Después de treinta y siete años en campañas de pesca. 
 Habla por vez primera desde alta mar con su familia     
 
 La Actualidad Española.     Página: 37. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Después de treinta y siete años en campañas de pesca

HABLA POR VEZ PRIMERA DESDE ALTA MAR CON SU FAMILIA

A pesar de que hoy somos más propicios a tomar el teléfono que a escribir una carta, todavía hay marinos, pescadores, que ni han pensado en ello cuando están en alta mar.

Cuando nuestra estancia en el buque "Aracena", de Pesquerías Gaditanas de Gran Altura, allá en aguas sudafricanas, nos pusimos al habla con la estación de Pozuelo, de onda corta. Le pedíamos simplemente que pudieran hablar con sus familiares en España aquellos pescadores que llevasen más tiempo en la mar y que nunca lo hubieran hecho.

Por respuesta obtuvimos no sólo el asentimiento a esta iniciativa de LAE, sino además el mejor servicio que nunca se haya hecho en comunicaciones de ultramar. El sonido llegaba limpio y diáfano y la inquietud de los operadores por facilitar la conversación casi simultanea, como si fuera "dúplex". Esto es difícil.

Lo saben bien los profesionales. Cuando se telefonea en "simplex", al terminar la frase hay que decir "cambio" y dar acceso al otro interlocutor. En hombres experimentados no hay problemas. En aquellos que nunca han usado el teléfono para hablar con sus familiares, las frases salen entrecortadas, acompañadas de gemidos y monosílabos y casi se llega a la imposibilidad para mantener una conversación. Pues, a pesar de ello, se consiguió.

En la fotografía tenemos a Leoncio Iber-garay, de cincuenta y cuatro años de edad y en la mar desde 1938. Conoce los mares de Europa, de toda América, del océano Indico... Ha doblado por dos veces el Cabo de Hornos y ha realizado varios viajes al golfo Pérsico. La campaña más corta ha sido de seis meses. Es habitual pasarse diez monce meses en la mar. Jamás habló con ,a esposa o su hija.

SU casa la tiene en Arminza (Vizcaya), pero la familia va a trabajar a Barcelona cuando él está embarcado.

Leoncio ese día no pudo dormir. La emoción le había dejado un colosal insomnio y comentaba tan sólo repetidamente "(el susto que se habrán pasado cuando se enteraron de que yo les llamaba!". Su imagen agarrada al auricular era la del sediento que aún no llega a creerse que tiene un repleto vaso de agua en la mano. No le hacía falta, en verdad, el teléfono con pantalla. El "veía" a la nena y a su mujer, quienes por su parte lloraban a jarnllo.

Luego hablaron seis o siete marineros más, con larga experiencia de mar también.

 

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