Solución salomónica     
 
 ABC.    25/10/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

SOLUCIÓN SALOMÓNICA

Sentenciando al salomónico modo que no acreditará jamás la proverbial sabiduría de

Salomón—. la Comisión Mixta Constitucional ha optado, ante el Importante problema de la

lengua oficial del Estado, por una solución salomónica. Cosa, dicho sea de pasada, nada

anormal, nada sorprendente, si se recuerdan las maniobras realizadas para componer esta

Comisión del modo más conveniente al consenso, aun a costa de eliminar —no se sabe en

virtud de qué principio democrático— representaciones que debían figurar en ella.

La Comisión, decimos, ha partido, sin galanura alguna, la lengua en dos. Ya no dirá el texto

constitucional «el castellano es la lengua oficial del Estado», como proponía el Congreso, para

marginar tendenciosamente la denominación española propia del castellano y lema de las

Academias nacidas del español y existentes para velar por su limpieza. su esplendor, su

razonable evolución. Tampoco dirá el texto constitucional «e! castellano o español», solución

de sinonimia mucho más justa y honrada, mucho más verdadera y digna, que propuso el

Senado. No; ahora se dirá que «el Castellano es ta lengua española oficial del Estado, de

acuerdo con el texto, dado a luz por la Comisión Mixta.

SI solamente se tratase de una cuestión semántica, entretenimiento para alambicadas disputas

académicas o para polémicas retóricas, no merecería comentario alguno esta emulación del

célebre parto de ¡os montes, en la que ha Jugado tan brillante papel de parturienta la Comisión.

Pero no es así. El asunto es mucho más grave, tiene mucha más tienda y trastienda. Se niega

ante todo, claramente, la legítima primacía y universalidad del Idioma español. Debemos

suponer que al hilo de la misma cautelosa vergüenza —¿por qué?— con la que nuestra

flamante Constitución habla de España como unidad nacional. En segundo lugar, para rubor y

algo más que rubor de millones de españoles, se reduce al castellano a condición casi

dialectal, dentro de una filiación idiomàtica española de negación imposible, como si fuera

posible a las manipulaciones políticas romper el principio de identidad que hace del castellano,

el español, •y del español, el castellano.

V todo esto ¿por qué? y /.para qué? Si por halago a actitudes de impugnación ti centralismo,

mala y demagógica solución. Si por concesión a las corrientes nacionalista que proyectan su

oleaje contra la nación única, mucho peor. Si para reparación de injustas medidas pasadas

contra otras lenguas españolas, solución escasamente compensatoria y desproporcionada. Si

para enaltecimiento >lc estas otras lenguas, torpe elevación, pues ninguna lengua se alza

sobre otro fundamento que no sean sus cumbres literarias propias, escritas o habladas. Y

de momento, mal que les pese a los regadores del español, en español o castellano, en

casteüano o español, están escritas las obras cumbres de ia literatura de España. Con sólo

alguna excepción confirmadora de la regla.

Anotemos, en fin, una triste observación: el desprecio de una Comisión política a la Real

Academia Española._defensora de la denominación «español» para el idioma oficial y común

de España; del Estado español, pues suponernos que en el lenguaje internacional oficial se

seguirá denominando así.

Triste marginación «democrática" de la Real Academia Española, en una democracia tan

atenta a las utopías de las asociaciones de consumidores y a las reivindicaciones muchas

veces mitinescas de las agrupaciones de vecinos.

 

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