Autor: ERASMO. 
   Los nombres de las calles     
 
 Pueblo.    05/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LOS NOMBRES DE LAS CALLES

LOS nombres de las calles tienen siempre mucha importancia; pero particularmente más en´aquellos momentos a los que la Historia considera y determina como «de cambio». Y es que no en balde la calle hace a los hombres, y los caminos que ellos corren y recorren día a día son su definición más explícita.

En los pueblos y en las o i u d ades, los hombres son lo que son, y expresan su identidad personal muy especialmente medíante lo* caminos que hacen y rehacen en las direcciones múltiples de su existencia. Él hombre vive hoy en la calle, más que en otro sitio alguno, por exigencia de la movilidad a la que le someten la civilización y el progreso. Precisamente por eso la calle y su denominación le alcanzan y le comprometen mas que lo hicieran antes. Si a esto añadimos que el sentido de la partícipación cívica, por una parte, se ha acrecentado recientemente, y por otra, que las calles y sus nombres se nos han politizado de forma alarmante en los últimos «nos, no resulta difícil predecir que nos encontramos en vis peras de una mayor rssponsabilización ante las calle* y susv respectivos nombres, y no precisamente teniendo en cuenta los distritos postales.

Y en relación con la importancia real y 110 fingida que tienen las calles en la convivencia humana, hay que resaltar que ellas, al margen de la más reciente politización desbordada, fueron y aun pueden ser manuales abiertos de las tradiciones, la geografía, las costumbres, la Historia, el arte..., la hagiografía de los pueblos y ciudades, en cuyos nombres sus habitantes toman contacto cultural con aquello» datos, circunstancias y persona* que de alguna manera hicieron o contribuyeron a la Historia y en la vida de aquellas colectividades.

O c u rre, no Infrecuentemente, que, a pesar d« los cambios a que la política, grande o pequeña, somete los rótulos de las calles, el buen sentido cívico de los habitantes de los pueblos siguen, con mucha frecuencia, denominando a las .calles antiguas como lo hicieran sus antepasados y colocándole a las nuevas nombres más1 en consonancia con su idiosincrasia y con su historia particular.

Con las callé» y sus nombres no ee puede jugar a nada, y menos a hacer política; Es cosa muy seria. No es lícito quitarle el nombre a la calle del Castillo, a la de U Fuente, de la Iglesia, de la Buenávista, del Pilar, Nueva, Chica, Slernes, Cerro Alto, Cerro Bajo, la Amargura,. la China, las Flores, las Gradas... No es lícito desbautizar a estas calles motejándolas nuevamente con unos rótulos que corresponden a nombres o a fechas relacionadas con personas o acontecimientos cuya vigencia será más efímera, discutida y desintegradora de la convivencia de los ciudadanos, a cuya edificación tanto habrán de contribuir lae calles.

Todos deseamos que nos dejen libres las calles, que.no nos las politicen una vez más y que nos permitan recordarlas oficialmente con los nombres de pila qué les pusieron nuestros abuelos, conocedores exactos de toda su historia.

ERASMO

 

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