La flota congeladora descapitalizada     
 
 La Actualidad Española.     Página: 26-32. Páginas: 7. Párrafos: 88. 

La flota congeladora descapitalizada

460 buques, 13.000 hombres, 250.000 toneladas y 20.000 millones pueden parar en cualquier momento.

El pescado congelado no na tenido la cobertura precisa para que el ama de casa comprenda la riqueza proteínica de su carne y la "frescura" de su procedencia.

Se requiere una mejor y más sensata comercialización.

Estamos viendo a lo largo de estos temas pesqueros que la actividad industrial está a punto de colapso.

Quizá por una coyuntura mundial que hace estragos en la economía, quizá porque desde dentro no hemos sabido o podido poner a tiempo los medios a nuestro alcance.

Una cosa es cierta: no ha sido por falta de entusiasmo por parte del armador. En este trabajo se estudia el momento actual de la flota congeladora: más de 450 barcos con unas 250.000 toneladas de registro bruto, que han supuesto una inversión de más de cincuenta mil millones de pesetas y el prestigio de ser considerada la mejor del mundo en su género y la tercera en orden a sus capturas.

Digo no por falta de entusiasmo, porque el armador acudió a la llamada de remoza-miento de la flota, atando su economía a los créditos y descapitalizando su empresa, hasta el punto de que en sólo catorce años se han batido todos los records.

En las circunstancias actuales, hay, de esta forma, planteado un dilema: o España sigue siendo pesquera, o pasamos a convertirnos en importadores de proteínas del mar. No será entonces el armador actual el que se quede sin barcos. Este irá buscando otros países, otras sociedades que le permitan faenar y obtener la rentabilidad adecuada, a cambio de abanderar sus buques. Será España la que se quede sin flota congeladora y serán 10.000 las familias que conocerán el paro laboral.

De momento, hacia lo que han de ir encaminados los estudios es a conocer de verdad la estructura de nuestras empresas armadoras, cosa que se desconoce por haberse siempre entendido la actividad industrial sobre la base de los elementos de producción, las unidades, los barcos.

Una buena lógica ha de tender a sacar en conclusión que se debe llegar a la concentración de empresas de escasas dimensiones.

La flota española congeladora se halla así perfilada hoy:

Las conclusiones son éstas: Destaca el número de empresas que faenan en el Sahara, seguidas de las marisqueras. Por su parte, hay más buques dedicados a cefalópodos en el Sahara, y los que pertenecen a empresas que actúan en varios caladeros superan ya a los marisqueros,

En cuanto a toneladas de registro bruto, van en primer lugar las empresas de "varios", con un 39,73 por 100 del tonelaje del sector. Le siguen los cefalópodos del Sahara, con el 24,01 por 100, y atrás, los merluceros, con el 19,54 por 100.

Es aquí donde vemos la atomización de empresas, que cuentan con barcos entre las 250 y las 2.000 TRB, añadiendo a ello que existen en _el sector 141 empresas con un solo buque, 34 con dos, 18 con tres y 12 con cuatro.

Es decir, más del 95 por 100 de las empresas tienen uno, dos, tres o cuatro buques a lo máximo, siendo un 65 por 100 de ellas las que sólo disponen de un barco.

Se impone una reestructuración del sector que implique a la Administración, ya que semejantes porcentajes nos llevan a contemplar la descapitalización existente en dichas empresas, que no pueden en absoluto rein-vertir unos beneficios inexistentes.

Deducimos de ellos que la unidad de producción no es el buque, sino la empresa, y como tales, nuestro puesto en la pesca internacional está muy por debajo de los números triunfalistas que a veces se han hecho oír.

Flota congeladora: la de mayor crecimiento

Esta flota congeladora es la más moderna de cuantas se dedican a la pesca. Comienza sus actividades en 1961 y noy se coloca en el tercer puesto mundial. Son cuatro los tipos de barco, según a la pesca que se dediquen: pescado blanco (merluza y pesca-dilla), al marisco, al cefalópodo y al atún. Las tres primeras practican la llamada pesca de arrastre, y la última, la de cerco.

Dentro de la flota arrastrera, los de mayor tonelaje son los dedicados a la captura del pescado blanco, siendo los de tonelaje medio los que se dedican al cefalópodo, y los más pequeños, al marisco.

Según la Dirección General de Pesca, con datos facilitados hasta octubre de 1974, se ha pasado de 45 buques en 1964 a 458 en la actualidad. De ellos, 426 son arrastreros. El mayor incremento tuvo lugar en los primeros años del período contemplado, donde se llegó aan casi 60 por 100 en 1966, contra un 5,48 por 100 en 1970.

