Una duda que conviene desvanecer     
 
 El Alcázar.    18/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

El Alcázar.

QUE COPIE1DESVANECER

Quienes con pueril triunfalismo calificaban anteayer de "Mstórico" el pleno de las Cortes, se apresuraban ayer, bien que pudorosamente, a camuflar sus aprensiones con alusiones al "fantasma de la abstención", o a disimular sus temores con discretas condicionantes que anticipan et riesgo de que la reforma "podría no pasar".

No conocemos el estado de ánimo en que se debatirán hoy los obligados servidores de la política gubernamental, tentados siempre a pendular entre el triunfalismo y la depresión. La sesión desarrollada ayer martilleó, con exquisitos argumentos de razón difíciles de rebatir, en la conciencia de la Cámara legislativa, en forma que los honorables señores diputados tendrán que considerar como mucho más apremiantes las llamadas de su conciencia, cara al compromiso con el pueblo al que legítimamente representan, que las coacciones más o menos veladas, ejercidas desde las instancias del Poder, con talante totalitario crecientemente incompatible con la trayectoria del futuro.

Las intervenciones de los señores Fernández Cuesta y Martínez Esteruelas, culminaron un proceso clarificador que, a nivel parlamentario, sitúa los problemas del debate en su justa dimensión.

La argumentación del Presidente de la Unión del Pueblo Español, fue, en este sentido, irrebatible. Frente a las coacciones del Gobierno y frente a una inflexibilidad arbitrista en la interpretación del Reglamento de la Cámara, los diputados tienen ja\ derecho a la abstención. No era un argumento de presión. Era la advertencia leal de un influyente grupo parlamentario dispuesto a recurrir a la última ratio" para defender los derechos de los representantes populares.

Fue don Cruz Martínez Esteruelas, con ventaja, riguroso exponente de las razones que asisten a la enmienda colectiva presentada por los hombres de la Alianza Popular. Los términos de su propuesta fueron taxativos: votación separada y previa de las enmiendas, o abstención de su grupo. Así, sin equívoco posible. Sin fisura posible, también.

Y tras este prolegómeno, una espléndida lección de rigor conceptual y discursivo, para defender el sistema mayoritario, frente al proporcional pretendido´ por el Gobierno. Su aportación fue doctrinal, no especulativa. Confirmó el diagnóstico presentido: "La representación proporcional impide que en las Cámaras estén presentes en su real dimensión aquellas fuerzas que representan las corrientes profundas de la opinión y las grandes opciones que sólo los grandes grupos políticos pueden ofrecer". Más aún: "El sistema proporcional, al hacer énfasis en lo que divide al elector y no en lo que le une, promueve la fragmentación de la vida política, la dispersión de los esfuerzos y la inestabilidad crónica del sistema político". "El sistema mayoritario recoge, en cambio, la realidad de las grandes afinidades nacionales, de las fuerzas políticas con capacidad de convocatoria y enfrenta la política de Estado a la política de partido".

Irreprochable.

Solamente dejó flotando en el ambiente, seguramente por equivocidad o por "lapsus", una duda que convien desvanecer. Aquella basada en su tajante afirmación de que si se atendía a su petición de votación separada y previa de las enmiendas, daría su voto al proyecto del Gobierno. Estamos seguros que Martínez Esteruelas no fue eso lo que quiso decir. Y hasta es posible que todo se deba al mal entendimiento de quienes lo escucharon. Porque sería inadmisible incongruencia descalificar lo que propone el gobierno, con la fuerza de argumentación que empleó, y después caer en al tentación de apoyar la tesis rebatida, sólo porque haya sido satisfecha una demanda procesal. Pero como ésto fue lo que entendieron no pocos procuradores y algunos periodistas presentes en el hemiciclo, recogemos la duda y la planteamos con ánimo clarificador. Sería penoso que toda la brillante y rigurosa argumentación desplegada se quemara, finalmente, como, un simple fuego de artificio. Por eso insistimos cerca de don Cruz: esa duda conviene desvanecerla. Nos ofrecemos como tribuna.

 

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