron un 100 por 100, en tanto que las ventas de pescado se han estacionado.

el persona], los cables, los varaderos, el gas-oil, etcétera, y sin embargo, las ventas son menores y hasta, a veces, a menos precio. ¿Qué hacer? ¿Dejar de ser armador? No cabe duda que a eso se tiende si continúan las cosas como están. Por un lado, el Crédito Social Pesquero, porque esa es su obligación, aprieta para el cumplimiento de los pagos, ya que por el sistema en que se rige no tiene por qué saber que la situación actual está caída. Al no existir regulación de campañas, e incluso no haber ordenación pesquera en esta región sudatlántica, ni la pesca ni el pescador tiene dónde ir. En dicho Crédito Social Pesquero no está representada la costa, cuyos problemas quedan algo lejos entre los "armadores de Madrid". Sigo diciendo: falta un organismo donde puedan definirse todos los problemas del sector, con prolongación en provincias, para evitar que tengamos que recorrernos Madrid cuando haya algo que solucionar de pesca, y gastarnos dos mil pesetas de taxis.

—¿Les ha ayudado el Instituto Social de la Marina?

—El Instituto Social de la Marina quizá sea el de mayor sensibilidad y el mejor organizado, con delegaciones en cada puerto pesquero de España; pero carece de poder ejecutivo en sus relaciones con los otros organismos.

—¿Y el Sindicato?

—No está preparado para resolver los problemas actuales. Necesita igualmente una reestructuración.

Investigación

—¿Reciben a tiempo y modo el resultado de las investigaciones pesqueras llevadas a cabo por Oceanografía y Patronato Juan de la Cierva?

—Llegan, sí. Pero sus informes técnicos no están al tanto de los problemas de hoy. No es que no trabajen o lo hagan mal. En absoluto. Se trata de que, sin dejar de hacer lo que hoy vienen estudiando, amplíen el campo de sus investigaciones, cosa realmente muy difícil por la penuria con que siempre nos movemos cuando de la mar se trata.

-¿Considera acertado que la empresa pesquera subvencionase estos gastos?

—No veo la necesidad de ello. El resultado de estas investigaciones ha de redundar en beneficio de todo el pueblo, como ocurre con el Instituto de Desarrollo Agrario.

Hacia la concentración de empresas

Diego López Barea, en la década todavía de los treinta, tiene fe de que aún muchas cosas pueden virar y hacer que España siga siendo pesquera. Prefiere intentar todo antes que abandonar:

—La solución de nuestros problemas no está por el momento en abandonar. Se trata de llegar a concentrar las empresas de los distintos sectores, para lo que sería necesaria una línea crediticia que ayudara a capitalizar, sin tender a la construcción de nuevos barcos. Si las fábricas de conservas nos pagan mal la sardina, no creo que sea por mala fe. Nadie quiere aprovecharse de nadie. Es que existe un engranaje en la red comercial que desbarajusta todos los costos.

—¿Los intermediarios?

—Los intermediarios y los que no lo son. Si dispusiéramos los armadores de un ciclo para productos comercializados y otro para autoabastecernos, la cosa cambiaría bastante. Realmente no se ha tenido en cuenta en la época de las vacas gordas llegar a estos niveles, porque no había problemas... ni visión de futuro. Una concentración de empresarios puede muy bien acometer una ofensiva internacional, logrando tratados bilaterales de tú a tú con otras empresas extranjeras y con otros países para alquilar caladeros, como se busca un coto de caza. El segundo ciclo de comercialización se encargaría ex profeso de la busca del cliente. Esto regularía precios, a modo de FORPPA, que, dicho sea de paso, ya debería estar en funciones, limitando importaciones o autorizándolas cuando fueran requeridas.

Soluciones

Agrega don Diego López Barea: —Cada peseta que entra en puerto se multiplica desde el mismo muelle: lonja, transporte, frigorífico, mano de obra, industria conservera, de construcción o reparación naval, envases, petróleo, redes, etcétera, que representa un coeficiente de cuatro a cinco para enriquecer otros sectores. En esta lonja de Barbate han entrado en un año tres mil millones de pesetas, sin existir prácticamente la gran empresa pesquera, como podrían ser las Cofradías de Pescadores" mancomunados, con sus treinta buques y capacidad hasta para concertar con la Seguridad Social. Suprimir el individualismo y hacer barcos más racionalizados, otorgándose créditos a la concentración, con estatutos ante notario y con un único acreedor, el Estado, que fiscalizara en todo momento —y en su caso intervenir— las ventas. "De lo contrario —añade— tendremos que cambiar rumbos y habremos de importar, cosa que cuesta mucho más dinero que subvencionar.

 

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