Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El portazo     
 
 Informaciones.    08/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

EL PORTAZO

Por Jaime CAMPMANY

EN una viñeta de Manolo Summers se ve a un sujeto que está clavando sobre el mapa de España un

cartel que dice: «Liquidación por derribo.» A mi no me Inquietan demasiado las predicciones

catastróficas de los profetas en prosa. Casi siempre van buscando algo. Pero me afectan muy

especialmente las síntesis expresivas y las Intuitivas revelaciones de los humoristas. Casi siempre se

adelantan, casi siempre van por delante de nosotros. Los humoristas son como esas vacas que abandonan

la colina algunas horas antes de que sobrevenga el terremoto, o que se van del prado cuando está a punto

de derrumbarse la presa del pantano y que hasta allí lleguen las aguas. Nos avisan antes que nadie. Los

humoristas tienen un sexto sentido, mucho más fino y sensible que los otros cinco de que disponen los

pobres y vulgares mortales: el sentido del humor.

Están pasando cosas, casi todas malas. Ahí están la crisis ministerial inexplicada; la polémica sobre la

fecha de las elecciones municipales y sobre la manera de elegir a los alcaldes; la publicación del

documento ideológico del socialismo unido, cuya crítica —que deberá ser larga y profunda— se ha

apresurado a abrir Ricardo de la Cierva; la amenaza de movilización de las masas por parte del Partido

Socialista, que ayer comentaba yo desde aquí, y, por último, ese portazo que don Gregorio Peces-Barba

ha dado antes de abandonar la ponencia que estudia el borrador de la Constitución.

Ahora resulta que, según dice el señor Peces-Barba, «ya no es posible mantener la ficción del consenso»

sobre el texto constitucional. Luego no había consenso. Lo que había era una ficción de consenso. Esto es

grave, porque se alejan un tanto —un poco o un mucho, ya lo veremos— las esperanzas de elaborar una

Constitución que no esté hecha por media España contra la otra media. El P.S.O.E. invoca, como razones

para el portazo, algunas modificaciones que la mayoría va a introducir en el artículo 16, que consagra la

libertad religiosa, y el artículo 28, que establece la libertad de enseñanza. En el momento en que el

portazo se produjo, la ponencia discutía el titulo VIII que trata et tema «De los territorios autónomos».

Los dos primeros puntos necesitaban —según opiniones autorizadas— pequeñas o leves matizaciones. El

tema de las autonomías debía ser revisado, porque son muchos los que coinciden en que el texto es

ambiguo y confuso. Ya se habla de «pretextos» socialistas, más que de razones. De cualquier modo, dar el

portazo, cuando se pierde, es negar la esencia del parlamentarismo.

 

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