Este es el hombre     
 
 Informaciones.    19/11/1976.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ESTE ES EL HOMBRE

COMO ai final de un gran eatteuu —España estrenaoa democracia—, el presidente Suáres aplaudía ayer a la¡ Cortes por el triunfo de la madures política. Como al íínat de una gesta histórica, la Cámara, puesta en pie, aplaudía también al protagonista de la reforma: Adolfo Suáres. Ganaba la democracia. Ganaba un hoinKre. En realidad, ganaba España. «No me deis la enhorabuena: dádsela al país» dijo el presidente Suáres a un periodista.

La fatiga se borraba en esos momentos deL rostro araao por la tensión del presidente mas joven de Suropa, y una sonrisa aliviadora volvía a evidenciar que Adolfo Suáres González seguía teniendo cuarenta y cuatro años. Quedaban atrás ciento treinta y ocho días ásperos, consagrados, minuto a minuto, a cumplir el compromiso que había contraído públicamente al aceptar s« mandato- devolver la palabra al pueblo español.

Paso a paso, había logrado aeapeíai la incógnita mictai de ¿u nombramiento. Este «presidente por sorpresa» conseguía con rapidez desvanecer el estupor con que su designación fue acogida —«es inexperto 11 desconocido», se decía— y levantar un clima de respeto hacia un hombre enérgico, como el paisaje de su Avila natal, que sabía minuciosamente a donde se dirigía: a acomodar la legislación al país real. A lo largo de tres mil trescientas doce horas laboriosas de mando, Adolfo Suáres cambió el tono y el estilo político del país y lo llevó a cotas desconocidas durante los últimos cuarenta años. Practicó un inédito acercamiento a la oposición, cuyos frutos se dejaron transparentar en su propio proyecto de reforma política. Las tensiones con la Iglesia se difuminaron tras la renuncia equilibrada a los mutuos privilegios. Y Suáres, también, supo captar el respaldo de las fuerzas armadas a su aca´ic´ada rpjarma democrática.

Pero el presidente sabe que su tnwnio pacifico ae ayer es sólo un principio. El camino es largo y él está dispuesto a recorrerlo hasta el final. Para ello el diálogo —cuya capacidad ha demostrado poseer— será su mejor acompañante. Nosotros le deseamos una feliz andadura, en la que no estará solo, y con gusto repetimos el aesln de las Cortes de ayer: también le aplaudimos.

 

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