Autor: Jáuregui, Fernando. 
 Elecciones, el 22 de junio. Los partidos, ante las urnas / 3. 
 Suárez, empeñado en la reconquista del centro  :   
 El ex presidente del Gobierno se enfrenta con el cerco financiero y con el semiolvido en que ha quedado el CDS. 
 El País.    28/05/1986.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

18 / ESPAÑA

POLÍTICA

ELECCIONES, EL 22 DE JUNIO

LOS PARTIDOS, ANTE LAS URNAS /3

EL PAÍS, miércoles 28 de mayo de 1986

Suárez, empeñado en la reconquista del centro

El ex presidente del Gobierno se enfrenta con el cerco financiero y con el semiolvido en que ha quedado

el CDS

FERNANDO JÁUREGUI, Madrid

Enfrentado a una nueva y para él particularmente difícil campana electoral, en la que sabe que se juega la

supervivencia de su partido, el Centro Democrático y Social (CDS), Adolfo Suárez deberá tratar de

remontar en las próximas semanas las dificultades financieras y el relativo olvido en que el CDS se ve

sumido. La campana suarista, animada por un reducido grupo de colaboradores, contará como principal

atractivo con la figura del propio Suárez. £1 ex presidente del Gobierno se verá inevitablemente forzado a

un permanente debate con los reformistas de Miquel Roca, que también tratan de ocupar el mismo

espacio del centro político. El CDS, a punto de cumplir los cuatro años de vida —fue oficialmente creado

en agosto de 1982—, presenta un balance de actuaciones irregular y Heno de claroscuros. A lo largo de la

pasada legislatura, Suárez, contando con tan sólo su propio escaño en el Congreso de los Diputados y el

logrado por Agustín Rodríguez Sahagún en Ávila, eligió un tono discreto y escasamente crítico hacia el

poder socialista en sus muy contadas intervenciones. No más de una docena de entrevistas periodísticas

de ámbito nacional jalona la etapa interelecciones del ex presidente del Gobierno, que se ha visto

asediado por periódicos, emisoras de radio y por la televisión, y que habitualmente ha rechazado todas las

ofertas —algunas multimillonarias— para que cuente sus memorias. El partido de Suárez nació de un

modo más que discreto: sin apenas militantes —si se exceptúa un grupo de fieles incondicionales,

encabezados por José Ramón Caso, Jesús Viana, Rafael Calvo y el propio Rodríguez Sahagún—, con una

sede prestada, el flamante duque de Suárez presentó su partido a la Prensa —31 de julio de 1982— en un

hotel madrileño, advirtiendo que "si no alcanzamos la financiación suficiente, haremos campaña con un

spray en la mano". Inmediatamente, dos periodistas amigos —uno de ellos, Pablo Sebastián, acaba de

convertirse en el nuevo jefe de prensa del partido— le regalaron un spray. Todo indica que, ya entonces,

Suárez imaginaba que la travesía del desierto iba a ser dura. Cuatro años después, las cosas no han

mejorado para él. El partido, que parecía destinado a convertirse en el principal heredero de la

desaparecida Unión de Centro Democrático, no ha logrado, merced a la asfixia económica y al

guadianismo político practicado por su principal inspirador, consolidar su despegue: no logró concurrir a

las elecciones autonómicas en Cataluña y el País Vasco, cosechó un severo fracaso en Galicia, consideró

seriamente la posibilidad de no presentarse en Andalucía y concurre a las actuales elecciones legislativas

en medio de serias incertidumbres sobre los posibles resultados.

Aplausos, pero no votos

Suárez, que pasó la primera parte de la legislatura más volcado en la consolidación de su bufete

profesional, orientando su actividad hacia Latinoamérica, que en el afianzamiento de su nuevo partido,

descuidó su escaño en el Parlamento y su presencia en los medios informativos nacionales. Para hacer

partido prefirió recorrer las provincias españolas durante los fines de semana. Sus escasas declaraciones

durante este período no indicaban en ningún momento el menor desánimo: aseguraba —y sigue

haciéndolo— que "inevitablemente" volverá a ser presidente del Gobierno y se negaba —y sigue

negándose— a concluir cualquier tipo de pacto con fuerzas afines. Miquel Roca le ofreció encabezar

el proyecto reformista y él respondió al político catalán invitándole a entrar en el CDS. Ahí concluyó

cualquier posible acercamiento entre ambos. Hoy, Adolfo Suárez cuenta con un pequeño partido —unos

5.000 militantes, disciplinados y poco proclives, como su jefe, a las filtraciones periodísticas— y con el

activo de su propia personalidad, a la que los sondeos de opinión siguen colocando, en lo referente a

popularidad, sólo detrás de Felipe González. Cualquier aparición pública de Suárez es aplaudida por la

muchedumbre —"me aplauden, pero no me votan", se lamenta— y sus • declaraciones siguen siendo

ansiosamente buscadas por los medios informativos, donde el duque mantiene indudables simpatías.

La incredulidad popular acerca de los verdaderos motivos que le impulsaron a presentar su dimisión como

presidente del Gobierno a finales de enero de 1981 —él asegura que abandonó el cargo a causa de la

rebelión del grupo parlamentario centrista— no ha menguado un ápice su popularidad. Pero, pese a

flamantes incorporaciones al partido —Raúl Morodo, Ignacio Camuñas— y a la proverbial discreción de

sus militantes, es patente una cierta desmoralización en el seno del CDS. Suárez ha aplazado

antiestatutariamente la celebración del segundo congreso del partido, que debería haberse celebrado el

pasado mes de octubre, apenas toma decisiones colegiadas. En general, sus incondicionales se quejan

privadamente de tener poca voz en la marcha de los asuntos del CDS, férreamente controlado por los dos

únicos dirigentes que parecen tener acceso directo al jefe: José Ramón Caso, que dirige el aparato y

encarna las polémicas con los reformistas —ya se han puesto de manifiesto las primeras escaramuzas

verbales entre CDS y PRD—, y Rodríguez Sahagún, alma de los trabajos parlamentarios. Se dice que

ambos fueron quienes impusieron la táctica de silencio del CDS ante la campaña del referéndum sobre la

OTAN, y que, contando con el beneplácito de Suárez, propiciaron el progresivo giro a la izquierda del

partido, giro claramente perceptible en el programa electoral.

 

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