Autor: Prego, Adolfo. 
   El pavo real     
 
 ABC.    25/10/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

EL PAVO REAL

El poeta Yoats había encontrado uns fórmula para salir del paso cuantío se enzarzaba en una discusión y

no sabia contrarrestar los argumentos de su oponente. Ponía cara de circunstancias, bajaba la voz y en

tono misterioso decía: «Si, pero eso ocurrió antes de que cantase el pavo real.» Y pasaba a otro tema o se

despedía.

Estamos, pues, nosotros en la misma posición dialéctica. Frente a fas cifras, frente a los hechos, frente a

las evidencias, frente al hundimiento generalizado de la fe en nuestra propia capacidad para convivir

pacíficamente, los dirigentes de la democracia se salen por la tangente en cuanto se les invita a que

expongan las conquistas y las mejoras Que el español puede inscri bír en el haber de su existencia

cotidiana. En el mejor de los casos, la respuesta que obtenemos es una remisión de esperanzas para un

futuro indeterminado o una defensa incongruente de las ventajas que un régimen de libertad política tiene

sobre otro en que el que manda no discute: monologa. Ese es el «pavo real al que recurría Yeaís.

Naturalmente, la esperanza es lo último que se apaga. Pero entiéndase bien esto: «es lo último».

Detrás de la esperanza no queda ya nada más que el abismo. Nuestro Estado está en quiebra. Pide dinero

adelantado a los contribuyentes, mientras los contribuyentes te reclaman seguridades de que a nuestra

sufrida peseta no le va a pasar lo mismo que le pasó al marco alemán después de la primera guerra

mundial. Nos recomienda que tengamos paciencia mientras brotan acá y allá síntomas de cólera por la

ineficacia del Gobierno en las tareas más etementales que corresponden a todo Estado civilizado. Un coro

formidable de exigencias resuena en las primeras páginas de todos los periódicos día tras día. Un

auténtico diálogo de sordos prosigue desarrollándose en los limites de la irracionalidad mientras unos

hombres muy pequeñitos y apersonados afirman que estamos en el mejor de los caminos, pero no aclaran

sí es el camino del cementerio o el de la gloria. Y entienda el lector que la democracia como tal no tiene

la menor responsabilidad en este guirigay. La tienen los demócratas en cuyas manos ha caído la

democracía. La libertad es una oportunidad que hay que aprovechar, porque no dura siempre.—Adolfo

PREGO.

 

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