Autor: Oriol y Urquijo, José María de. 
   ¿A quién votamos?     
 
 El Alcázar.    18/11/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

¿A QUIEN VOTAMOS?

¿A quién votamos? Esta es la pregunta que hacen las gentes temerosas de que el voto nos lleve de nuevo a enfrentarnos para diversión de los que nos agravian queriendo evadirse de sus problemas. ´ La respuesta no puede darse desde la debilidad, con gritos destemplados, temiendo todo acabe en una vuelta al muladar donde perdimos,nuestra dignidad nacional. La respuesta debe darse desde la firmeza.

No vamos al desastre. Lo que está ocurriendo es lógico que ocurra y lo lógico sólo es desastroso si nos limitamos a contemplarlo entre lamentaciones y protestas.

Pese a los improvisadores del porvenir, Franco cristaliza la primera etapa instituyente en el proceso iniciado el 18 de Julio de 1936, que sigue vigente.

¿Etapa instituyente, si sus propias hechuras la están liquidando? Pese a las apariencias, es instituyente. ¿Proceso vigente, si las opciones que se nos dan son variantes de ruptura? Proceso vigente. Es un error creer que la muerte del Caudillo agotó ese proceso.

Esta afirmación no la hago en estado de embriaguez ideológica. La hago, ateniéndome a los hechos.

Es un hecho que al morir Franco, se ha producido un vacío. El vacío lógico después de una ígrga vacación mental, al amparo de una tutoría vigilante. Es un hecho que quienes pretenden edificar el presente desde el presente, ignorando la razón de la etapa que él capitaneó, le recuerdan con aversión aunque alegan indiferencia, mientras que quienes le recuerdan con ´ añoranza, temen el agotamiento de ese proceso.

En la polémica que surge entre los que tienen como base -£ie coirTcídériera el respeto leal a su memoria y los que tienen como base de coincidencia una aversión radical a esa memoria, los primeros parecen carecer de iniciativa y los segundos andan de cabeza.

Tiene triste gracia que quienes hablan de "reconciliación", exijan a los leales que se traguen, su lealtad. Si hay que tragarse algo, ¿por qué no se {tragan ellos su aversión? La aversión es ineficaz. Hace actuar con los papeles desactivados. Impide ver los hechos. Ciertamente, con aversión no vamos a parte alguna, y con trágalas, tampoco. Dejémoslo.

Los que se limitan a añorar la memoria del Caudillo no reflejan una lealtad acorde con su planteamiento y su actuación. La lealtad exige que discurramos con identificación crítica en torno a ese planteamiento y actuación.

Su planteamiento se llamó Movimiento Nacional. No me refiero a lo que figuraba con esa etiqueta oficial, como exponente de una teoría que debía calar en el pueblo. Me refiero a la energía que emana del ser nacional de España. Esa energía puede fundir la fidelidad a Tas grandes unanimidades nacionales que forman la Tradición, con la inquietud ante los problemas de esta hora, solucionando los auténticos y eliminando los ficticios. La fidelidad a la Tradición no puede seguir alimentándose en la pura continuidad de un ayer idealizado como si fuese depósito intocable de todas las legitimidades históricas. Y no tiene sentido convertir la inquietud en agitación revolucionaria, pagada de palabras equívocas y sonoras. Es necesario movilizar la razón que integra esas dos actitudes en una interacción concertada, para devolver al hombre el sentido del "nosotros", y de la interdependencia encarnada en la Patria, y liberarle del anonimato materialista que le reduce a la condición de objeto manipulable. Pero despertar la conciencia de esa necesidad no es labor de un día.

Cuando el mundo malvive en medio de la crisis del bienestar egoísta que es fuente de malestar, necesita un camino de esperanza que no sea mera plataforma electoral.

Esta es, en mi opinión, la razón de la vigencia del planteamiento que se llamó Movimiento Nacional.

En su actuación, Franco se vio condicionado por las circunstancias que le forzaron a adoptar unas medidas ambivalentes. Lo que era su fuerza personal, era la debilidad de su ´Régimen. Todos descargaban en él sus responsabilidades personales.

A Franco le dejaron solo los que se atribuyen el papel de intérpretes del sentir nacional en las primeras horas del Alzamiento, pero no supieron interpretar ese sentir. El reaccionó aceptando quedarse solo.

Desde el campo del Requeté, salieron remilgos de procedimiento y reservas de fondo ante las decisiones que Franco necesitaba tomar, con una responsabilidad que no podía compartir. Los esfuerzos aislados para poner en valor la aportación de los criterios tradicionalistas, sólo fueron parcialmente oídos, seguramente, porque fueron, planteados con una visión tan inac-tual como parcial. Desde el campo falangista, aceptaron la disciplina aunque la procesión iba por dentro.

En los frentes de combate, roquetes, y falangistas cumplieron con su deber, como la mayoría de los combatientes que no eran ni requetés ni falangistas.

La retaguardia no asimiló la mentalidad de vanguardia para la acción política. Cada uno se encerró en su pasado y no se abrió a la comprensión del presente que estaba naciendo.

Lógicamente, Franco desconoció de todos.

El Régimen se apoyaba en la organización del Movimiento, que a su vez no tenía otro apoyo que el Régimen. Se mantenía nuestro viejo prejuicio celtibérico que consideraba deshonroso aceptar iniciativas ajenas.

Franco esperaba, indudablemente, la acción del tiempo para facilitar la necesaria interacción entre fuerzas diversas, dispares e incluso conflictivas, componentes del proceso que se llamó Movimiento Nacional. Ese proceso no podía obedecer a una acción inmediata y unidireccional.

De momento, la disciplina formal de las consignas suplió la indisciplina de los espíritus. Todo quedó reducido a un montaje administrativo, sin emoción poética ni convicción interior. De momento, no se manifestó la nueva unidad plural que estaba naciendo. Sólo hubo una yuxtaposición de símbolos y un reparto de cargos para atender a, unas posturas personales.

Franco murió para que se puedan abrir cauces a las responsabilidades no endqsables. En la nueva etapa son inevitables algunas tensiones y tanteos, en medio de la crisis de esta hora. No valen las prisas que embarullan ni los temores que frenan. Hay que discurrir con identificación crítica, desde la fe, desde la responsabilidad y desde la vida. No hay por qué seguir navegando a la deriva.

La idea del Movimiento Nacional era sólo un presentimiento. Ha llegado la hora de perfilarla, precisamente porque cada uno tira por su lado y hay quienes quieren relegar esa idea a un recuerdo inútil y poco grato, como si fuese un quiste eliminado.

La idea del Movimiento Nacional no es teoría anacrónica. Es realidad viva que emana del cuerpo Social de la Nación. Sin ella la palabra "democracia", hoy tan aireada, no cala entre nosotros. Produce tertulias ex-cluyentes, grupos de desprecios mutuos, rechazo general. El fallo no está en la democracia, cauce de nuestra responsabilidad no endosa ble. Está en pretenderla prescindiendo de su médula.

¿A quién votamos? A quien ponga en valor, con mayores garantías de acierto, la razón del.Movimiento Nacional.

Lucas Ma DE ORIOL Y URQUIJO

 

< Volver