Por toneladas de desplazamiento, se pasó de 38.681 toneladas de registro bruto a más de 210.000.

En cuanto a la potencia, es igualmente fuerte el. ascenso: de 54.975 CV. en el 64 a más de 210.000 en el 74.

Por capturas se ha ido parejo en la evolución de la misma con el incremento de la flota, con la excepción de los dos primeros años, en que se obtuvo mayor rendimiento por tonelada de registro bruto.

Se inicia la curva descendente

En 1969 se observó un decrecimiento del rendimiento, cuando los "stocks" en los frigoríficos nacionales llegan al máximo y se practica la política de contención de precios.

Vencida la crisis, hay un nuevo ascenso de índices, con la captura por TRB francamente estimable. Pero a partir de 1972 suena la alarma.

Se observa que el índice de crecimiento de las TRB, que siempre iban por encima del número de buques, desciende por debajo de éste por un notable aumento de unidades nuevas. Y se observa igualmente que los caladeros comienzan a dar muestras ae agotamiento.

No cabía duda que nuestra flota congela-dora estaba en octubre de 1974 francamente remozada: el 44 por 100 de los buques tenían menos de cinco años y un 85 por 100 menos de diez. Pero también se pasa a pescar tres toneladas por lance contra diez en años anteriores, sin que los precios en el mercado fueran acompañados de posteriores subidas.

Inversión v capital de maniobra

Los primeros costos con que se enfrenta el armador de un buque congelador ya vienen de por sí elevados, debido a que, incluso por culpa del mismo armador, los astilleros no producen en serie, como si de coches se tratara. Y cada diseño, cada material distinto empleado, eleva considerablemente los costos en la construcción del buque.

Por otra parte, la política de contención de precios, que no ha ido pareja con la subida de los costos de mantenimiento y explotación (léase combustible, personal, armamento, etcétera) que hemos dicho anteriormente, ha dado ocasión a la descapitalización de muchas miniempresas. Descapitalización que también habrá de culparse a los intermediarios, con un poder absoluto en lonja para comprar el pescado a la baja en cantidades que no cubren ni los costos de las capturas tomadas.

Algunos se ven obligados a malvender sus "mareas" (capturas tomadas en 13 temporada que han estado faenando) para poder hacerse con un mínimo de líquido que les permita salir a la mar para la siguiente marea. O, como sucede con el bacalao, amarrar, porque es preferible estar en paro que seguir, perdiendo.

Un buque de pesca congelador armado no baja hoy de los cuatrocientos a quinientos millones de pesetas.

Es decir, es una industria con unos costos elevados de inversión y capitalización y sujeta, por otra parte, a los más arriesgados peligros de desastre por las características del propio medio en que se desenvuelve: la mar.

Aparte de ello están los gastos de maniobras: en consumos y gastos oscila para cada marea o temporada de los 37 millones de pesetas para buques de unas 500 TRB, a los 110 millones en barcos de hasta 3.000 TRB. Esto, por lo que se refiere a la merluza.

En cefalópodos podemos catalogar estos gastos entre los dos millones y medio para barcos de hasta 200 TRB, hasta los seis y medio o siete en buques de hasta 500 TRB.

Se precisa, pues, para salir a la mar de esta financiación: merluza, 20 millones, y cefalópodos, 16 millones.

Este esfuerzo en el desembolso no tiene, entre tanto, la respuesta adecuada en la rentabilidad. En 1972 suponían estos costos más de 32 pesetas por kilo de merluza, sin contar en ellas los aumentos del gas-oil ni el descenso de las capturas habidas posteriormente.

Los costes han subido sin que tuvieran reflejo en los precios de venta.

Para lo primero, el gas-oil aumentó de 1,85 a 5,90. Es decir, aumentó 3,75 pesetas en litro. Teniendo en cuenta que cada tonelada de pescado capturado consume más de una tonelada de gas-oil, habremos de aumentar a las 32 pesetas del kilo de merluza en 1972 casi un 16 por 100.

Por otra parte, la disminución en los rendimientos .en Tm. pescado/día (casi un 30 por 100) se ha estimado er> un 9 a 10 por ciento de los costos. Resulta así un costo total de 49,84 pesetas en kilo, ya sumado un 10 por 100 de beneficio industrial.

Comparada esta cifra con el precio medio de cotización de la merluza congelada (47,25 pesetas), la deducción es el desastre económico de numerosas empresas, que mantienen en sus nóminas a más de 10.000 hombres/familias.

