Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
   La derecha y su complejo de inferioridad     
 
 ABC.    04/03/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA DERECHA Y SU COMPLEJO DE INFERIORIDAD

HACE algunos años el profesor López Ibor escribió un ejemplar libro bajo el titulo «El español y su

complejo de inferioridad», No es mi intención, ahora, glosar sus acertadas afirmaciones, aunque

recomiendo su lectura provechosa en cualquier caso. Pero me permito tomar pie de lo que el profesor

decía entonces tesis, por cierto, compartida por otros eminentes autores para tratar de exponer en

pocas palabras uno de los fenómenos más característicos que afectan a gran parte de nuestros

conciudadanos. Me refiero, concretamente, a que todo lo que suene a derecha, en nuestro país, se presenta

sistemáticamente como retrógrado, siempre superado y, en una palabra, prácticamente despreciable. A la

inversa de lo Que ocurre con los prohombres de la izquierda, los cuales, aprovechándose de que la

corriente parece ir a su favor, alardean de una suficiencia insufrible, casi siempre infinita y muchas veces

sin base alguna. Parchen estar en posesión de la varita mágica capaz de resolver en un santiamén todos los

problemas sociales, culturales, económicos y políticos del país. Claro está que como el movimiento se

demuestra andando, los pasos que la izquierda ha venido dando han demostrado (por ejemplo en sus

intervenciones públicas en el Congreso y en el Senado) los estrepitosos fracasos que a veces fuerzan hasta

el sonrojo colectívo.

Y. sin embargo, ahí siguen tan ternes, presumiendo y actuando como si contaran con una liaza decisiva

que, desde luego, es falaz que explotan a las mil maravillas: toda su actuación se limita a criticar y

rehuir cualquier ofrecimiento de soluciones viables en un embite ejemplar de su inmadurez. Nada es más

fácil que criticar la política del Gobierno, sobre todo sabiendo que ninguna de las responsabilidades que

conlleva esa crítica les va a hacer mella. Y me refiero también a la falaz argucia, valga la redundancia, de

que si algo sale hoy bien elln es apropiado inmediatamente i»or la izquierda, que, eso sí, y en cambio,

sólo se moja para presionar, pero nunca para asumir ninguna responsabilidad seria en ningún terreno. Por

eso andan siempre con el latiguillo de que si, por desventura, los problemas se agravan, es a la derecha y

sólo a la derecha a quien se debe imputar el fracaso. Mientras que si se arrecian, es debido a su tesón e

inteligencia izquierdistas. A eso se llama jugar a dos paños para ganar siempre.

Pues bien, esos señores que todo lo critican, que en todo ven corrupciones e intenciones protervas, harían

mejor, como digo, en ofrecer soluciones viables de recambio y no simplemente acusar sin pruebas y

despotricar sin razones suficientes. Y asi, por ejemplo, ¿serían capaces los líderes de la izquierda de

resolver el problema del paro obrero sin arruinar las ya desmedradas arcas del Estado? ¿Podrían aeaso

comentar la iniciativa de un trabajo productivo al tiempo que provocan huelgas y organizan piquetes para

mantenerlas? ¿Cabe pensar que la nacionalización esto es, la, estatalización con multiplicación de la

burocracia nos salvaría de la grave crisis que padecemos? Si cada empresario fuese un burócrata más,

sin otra preocupación que la de cobrar un sueldo a fin de mes, ¿dónde queda la libertad de iniciativa, que

es la primera expresión de la auténtica Libertad?

Hora es ya de que los hombres de la derecha contesten a tan irresponsables criticas diciendo con claridad

al pueblo que sólo trabajando más, produciendo más y propiciando el justo beneficio empresarial, origen

y generador fle los puestos de trabajo y tan sagrado como el salario de los obreros, y todo elïo

en un marco de justicia fiscal que nadie que se sienta español puede negar, se conseguirá avanzar en un

camino en el que no sólo los bienes materiales sean la meta a alcanzar. Pues para lograr el objetivo

material del bienestar es preciso que otros factores fundantes libertad, orden público, autoridad sean

también mantenidos y defendidos por un Estado que sólo de esa suerte justificará su esencial función de

garantizador de los valores que cimentan las libertades ciudadanas. llora es ya de que, acabando con la

demagogia, se explique la racionalidad de las medidas que es costoso adoptar y que, en una palabra, la

auténtica prosperidad sólo se ha logrado lejos del paraíso marxista, cuando incluso los que se dicen

socialistas véase el ejemplo alemán renuncian explícitamente al marxismo, esto es, a una concepción

agnóstica y materialista de la viáa. O, dicho en una sola frase, ya va siendo hora de que terminemos con

nuestro complejo dé inferioridad... porque, sencillamente, tenemos razónJosé María RUIZ-

GALLARDON.

 

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