Autor: Franco Pasqual del Pobil, Nicolás. 
   Francisco Franco     
 
 ABC.    20/11/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

FRANCISCO FRANCO

Ha pasado un año y no ha pasado nada. Quiero decir que, al menos hasta ahora, se lian ahogado los protetas de calamidades. Franco ha muerto. Después de Franco, ai siquiera las instituciories, como se auguraba. Y España sigue erguida, confiada, aunque todavía enigmática, desafiando con serenidad una incógnita.

La muerte de Francisco Franco vació sobre este país nuestro un gran torrente de poder. Paralizado su cerebro, quietas sus manos, un importantísimo caudal de autoridad se ha desparramado por el cuerpo social de España buscando canalizarse de una forma eficaz. El poder que Franco tenía, en origen por la fuerza y con el tiempo por voluntad mayoritaria del pueblo, ha buscado desde su muerte, y todavía busca, adecuadas venas por donde discurrir: es preciso, es urgente, transvasarlo al aparato circulatorio del pueblo español. En eso estamos y en eso confiamos.

En tanto, su fisura sigue nítida en la memoria de España. Sos casi cuarenta años de autoridad, discutida, pero incólume, han escrito un dilatado y fundamental capítulo de nuestra historia. Pasará mucho tiempo antes de que la figura de Francisco Franco sea claramente delimitada. Ahora, apenas a un año de su muerte, la oportunidad periodística o editorial se centra preferentemente en el comercio de la anécdota y del chismorreo, en el juicio liviano o en el urgente partidismo. Porque es pronto para el retrato riguroso que sólo la perspectiva^ histórica podrá boeetar en aproximación verosímil.

Personalmente, y por obvias razones de parentesco, tuve acceso al trato humano con el Generalísimo. Lo veía más hasta que terminé el Bachillerato. Y de tarde en tarde, aunque con alguna intensidad, después.

Le tuve siempre respeto y afecto. Quizá la sangre nos ayudaba a comprendernos algunas veces en las que jo, sobre la lealtad a la persona, emitía públicamente mis discrepancias. Sé que algunos de mis artículos « de mis contestaciones * entrevistas en España, Europa o Estados Unidos, le fueron leídas o avisadas con intención de dejarme en mal lugar « de remarcar mi rebeldía. Sin embargo, Francisco Franco nunca me reprochó nada.

Conmigo siempre fue respetuoso y atento receptor de ideas ajenas a su propio ideario. Le dije en más de una ocasión, de manera cordialmente coloquial, que si él tuviese mi edad, quizá pensara como yo. Y nunca escuché un reproche de sus labios, aunque si, y muchos, me llegaron de las personas que se movían en su entorno. La manida frase de que Franco era más liberal que los franquistas es una sentencia muy a tener en cuenta al proyectar luz sobre su figura

Tengo para mí que el testamento íntimo de Francisco Franco, tras una discutible, pero enorme tarea de reconstrucción nacional, es su deseo de que los españoles organicemos en paz nuestra convivencia.

Coyunturas históricas le llevaron a condenar tal o cual sistema de operatividad política. Pero, por encima de eso, estaba su deseo de concordia y su reconocida posibilidad de equivocación. Fue, como todos sabemos, un gran pragmático que supo adecuarse a la realidad de cada momento. Estoy seguro que vería complacido el ane los españoles acertáramos en ese pragmatismo, incluso cuando lo hagamos al margen de alguna d« sus convicciones. Porque del estudio de casi cuarenta años de franquismo se podrán abrir multitud de debates. Pero hay un punto en el que supongo que habrá grandes coincidencias: Francisco Franco era un político adaptable a las mutaciones provocadas por los acontecimientos. Su muerte, el «gran, acontecimiento» histórico, obliga al pueblo español a buscar nuevos cauces de convivencia.—

Nicolás FRANCO PASQUAL, DE POBIL.

 

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