Es de notar que el precio medio aludido es el real y no el declarado legal, por cuanto la importación habida de merluza obligó a bajar los precios hasta el índice medio señalado.

No se ha incluido aquí lo que se estima de recargo habido en el concepto de pago de haberes reseñados por nueva Ordenanza Laboral, que supone de un 15 a un 28 por ciento de aumento, según tipos de buques.

Espada de Damocles

El porvenir, pues, es angustioso. Está, por una parte, que ya los precios actuales son antieconómicos. Y está, sobre todo, el agotamiento de los caladeros.

Por lo que respecta a la merluza, no ha de tardar mucho en que Sudáfrica declare la soberanía de sus 200 millas. Por su parte, está ya empezando a funcionar la ICSEAF (organización para administrar la pesca del Atlántico Sur Oriental, similar a la ICNAF), que determinará cupos o cuotas por países.

Para los cefalópodos, en aguas de la ICNAF, EE. UU. y Canadá presionan para reducir el esfuerzo pesquero. Así, España ha quedado prácticamente abocada a pescar algo más de 9.600 toneladas de calamar, cuando la cifra de consumo y exportación supera en mucho estas toneladas. En aguas saharianas no se ha impuesto por parte nuestra la misma vara con que nos han medido en otras aguas, y en aquellas aguas hoy pescan flotas de todos los países sin la menor ordenación.

La riqueza del Sahara

Capítulo aparte merece el banco saharia-no, donde el director del Laboratorio de Oceanografía de Canarias explica en su libro "La pesca en Canarias y banco sahariano" lo siguiente:

"Se han constatado a veces hasta 95 embarcaciones frente a cabo Leven pescando chocos, pulpo y calamar".

"En cada arrastre se hace un promedio de dos toneladas por copo, y cada día suelen levantarse hasta cinco. El tiempo de duración de un arrastre es de dos, tres o cuatro horas, y han habido barcos que han capturado hasta 10 toneladas de pulpo por arrastre, con la excepción de un barco japonés que capturó en un día 30 toneladas de pulpo".

´ Por .cada mil kilos de pulpo, se pescan 200 kilos de chocos y 75 de calamar".

"El pulpo y el choco son las especies más preciadas para los japoneses, que han llegado a tener en estas aguas dos buques-factoría de 20.000 toneladas. El factoría español ´Galicia´ ha llegado a trabajar hasta 200 toneladas diarias de pulpo, choco y calamar con el concurso de los 40 pesqueros españoles, que la suministraban 60.000 toneladas de cefalópodos en una temporada (esto ha supuesto para España una cifra de 3.000 millones de pesetas año por exportación)".

"Otras 60.000 toneladas fueron capturadas por el resto de barcos canarios y peninsulares. Dado que sabemos que los japoneses superan en mucho estas cantidades, ha de darse como segura la cifra de 250.000 toneladas por ejercicio, sin contar las pescas hechas por portugueses, rusos, polacos; coreanos, marroquíes, griegos, italianos, etcétera".

Últimamente, de las seis toneladas que se pescaban por arrastre, se ha pasado a una tonelada de promedio.

Esto demuestra hasta el punto que se ha llegado en el agotamiento de nuestros hasta ahora propios caladeros.

Como la ciencia no demuestre que a 800 y 1.000 brazas podemos contar con peces comerciales, o mientras nuestras autoridades no consigan convenios con otros países sudamericanos a los que deberemos llegar para seguir en explotación la enorme inversión habida, el futuro de la pesca en aguas sudafricanas, saharianas o del Atlántico Norte está en el alero.

Congelado y fresco

El pescado congelado ha-gozado de mala prensa desde su primera introducción. Muchas veces, en aquellos primeros momentos, sin duda por falta de los medios adecuados para conseguir una buena correlación. Los buques no estaban todos debi-amente preparados y el punto de congelación de 30 grados bajo cero era casi inexistente. Se almacenaba en bodegas porque no daba tiempo material de congelar debido a la abundancia en las capturas. Con ello, el pescado tenía un proceso muy lento en su congelación, formándose pocos puntos de cristalización en su carne. Con ello, los cristales eran grandes, y desbarraban los tejidos del pez, perdiendo el líquido y dando al descongelar un aspecto de sequedad.

