Al someter a vuestra consideración este proyecto de ley. 
 Fraga: Inauguró una histórica serie de debates de estas cortes     
 
 ABC.    26/05/1976.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

ABC. MIÉRCOLES 26 DE MAYO DE 1976. PAO. 7.

«AL SOMETER A VUESTRA CONSIDERACIÓN ESTE PROYECTO DE LEY»

FRAGA: "INAUGURO UNA HISTÓRICA SERIE DE DEBATES DE ESTAS CORTES"

Finalizados los debates, y antes de precederse a la votación, el ministro de la Gobernación y vicepresidente para Asuntos del Interior pronunció un largo, detallado y documentado discurso para presentar el proyecto d« ley y pedir el voto favorable de los procuradores.

El señor Fraga Iribarne hizo un análisis histórico y sociológico de la evolución de las sociedades contemporáneas, así como de la transformación del sistema de libertades públicas. La segunda parte de su disertación consistió en un estudio sobre el derecho de reunión en el Derecho comparado y en el Derecho español, para llegar a una serie de consideraciones finales.

Del discurso del ministro de la Gobernación entresacamos los párrafos más significativos.

• «Hemos de reconocer con toda claridad que existe una cultura occidental, a la que pertenecemos de pleno derecho, que es una cultura basada, políticamente hablando, en unas ideas básicas sobre los derechos humanos y políticos, que constituye una, realidad sociológica, política y Jurídica.»

• «Como el hombre no vive solo, sino en comunidad, ha de aceptar que toda libertad impone responsabilidades. El orden institucional debe ser liberal, pero no puede ser libertario.»

• «No vamos a hacer aquí la lista de esas libertades, progresivamente reconocidas en nuestra legislación fundamental, y en las leyes orgánicas dictadas para su desarrollo: el principio de igualdad ante la ley; las libertades individual, familiar, de propiedad, contractual y de trabajo; las libertades espirituales, de conciencia y cunto, de enseñanza y de expresión (a las que tuve alguna ocasión de contribuir en otras fases de mis servicios al Estado); los derechos económico-sociales; las libertades de participación política. Entre éstas tienen, sin duda, una particular importancia las libertades creadoras de instituciones sociales: la libertad de asociación y de fundación. Pero en el origen de ambas, y en el ejercicio de muchas otras, se encuentra, sin duda alguna, la libertad de reunión.´»

• «EZ derecho de reunión afecta al derecho ciudadano de deliberar, para establecer puntos desvista comunes; como el derecho de manifestación corresponde a la posibilidad de proclamar, es decir, de expresar colectivamente- esos mismos puntos de vista colectivos. En la reunión se trata de ponerse de acuerdo para una determinada acción pública; en la manifestación, de expresar unidos y públicamente ese acuerdo, llamando sobre él la atención del conjunto del cuerpo ciudadano. Una y otra facultad son previas, por una parte, y complementarias por otra, del derecho de asociación.*

• «La reunión es, en definitiva, la agrupación ocasional de los ciudadanos para exponer y oír exponer hechos, ideas y opiniones, y para concentrarse respecto de la promoción de los mismos, en relación con determinados fines o intereses sociales.

i La manifestación es, a su vez, un grupo de ciudadanos que utilizan las vías públícas para expresar defender determinadas I ideas, opiniones o propósitos, o denunciar determinados hechos, ideas o acciones por ¡ medio de su presencia, su número, sus grupos, gestos y símbolos que exhiben. Si se mantiene inmóvil en una plaza o parque público, toma el carácter de concentración; si se mueve sobre las vías públicas, es un desfile; a menudo participa de amóos, comenzándose por uno concentración, donde se oyen discursos y arengas, -y continuando más tarde el desfile por los lugares apropiados, para terminar, en ocasiones, entregando a determinada autoridad o representación algún escrito, petición o protesta.´»

• Cuando el Gobierno de S. M. el Rey y el país entero han tomado decididamente la senda de una reforma democrática del sistema institucional, es evidente que se impone un cambio radical en la considera´ cían y tratamiento del derecho de reunión. Un cambio que viene exigido no sólo en virtud de planteamientos ideológicos, sino, ante todo, por estimaciones puramente pragmáticas. Todos estamos de acuerdo en que el orden público es un valor capital de la convivencia ciudadana; pues bien, no estará de más recordar que el orden público no consiste sólo en el "mantenimiento de la paz interior", sino también, y muy principalmente, en "el libre y pacífico ejercido de los derechos individuales, políticos y 1 cíales, reconocidos en las leyes".

