Fracaso en el plan marisquero  :   
 El mejillón, con problemas de excesiva producción, innumerables depuradoras y escasa demanda. 
 La Actualidad Española.     Página: 42. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

FRACASO EL PLAN MARISQUERO

£1 mejillón, con problemas de excesiva producción, innumerables depuradoras y escasa demanda.

Los propósitos del Plan Marisquero, tan loables, no han tenido en la práctica los resultados apetecidos.

Quizá porque ha faltado la suficiente vigilancia, quizá porque en una región como Galicia, tan minifundista, fuese una utopía conseguir una acción mancomunada.

En el plano privado, algo similar ocurre con el mejillón. A pesar de que se ha tratado de conseguir una acción comercial conjunta con la constitución de una gran empresa, apoyada por las Cajas y el INI, hay problemas típicamente derivados del individualismo tan propio de aquella región.

Ayer, desconocido; hoy, un lujo

Desde tiempos inmemoriales, los habitantes de las rías gallegas se dedicaban tres meses al año al marisqueo, debido a que, por ser un producto tan perecedero, su mercado estaba reducido a la región.

Tampoco significaba gran cosa el precio a que podía vendecse. De ahí que el mariscador no siempre fuese siempre típicamente un profesional de esta labor.

En este tiempo se respetaban las vedas y la natural ecología de la fauna marina conservaba las especies y caladeros.

Entramos en los años sesenta, era industrial española, y se establecen las redes del frío, los transportes especializados y el marisco va ganando mercados de forma asombrosa. Sube la cotización y se convierte de la noche a la mañana en un exponente tte Galicia, como el vino lo es de la Rioja o de Jerez.

Al objeto de atender la demanda, hay mariscadores que no se paran en barras y arrasan caladeros, remueven fondos, violan las épocas de vedas y se convierten en exterminadores de bancos naturales. En una región que, bien cuidada, podría exportar al mundo los mejores mariscos, se va acentuando la escasez y el peligro de agotamiento. A ello se une la instalación de industrias que vierten sus residuos en las mismas rías, condenando aún más al exterminio su propia riqueza piscícola.

Plan marisquero

Las obras portuarias llegaron incluso a cegar grandes zonas de criaderos, poniendo en trance de desaparición total todo organismo vivo. Se imponía una reglamentación y así nace el Plan Marisquero, estudiado con el fin de reservar zonas para parques naturales, intensificar la producción y racionalizar las extracciones.

Se imponían nuevas técnicas de industrialización para conservación de las especies y al mismo tiempo obtener rentables capturas.

Intervienen las Cofradías de Pescadores, a las que en principio se ha tratado de mentalizar y formar profeskmalmente, sin conseguir en ocasiones resultados apetecidos.

No cabe duda que una acción de limpieza, seguida de preparación de bancos para la crianza del marisco, exige cuantiosas inversiones que individualmente es imposible acometer. Lo lógico sería emprender el desarrollo del marisqueo con una labor conjunta de todos, planificada de acuerdo con las especies a extinguir y con el mismo mercado.

El mejillón

El mejillón, por su parte, para cuyo cultivo existen cerca de cuatro mil bateas, está teniendo una producción anual de 130.000 toneladas. Esto representa el 90 por 100 de la producción nacional y el 40 de la mundial. Su valor en primera venta sobrepasa los 1.000 millones de pesetas.

Sin embargo, todavía el español no es el mejor mercado para este molusco. En la misma Holanda se consume semanal-mente —en Amberes, población de 350.000 habitantes-200.000 kilos. En España comemos el equivalente a un kilo de concha al año por habitante. Nuestras paellas prefieren las chirlas italianas y, si acaso, unos mejillones para adornar. No conocemos con profundidad las diferentes formas de preparar este sabroso aperitivo y, si bien ha pasado a ser producto de consumo en la clase media, no ha llegado todavía a estar inscrito en las cartas de los restaurantes de lujo.

Comercialización

Quizá haya sido el mejillón el único elemento que ha tratado de conseguir una red comercial adecuada para eliminar puestos intermediarios desde su nacimiento a la mesa del consumidor.

Se libra una intensa batalla por consegir racionalizar la producción y programarla cara al consumo de fresco, congelado y conserva, tanto en el mercado interior como en el exterior. Batalla que se plantea ante una oferta descontrolada, ante una demanda sin promocionar, ante unos márgenes comerciales sin liberalizar y ante una cierta inhibición por parte oficial.

La producción, por un lado, ha crecido en forma totalmente dispar con la demanda. La industrialización tiene las vertientes de la obligada depuración —donde el sinnúmero de depuradoras hacen antirrentable la operación— y la conserva, con un 60 por 100 de fábricas paradas. Para ambas se requieren medidas casi drásticas, pero que estarían en su origen en la reducción de la producción, o al menos hacer ésta con los nuevos procedimientos que abaratan los costos de extracción y pueden nivelar fácilmente la oferta.

 

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