A ello se agregaba la segunda parte, la que corresponde al pescadero que hablaba con el ama de casa. Si un kilo de merluza congelada se vende como mucho a 105 pesetas kilo y la llamada "fresca" a 500 y 600 pesetas, teniendo en cuenta, además, que los porcentajes de beneficios son del 17 y del 22 por 100, respectivamente, para cada tipo, resulta obvio llegar a escribir las conclusiones.

El público, es cierto, no está debidamente informado. Falta una educación adecuada. Debe saber que hoy la merluza queda congelada con 10 a 12 grados bajo cero en espina a las tres horas de haber salido del mar, llegando después a los 30 grados de congelación, punto que se ha dado en llamar "friorización" por una empresa comercial, que sabiamente ha sabido encontrar la palabreja y huir de la de "congelación".

Esa congelación inmediata hace que los puntos de cristalización sean numerosos y, consecuentemente, los cristales sean minúsculos, que no llegan a desgarrar el tejido adiposo del animal. Debe saber que es frecuente hoy ver congelar merluzas y fíleles totalmente envueltas en su plástico para que no ofrezca aspectos de sequedad exterior. Debe saber que lo que llama pescado fresco es a veces un ejemplar teñido de anilina y bañado

Isabel II prefería las sardinas de Madrid porque picaban.

La competencia habida con las importaciones no ha hecho bajar el precio de la cesta de la compra.

repetidamente en agua, y siempre un anu mal en proceso ya de descomposición.

A este respecto es de señalar la anécdota protagonizada por la Reina Isabel II, que, al llegar a Bilbao y tomar las exquisitas sardinas de Santurce, las despreció porque no tenían el sabor "deliciosamente picante" de las de Madrid.

Estamos acostumbrados a sabores pasados y en camino de descomposición. Si con la merluza congelada se hiciera otro tanto (dejarla que empiece a descomponerse), no cabría duda que obtendríamos aquel sabor específico de la "fresca".

Merluzas "frescas" que puede saberse fácilmente su estado si al comprarla oprimimos las agallas con la mano y nos percatamos de que suelta un líquido lechoso blanquecino. Esto lo suelen hacer las pescadillas en avanzado estado de putrefacción.

Muchas son las anécdotas acerca de los pescados congelados en los restaurantes. Desde uno de cinco tenedores que por boca de su "maitre" asegura que tiene rosada fresca, hasta el otro que utiliza este pescado para todos los tipos que especifica tener en el frigorífico para servir a la carta. (La rosada es un pescado, llamado también chileno y maruca, que solamente llega a España congelado.)

Medidas a tomar

Indudablemente estamos viendo que la actividad pesquera está siendo vapuleada por distintos costados.

Las medidas a tomar engloban a la Administración, empresarios, público consumidor, etcétera, corresponden a todos. Por parte oficial, una búsqueda masiva de nuevos caladeros, con el estudio de campañas biológicas que marquen una pauta para llevar a cabo una acertada ordenación pesquera.

Dejar que los precios se rijan por los habituales de la oferta y la demanda que impera en otros sectores, desarticulando la red de intermediarios, que sólo encarecen el producto a costa del armador.

Las grandes cadenas de alimentación, así como los grandes centros estatales, como hospitales, cuarteles, etcétera, pueden catalizar muy bien aquella oferta y demanda para mantener unos precios justos.

Los comerciantes deben disponer del equipo frigorífico actualizado y moderno que, como la flota del transporte del frío, han de mejorar sensiblemente.

Por lo que respecta al cefalópodo, una gran montante va a la exportación, a Japón específicamente, que acapara casi toda la pesca, y por ello se halla en condiciones de exigir precio. Si se establece con la ayuda estatal una buena red de frigoríficos para almacenar la mercancía durante alguna temporada, es indudable que al final este mercado estará gobernado por el vendedor y no por el comprador, como ocurre hoy.

Y, en general, por lo que respecta a la importación, es de desear un minucioso estudio de cuándo y en qué forma se puede hacer sin dañar los intereses nacionales de nuestros propios pescadores.

Comoetencia exterior

Por los convenios internacionales establecidos, nuestro país hoy en día está perdiendo posiciones. En 1972, las exportaciones de pescado superaron a las importaciones en un 103,19 por 100, mientras que en el pasado año sólo se ha llegado a cifrar este superávit en un 8,21 por 100. Dicho de otra forma: el intercambio comercial habido (importación y exportación) en 1974 sobrepasa ios 9.000 millones de pesetas. De ellos, 4.280 correspondían a importaciones. En 1972, el intercambio fue de 4.346 millones de pesetas, de los que 1.460 eran de mercancías importadas. Esto supone, en el superávit de la balanza comercial de productos del mar congelados, que en 1974 hemos alcanzado tan sólo un tercio de lo que en 1972.

