Autor: A. J. G. M.. 
   Nerviosismo, desconfianza, preocupación     
 
 Ya.    18/11/1976.  Página: 14. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

ACOTACIONES A LA SESIÓN

NERVIOSISMO, DESCONFIANZA, PREOCUPACIÓN

• Cuando el excelente por tanto* motivos señor Lúea de Tena (óon Torcuato) «olioitó el uso de la palabra, al filo de las diez de la noche y a punto de levantarse la sesión, nuestra atención—ya fatigada por la largo Jornada de deliberaciones—se avivó y se centró en su persona. Subió al podio y con voz potente y clara, lanzó una petición.

• "Que nadie utilice rl nombre del Rey ni el de la Monarquía en lo que aquí estamos deliberando, ni el Gobierno, ni ninguna otra persona o grupo. Aquí tío se. discute ni al Rey ni a la Corona." Subo en el salón como un estremecimiento. El señor Lúea de Tena hablaría después en defensa del tistema mayOntario para elegir a tot próximos diimtados a Gorfes.

• Hay algo en el señor procurador que le desazona, como a muchísimos procuradores más: no «aoer íl se van a someter a votación tee enmiendas. ¿Por qué ese silencio, ese misterio en un debate histórico? ¿Qué hay que ocultar para no ceder a esa petición? La Cámara «la atenta en lo que está diriendo e! señor Lúea de Tena.

• El señor tuca de Tena eleva la voz y lanza una sospecha. Tío» viene a la memoria, como un rayo, el verso de Manuel Machado: "Lleno estoy de sospecha* de verdades." £3 señor Lima de Tena dice con claridad meridiana >)ue >oda la Cámara, oye: "Sospecho que existen pactos cuyo conocimiento se ha hurtado a esta Cámara." Y eeta »o»-pecha obtiene un largo aplauso, como de asentimiento.

• Alguien a mi lado recuerda unas frases pronunciadas por Churchill en la Cámara de los Comunes en el verano áe 19S8, dirigidas al primer ministro Cliamberlatn a su regreso de Munich, tras firmar UH pació con Hitler, Mitaxulini y Daladier. Aquellas frases de ChurcMll fueron: "Habéis aceptado el deshonor para evitar la guerra. Pues bic», ya, tenéis el denhonor, y además tendréis la guerra."

• ¿Por qué han venido a la memoria aquellas frases? Han venido porque nacieron del ambiente reinante de las Cortes. Sus señorías desean la reforma política, pero ésta, al terminar la sesión, puede ahogarse por la inflexible postura de no aceptarse modificación alguna, por no facilitar la votación de las enmiendas que se están defendiendo con tenacidad. Hay nerviosismo—tras la confianza inicia]—en el Gobierno en la ponencia, en los procuradores.

• El nerviosismo origina trastornos en sus señorías. El señor Barcena Reus—pálido, triste, afectado en un sillón del salón de conferencias—sufrió una lipotimia, originada por la tensión nerviosa de la sesión.

Varios procuradores más—no demos sus nombres—sufrieron bajas de tensión arterial por motivos emocionales. Nunca, en nuestra experiencia parlamentaria, supimos de tales motivos.

• Hemos escuchada en ío.s nexio-nes (le mañana y tarde numerosas intervenciones. Ninguna de. ellas fue para oponerse a la reforma política, pero sí para, expresar la necesidad de unas cautelas políticas; otras, modificaciones necesarias en el entender de quienes las expusieron. Hay moderación en Jan palabras, que no liieren. La Cámara escucha, asiente, aplaude, medita y muestra su preocupación por lo que se dice.

• Conforme pasan las horas el ambiente e« enrarece, Sus señoría» están graves, lee pesa, como una losa sobre «u conciencia, la responsabilidad del momento >lue vjven. Hemos escuchado, y la Cámara I« ha aplaudido, la honestidad política d« don Raimundo Fernández-Cueeta. ´TVÍe alegraría—>üjo—de que los hechos demostrasen que mis ktea« reformistas del proyecto estaban equivocadas,"

• La Cámara siguió con atención los alegatos del señor Martínez Esteruelas pidiendo cambiar el sistema proporcional de la elección de) Congreso por el mayoritario, y esta, frase, en la que dice que si no ee votan previamente las enmiendas, él y otros procuradores, cuya voz tiene, se abstendrían. ¥ éste es el tema,

• La batalla, principalmente, está centrada en si el sistema de elección debe ser »l proporcional—tesis del Q-obirno y la ponencia—o el mayoñt-ario. Aquí está la clave de la tensión política, de esos incidentes en la talud de alffu«os procuradores. Y mientras tanto, nerviosismo, desconfianza, preocupación...

A. 3. 6. M.

 

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