Autor: Urbano, Pilar. 
   El cerebro solitario     
 
 ABC.    22/10/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

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EL «CEREBRO.» SOLITARIO

• Si la víspera tuvo sabor de cónclave «con un solo cardenal», que era. el «cerebro solitario», la final

del Congreso parecía un «después de reparto de premios>, con caras largas y disgustos entre los

«suspendidos» a la hora de elaborar las listas del poder: e1 Comité Ejecutivo, mano potente del

partido, y el Consejo Politico, plataforma selecta de discusión de las decisiones supremas, que es

donde algunas provincias no vieron bien reflejada su aportación: «Nosotros hemos dado más

electores a U. C. D. que los de tal provincia, y tenemos menos puestos en el Consejo Político... ¡Eso no

es justo!», era la «quejumbre» de salas y pasillos. Queja que se convirtió en «papeleta en blanco» o en

ausencia de la sala foral a la hora de las votaciones.

• Con todo, la máquina del Congreso presidencialista funcionó bien engrasada: las candidaturas

oficíales, únicas, se alzaron con la victoria, por mayoría absoluta. Y a pesar de los 117 votos blancos,

de los 12 nulos y de las 203 ausencias Intencionadas, don Adolfo Suál´ez se proclamó «primum ínter

pares», sin pares con rostro y nombre que le hicieran la competencia. ¡Hay Suárez para rato!

• Mrs. Tatcher, «la divina», lidió elegantísimamente, britaniquísimamente, al acoso de un

centenar de periodistas en la sala Unesco, al filo del mediodía, y consiguió entretener la vana

expectativa de una declaración comprometida sobre Gibraltar, sin romper su ley política de

silencio. «No tengo el más mínimo interés en desvelar lo que voy a hablar con el primer ministro

Suárez... (Almorzaron juntos.) «No conseguirá usted, señor mío, que yo opine sobre temas internos de

política española», «Después de veinte años en la vida política he aprendido a no pronunciarme

sobre lo que es problema de otro país...» Y así. Claro que también dijo mucho: que «su partido

conservador se asemejaba enormemente a la U. C. D.», que toda su vida aborrecería al comunismo, no

sólo por lo que afecta al sistema económico, político y social de los pueblos, sino por su concepción del

individuo y por su detestable incidencia en el orden moral del hombre y de la sociedad».

• Ruiz Navarro, uno de los perdedores del Congreso, me decía: «Aquí ha funcionado mejor la eficacia

que la democracia. Ha habido un miedo absurdo a "contestar" las listas oficiales de candidatos...s Y los

rincones de los pasillos le señalaban como inspirador de soterrados movimientos. Abril Martorell

respondía a eso: «Aún nos falta experiencia de partido. No podemos ser dogmáticos...» José Luis

Alvarez explicaba en grupitos que «no pretendía hacer sombra a nadie», que «el indiscutido se llama

Suárez», que «la U. C. D. ha de Incardinarse en esa mesocràcia española que piensa en cristiano, en

conservador, en centro...», ¡pero que «en este partido, en este Palacio de Congresos, hay doce o quince

hombres de primera magnitud, aunque Suárez es Suárez. El alcalde de Madrid le ha visto la cara a un

electorado indeciso, que mira con desencanto los aljibes secos, sin promesas de futuro,, de una derecha

dormida.

• Suárez, al introducir en la Ejecutiva a todos sus ministros civiles actuó a lo franquista: «ni

vencedores ni vencidos». ¿Se ató las manos para futuros remodelados en el Gabinete? En todo caso,

preferirá siempre tener a los disgustados dentro, y no brujuleando en la periferia. Como cuando

Franco ascendió a Yagüe, que «se entrenaba» para conspirar. En este momento, mientras tecleo,

Suárez, con un beso a la diputada Tellado, sella la unidad difícil canaria—Pilar URBANO.

 

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