A excepción de túnidos, los precios medios de la exportación sobrepasan a los de la importación, que van marcando tendencia alcista.

Tienen estas importaciones un efecto directo inclusive en las capturas que nuestro país puede lograr en aguas de la ICNAF. En la medida que importamos de barcos de otras nacionalidades, esos países quedan más interesados en lograr mayor cupo, en detrimento del que ríos corresponde.

Comercialización

En otro reportaje de este Especial hemos citado que nuestros empresarios armadores no han estado en su gran mayoría preparados para absorber una adecuada comercialización de los productos cuando el mercado lo exigía. Pero es que, por su parte, este empresario no pudo llevar a cabo un despliegue de posibilidades comerciales teniendo los precios superiores de ventas fijados, con márgenes comerciales a todas luces insuficientes.

Una adecuada comercialización del producto exige aumentar el consumo de pescado congelado por habitante y llegar a zonas donde es prácticamente desconocido, contando con una red adecuada de transporte del frío. Se precisa tipificar la especie, con clases y tipos, desde los mismos puntos de origen hasta llegar a constituir los grandes centros comerciales de pescado. En este punto, y aunque centralicemos el tema, es de destacar que seguimos en Madrid con el mismo mercado central que había en 1936 para 225 pescaderías, cuando hoy sobrepasan éstas las 1.800, siendo la cifra de 2.500 habitantes la mínima para optar a una adecuada rentabilidad por establecimiento.

Una buena comercialización exige, finalmente, un proceso, si se quiere llamar informativo, que dé a conocer realmente las innúmeras ventajas del pescado congelado sobre el fresco, hasta el punto de que aquél sirva de catalizador de precios de éste. No se extrañen nuestros lectores de saber que en el núcleo urbano del barrio de Salamanca, en Madrid —y perdonen que insistamos en ejemplos sobre la capital del Reino—, la proporción de venta del pescado congelado es de 5 a 1 respecto al fresco, mientras en Vallecas es de 50 a 1, pero al revés. , La flota está al día. Se ha incrementado la producción, aunque por la escasez de la materia prima salga más costosa por TRB y hombre. Sin embargo, los canales por los que habría de ir la comercialización no han llegado ni a despegar de sus bases. Y no es de esperar lo haga la iniciativa privada como ha ocurrido ya en dos o tres intentos-, porque los márgenes comerciales no estimulan estas inversiones que se requerirían.

Una fórmula puede ser la creación de grandes empresas que abarquen la extracción, la industrialización y la comercialización. Un Instituto Nacional de Industria podría ser el punto de partida para la creación de estas empresas en las que los precios hayan sido calculados en razón a aunar los intereses de la manufacturación más extracción, abarcando todos los puntos intermedios.

A nuestra Dirección General de Pesca, en estos momentos y en la actual estructura en que se desenvuelve, le es imposible seguir al pescado después de que ha sido desembarcado. Un Ministerio de Pesca podría fácilmente contemplar todo el recorrido, desde la mar a la mesa del consumidor, teniendo en cuenta los sectores de importación, por los que estamos viendo escapar un río de divisas.

En definitiva, un Ministerio de Pesca podría fácilmente incrementar los estudios para llegar a una adecuada técnica en la construcción en serie de barcos de pesca. Analizar y aplicar sus conclusiones en los modos de pescar y las redes a emplear, utilizando en cada momento los sonares adecuados. Podría, de igual forma, aconsejar y guiar en las técnicas de preparación, manipulación y conservación del pescado, alcanzando mayor productividad y rentabilidad y mejorando los métodos y las condiciones de trabajo que garantizarían el bienestar físico y económico de las tripulaciones, al exigir buenas condiciones de habitabilidad en los barcos, seguridad laboral y remuneración, sin caer en la demagogia que va siendo ya norma habitual en los llamados "redentores" del trabajo.

Ultimo llamamiento

En virtud de todo ello, la Agrupación Nacional de Buques Congeladores ha hecho llegar a la Administración recientemente un escrito de súplica para ser oída, recalcando que representa a 13.000 hombres embarca dos en 460 buques, con un tonelaje total de 250.000 TRB, que mueve anualmente 20.000 millones de pesetas, con los efectos multiplicadores que ello implica.

El escrito hace mención de la inminencia de llegar a parar, por la descapitalización en que se ven inmersos. Descapitalización acentuada por las importaciones habidas, el aumento de los costes y la estabilización de los precios.