• «Es inútil desconocer y reprimir sis* temáticamente como anormalidades títt demandas sociales primarias; que esta demandas, tendentes a lograr la expresión de actitudes colectivas sobre la cosa P9* blica, no se satisfacen con sucedáneos m>¿-sificadores de la subcultura artística o de~ portiva,

• «Toda regulación jurídica de las libertades públioas debe partir de la base de que éstas sólo pueden desarrollarse en un marco de máxima espontaneidad; la ley, por tanto, debe fomentar y garantizar positivamente tal espontaneidad, sin irrt-poner otros limites negativos que los derivados de la libertad ajena y de la paz pública. Limites asimismo indiscutibles

• «Sí hemos de ser sinceros, habremos de convenir que nuestra vigente legislación sobre el derecho de reunión no cubre esto* requerimientos. Para comenzar, arrancamos de una- anomalía jurídica, no por vieja menos grave. El derecho de reunión, establecido expresamente por primera vet en la Constitución de 1868, se halla regulado por una ley —la ley de 1880-, modificada por una norma del menof rango reglamentario, la orden circular 69 la Subsecretaría del Interior>-de 1939; tp estado de cosas que si fue perfectamente explicable en tos tiempos wácejfcionales eítque se produjo, hoy no puede mantenerse, tras la consagración reiterada por las mí» importantes leyes de nuestro ordenamiento del principio de jerarquía normativa.´»

• . «El sistema actual no sólo lleva a la práctica negación del derecho —porque ni puede llamarse válidamente derecho Ot que su ejercicio está condicionado a una autorización administrativa discrecional—, sino que conlleva un desgaste y una buró» cratización esterillsadóra de empresas mas Acuciante». Se haoe necesatio, por ello racionalizar, dbjetivar jurídicamente el ejercicio del derecho*

• «JEÍ proyecto pretende llevar a capo simplemente la redefinición o nueva fijación de limites en cuatro ámbitos distintos:

jfM "Una corrección de límites entre los *~ Ámbitos de lo Ubre y de, lo reglamentado."

KB "Una retlcfimción de los limites entre ** Zo licito y lo ilícito. Así, sintéticamente, podría decirst que, en su origen, el derecho de reunión sólo viene limitado por las disposiciones de la ley Penal (a su ves objeto dé revisión er estos momentos por la Comisión de Justicia): y que, en su ejercicio, no se oponen a este mismo derecho otros límites que los clásicos, derivados de la existencia de otros derechos con los que pueda entrar en colisión,"

KV "El punto a mi juicio más importante y original, cual es el establecimiento, de un nuevo criterio en el reparto de los poderes de control sobre el ejercicio concreto de los derechos de reunión. Como criterio general, el proyecto persigue un considerable aligeramiento de las Potestades de fiscalización que hoy co-esponden a las autoridades gubernativas; por ello se retorna al régimen de mera comunicación previa en el caso de las reuniones locales cerradas, en tanto que se mantiene el de autorización previa para las que se celebran al aire libre." fU "Se opera una redefinición de li•" mites en el ámbito de las garantías: garantías que en el proyecto exceden sensiblemente de lo puramente jurisdiccional."»

• «41 tener hoy la honra, no tanto como ministro de la Gobernación, en cuyo sector ha de recaer la administración de estas cuestiones, sino comí, vicepresidente del Gobierno y por delegación de su presidente, de someter a vuestra consideración este proyecto de ley sobre el •v&echo ciudadano de reunión, estoy inaii-rando una histórica serie de debates ^-e estas Cortes, en torno a un proceso legislativo de la mayor trascendencia para nuestro país. Es la primera de una serie de reformas que, por una parte, confirman y refuerzan nuestro Estado; por otra, lo ponen al día, ensanchan su base, vilismo frustrador, basado en la desconde la sociedad española de los años 70, y en definitiva, lo acercan a los países de su conjunto geopolítica y cultural.*

• «Al decidir vuestro voto, debéis considerar que estamos construyendo la España de nuestros hijos. Frente al inmo-vilismo frustrador, basado en la desconfianza hacia nuestro maanífico pueblo, y en egoísmos impresentables: y frente a las posiciones utópicas, aventureras o resentidas de este o aquel grupo de rupturistas o revolucionarios, os cabe, señores procuradores, el orientar el cambio social y enderesar el rumbo legislativo vor la vía de la reforma.»

• «Acometed con decisión en estos grandes momentos de nuestra Historia, las ficciones que os corresponden, al servicio del pueblo español, al que representáis. No os dejéis engañar por los cantos de sirena de un lado u otro; allí están las rompientes de la indecisión o de la imprudencia. Al servicio del Rey y de España Hemos de mirar hacia adelante, afirmando los JJfeSt sobre el pasado, pero alumbrando el porvenir.*

• «los libertades individuales son una realidad, y no pretextos para la lucha civil.

• «Dentro de nuestro plan de reforma política, esta ley marca, pues, un primer paso, a la ves lógico e importante. Os pedimos vuestro voto favorable; lo hago pensando en una España más libre, y también más fuerte; más capaz de acometer un futuro que es ya presente. Que vuestro voto sea confirmación de que todos trabajamos en el mismo espíritu, at servicio del Rey y de España.»

 

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