Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La fiesta de la democracia     
 
 Informaciones.    19/11/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA FIESTA DE LA DEMOCRACIA

Por Abel HERNÁNDEZ

Alas nueve y media de la noche de ayer, las últimas Cortes de Franco festejaban con abrazos y aplausos el triunfo de la democracia. En las tribunas del salón de sesiones no cabía un alma. Una intensa luz bañaba abajo los rostros de los políticos. Se había hecho la concordia. España pasaba pacíficamente de un Régimen personal a un Régimen democrático. Alguien comenta a nú lado: «España ya no es diferente. Esto es un milagro político.»

La confrontación había sido dura. El día había amanecido con las espadas en alto. Don Cruz Martínez Esteruelas era el centro de la atención. Se tenía conciencia de que en su mano estaba, como representante de Alianza Popular, el acuerdo o el desacuerdo. A media mañana se llegó a la transacción. El Gobierno hizo concesiones en el punto caliente de la elección del Congreso de diputados. Don Licinio hizo de hombre bueno. Don Cruz, al fin, cedió. Cuando, por la tarde, subió al estrado y, en medio del silencio, se mostró razonable, un respiro de alivio recorrió la mayor parte de los escaños. Los que se aferraban al 18 de julio como a un clavo ardiendo, se hundieron en sus asientos. En los pasillos pudimos oír repetida la misma frase: «Ya está. Cruz ha reculado con una enorme habilidad.» El Gobierno Suárez había cumplido su promesa v éste era, por encima de todo, un triunfo sayo.

El presidente aplaudía a la Cámara cuando se hizo público el resultado de la votación. Su rostro, transido por la alegría, no ocultaba el agotamiento. Dijo, humildemente, que no era un triunfo suyo, sino del pueblo. Ahora es el pueblo el que va a tener la palabra. Y de esto se trataba. Todavía no es la democracia, pero es el paso decisivo hacia la democracia. Ayer, por la noche, se le hizo el mejor servicio a la Monarquía constitucional, que encarna don Juan Carlos y que se asentará decididamente en la soberanía popular. El Rey, desde su silencio de La Zarzuela, ha sido precisamente el ccmotor del cambio». Don Adolfo Suárez ha sido el fiel ejecutor. La oposición democrática ha contribuido desde fuera, sin descanso, a empujar el carro hacia las riberas de la libertad, y lo va u seguir haciendo. Los «ortodoxos» del antiguo Régimen han tenido la dignidad suficiente para mantener sus convicciones pacíficamente hasta el final, aun sintiéndose desbordados. El pueblo, en este año del cambio, ha dado muestras supremas de madurez y de sentido común. España ha empe/arto * recobrar su pulso.

Todo esto se nos agolpaba en el alma en la luminosa noche de las Cortes, mientras se sucedían los aplausos y los abrazos entre los políticos. Las Cortes de Franco habían dicho que sí a la democracia y habían demostrado .sentido histórico o, lo que es: lo mismo, sentido común.

 

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