Para paliar la situación, estos armadores proponen que por parte de la Administración sea financiado el capital circulante de las ventas en el mercado nacional, al igual que viene llevándose a cabo con las exportaciones, con base a las venías realizadas el año anterior.

Se pide igualmente una moratoria en los plazos de amortización del crédito a la construcción y aumentarla subvención del gas-oil. También primar la exportación en 10.000 pesetas la tonelada, para poder equipar precios en la CEE.

Por lo que respecta a la prima solicitada por desguace, se tiende con ello a restringir el consumo de combustible.

Al tratar de las importaciones, se ha pedido una mayor vigilancia para que todo el pescado que entre haya sido realmente capturado por buques españoles.

Convenios internacionales

Capítulo aparte merece la solicitud a la Administración de establecer contactos con terceros países, marcando una pauta a seguir y un apoyo oficial a los quehaceres de la pesca. A tal fin se propone la firma de convenios bilaterales por los que, previo pago de canon, se pueda acceder con bandera nacional a caladeros importantes, o en su defecto facilitar el desarrollo de sociedades mixtas, mediante la promulgación de un estatuto de sociedades que, contemplando las facetas jurídicas y económicas, permita continuar la actividad y abastecimiento al mercado nacional con su actual nivel de empleo. Para mejor lograrlo, se pretende la constitución de una comisión permanente que, en íntima colaboración con los armadores, esté presente en los organismos ínter-nacionales, independientemente de que el Gobierno trate de conseguir las cuotas adecuadas a la importancia de nuestra potencia pesquera.

Todo ello, vigilando por que bajo ninguna fórmula pueda establecerse la competencia directa del exterior en nuestro mercado nacional.

Promoción

Ha entendido la Agrupación que, por parte de la Administración —y así lo entendemos debe hacerse, por cuanto repercute en efecto multiplicador para toda la economía nacional—, se promueva una campaña nacional y por todos los medios de difusión para promover el consumo de los productos del mar.

Teniendo en cuenta lo asequible del pescado congelado y la riqueza proteínica que incluye, se entiende que una mayor venta de este producto puede redundar en beneficio del consumo, al estabilizar los precios de la proteína animal.

Los problemas

Resumiendo, estos pueden ser los mayores y latentes problemas del sector, dividido en sus especialidades:

Atuneros: Aumento de los costos de extracción y baja de cotización. Esto, debido a una falta de regulación de la oferta y por las deficiencias habidas en el sistema de fijación de precios en primera venta. Se piden precios de garantía equivalente a 50.000 pesetas la tonelada como media entre el rabil y el listado.

Aparte de ello, para contrarrestar los precios "dumping" de Japón, Taiwan y Corea, se pide la publicación urgente de la concesión de la Carta Sectorial.

Marisqueros: Suspender, de momento, la disposición que prohibe la utilización del ácido bórico hasta tanto no se encuentre un sustitutiyo adecuado.

Cefalópodos: 3.500 millones de pesetas en divisas se han obtenido por la exportación de estos productos, procedentes de los caladeros del Sahara y Boston, donde han estado más de la mitad de nuestros buques congeladores. Ni que decir tiene la importancia de asegurar en estos momentos la pesca en aguas saharianas y de conseguir de los Estados Unidos los mejores cupos para pota y calamar.

De igual modo, recabar una acción pública estableciendo una red de frigoríficos suficiente para mantener los precios con la pignoración de la propia mercancía. Esta medida es necesario sea tomada para llegar al mercado japonés —principal importador (90 por 100)— con la suficiente entereza y respaldo oficial a conseguir precios justos en toda época del año.

Merluceros: Es urgente ya el llamamiento para que la merluza, merlucilla y pescadilla se liberen del precio fijo o, en su defecto, logre un aumento del 40 por 100 sobre el precio actual autorizado. Ello debe ir seguido de un mayor aumento de los márgenes comerciales a mayoristas y detallistas, lo que redundaría en una mayor promoción directa al ama de casa.

Finalmente, se encarece potenciar la actual Dirección General de Pesca, en el sentido de dotarla de mayores y mejores elementos (humanos y materiales) que la hagan dotar de mayores atribuciones. Se explica que en estos momentos es de todo punto pre cisa la unidad de acción, tanto en su aspecto interior como en el internacional, cosa que, con los medios actuales, es de todo punto imposible alcanzar.

Y hasta aquí todo. Todavía tiene la palabra la Administración.

 

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