Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   El asno de Balaam     
 
 ABC.    29/12/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

El asno de Balaam

YO no sé por qué los burros tienen esa fama de tontos ni por qué a los tontos se les castiga con orejas de

burro. Se me ocurre Que eso sucede porque el asnillo es un animal dócil y aquí !a docilidad siempre *e ha

tomado por tontería, aunque la verdad es que el asno, es un animal dócil y obediente hasta que no ve las

cosas claras y entonces deja de serlo. En ese momento no obedece al amo y adopta la terquedad del mulo.

Dicen que el burro tiene ´a virtud de no tropezar dos veces en la misma piedra, lo cual es sabiduría que

muchos hombres para si quisieran, y que sabe elegir los caminos más fáciles y transitables. Durante

muchos años, nuestros ingenieros de caminos —o sea, algunos, para que no se me venga encima el

espíritu de Cuerpo— trazaban las carreteras dejándose guiar por un burro al que le habían soltado las

riendas. Fueron necesarios varios años de progreso para que se inventara e) túnel y el viaducto de las

modernas autopistas.

A Balaam se le paró la burra justo en la encrucijada, como para indicarle al amo que allí era donde tenía

que decidirse por el camino malo o por el camino bueno. Yo me imagino al presidente Suárez en estos

momentos encaramado, con perdón, sobre la burra de Balaam, y sin decidirse todavía a tomar el camino

de la investidura o el camino de las elecciones. Don femando Abril ha declared o que «e ha quedado solo

en el consejo de someterse al voto de investidura; pero algún socialista ha dicho que ellos no se fían un

pelo, y que todo eso que Suárez está haciendo lo hace para desconcertar a la oposición. Cualquiera de los

dos caminos que elija el presidente estará erizado de espinas, lleno de baches y plagado de trampas. Para

someterse al voló de investidura antes hay que dimitir, y dimitir es algo que atemoriza a nuestros

políticos, porque todavía tiene un cierto significado de harakiri.

La dimisión del presidente, previa a la investidura, pondría en marcha el proceso constitucional para las

consultas del Rey y la propuesta al Congreso de «nuevo» presidente. El nuevo presidente podría ser el

mismo, naturalmente, y lo lógico sería que así fuese, teniendo en cuenta que don Adolfo Suárez es el jefe

del partido con más escaños en el Congreso. Pero cabe la posibilidad que, desde los sectores de la

izquierda, fuese sugerido algún otro nombre de la propia Unión de Centro, y ya anda en lenguas el del

actual ministro de Hacienda, don Francisco Fernández Ordóñez, quien podría obtener los votos del

partido socialista. Por otra parte, ha stirg i d o la «Operación Fontán», anunciada en estas páginas por

Pilar Urbano, mediante el expediente más o menos literario de recurrir a una echadora de cartas, que ya se

sabe que este país es mucho más amigo de la magia que de la lógica. Y, por último, habrá que pensar en

aquella fórmula arcangélica del «gobierno de neutrales», que ya debe dormir desde hace días el sueño de

los justos, pero que nunca se sabe porque en política como en la caza donde menos se espera salta la

liebre.

Pero también en el camraio de las elecciones pueden aparecer sorpresas y sinsabores. La conformación

actual del Congreso aparece un tanto ficticia en relación con el panorama político de la sociedad española,

sobre todo después de esos últimos acontecimientos políticos. Parece increíble para muchos que la

derecha española sólo tenga dieciséis escaños en un Congreso de trescientos cincuenta diputados. La

reciente alianza de Fraga con Areilza y Osorio está destinada, sin duda, a aumentar esos escaños en

número más o menos notable. Y es casi seguro que, tras unas elecciones generales, no se podrá gobernar

desde un único partido, sino que hará falta algo que es habitual en las democracias de los países latinos:

una coalición parlamentaria para formar Gobierno. Los votos que obtenga la derecha serán a costa de

U.C.D., y ya don Rafael Arias-Salgado ha hablado —con cierto exceso de lenguaje— de «piratería

política» por parte de don Alfonso Osorio.

La solución a la charada constitucional podemos tenerla desde hoy en cualquier momento. La

Constitución ya está firmada y si no ha sido publicada en el «Boletín Oficial» habrá sido porque el día de

los Santos Inocentes no es una festividad oportuna para estas ocasiones, en las que el ingenio popular

tarda poco en celebrar bautizos que luego pasan a la Historia, como aquel de «la Pepa». Al menos hoy es

la fiesta de Santo Tomás Becket, arzobispo de Canterbury, y que, aunque fue un santo que defendió

violentamente la preponderancia de la justicia eclesiástica frente a la justicia del Estado y se apuso a las

«Constituciones» de Clarendon, es al fin y al cabo un santo inglés, y nos cae lejano. Ese es un santo al

que creo que nunca le habrán rezado los españoles. Tal vez la solución salga del Consejo de Ministros que

se celebra hoy, y a lo mejor en las próximas horas el señor presidente del Gobierno se pone ante las

cámaras de la televisión para informarnos de su decisión. Por él sabremos muy pronto cuándo vamos a

volver a votar. Ya dije desde aquí no hace mucho que no se llevaran las urnas demasiado lejos.

Por cierto que a la hora en que escribo están a punto de aparecer en la pequeña pantalla gigante los rostros

de don Marcelino Camacho y de don Nicolás Redondo, aquellos que dieron uno de los espectáculos

político-televisivos más lamentables de nuestra democracia naciente. Esta vez estarán acompañados de

don Femando Abrí!, y ya veremos qué cosas nos dicen todos acerca del problema económico, que es una

inocentada que debemos olvidar cuanto antes. Hablando de inocentadas, un periódico de Madrid dice

como broma del día que los tres aspirantes a la alcaldía de Madrid, José Luis Alvarez, Enrique Tierno y

Ramón Tamames, van a subirse al camello para hacer de Reyes Magos. He leído en algún sitio que los

tres Reyes Magos eran cuatro. La leyenda se comió uno. Aquí pasa lo mismo, porque es muy posible que

entre los candidatos aparezca el nombre de Suárez. No don Adolfo, sino don Fernando.

Y un último consejo al curioso lector y al más curioso elector: esta noche permanezcan atentos al

televisor. Si mis espías paraguayos no me mienten, el presidente nos dará la solución a la charada

constitucional. Para mí es seguro que ef asnillo de Balaam ya haya tomado un camino. Lo que no se sabe

es a dónde nos llevará,—Jaime CAMPANY.

 

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