Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   ¿Por qué va usted?     
 
 El Alcázar.    18/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

digo yo que..?

¿POR QUE VA USTED?

Por que va a ir usted j J[ mañana a la Plaza de " Oríente?. Usted no hizo la guerra, no conoce ni siquiera el suplíalo de las retaguardias, el miedo y la penuria. Us.téd, tal vez, no haya cantado el "Cara aí íol" ni haya alzado el brazo oon la palma abierta que es el saludo de la Europa civilizada más antiguo y más bello. Usted no tiene condicionamientos precisos ni sus familiares padecieron los horrores de la contienda civil ni interés [ninguno le ^ha movido a enrolarse en la política del Movimiento. Usted ha sido un español cualquiera. Pero creció en la España de Franco; se hizo hombre en ella, participó de muchas cosas mientras Franco estuvo vivo. Supo lo que era Ja paz del mismo modo que ahora sabe lo que es el desasosiego. Probablemente sus padres no tenían Seguridad Social, ni Mutualidades, ni les fue posible estudiar como usted ha estudiado gracias a que en tiempos de Franco los sacrificios siempre tenían un pago. Usted ha sido simplemente un español sin problemas al que asombraba que en Europa no se pudiera salir de noche y que existiesen "maffias" vergonzantes para las cuales la vida de un hombre no valía una peseta. Usted ha gozado de las playas y el sol de España en la tranquila compañía de su mujer y. sus hijos.

Usted ha empezado a dar a sus vastagos una educación. Usted se ha visto favorecido por puntos, trienios y demás complejos sociales que no existían en los tiempos de sus padres.

Cuando ha salido de España usted ha visto en muchos sitios la violencia, el asco, la pobreza, mientras se holgaba aquí dentro observando un desarrollo casi increíble y viendo como las antiguas carreteras eran sustituidas por autopistas modernísimas. Usted ha viajado en los aviones de la flota de Iberia, manejados por los pilotos más competentes de Europa y América. Usted ha sentido la alegría de ser español. Usted formó su hogar porque la paz le permitió formarlo. Cuando sus chiquillos bajaban a jugar al jardín o a la calle les advertía que tuvieran cuidado con los coches, pero no necesitaba decirles que tuvieran cuidado con las bombas, con los secuestradores, ni con los maleantes. Usted ha podido comprar un piso a plazos y un coche que le ha llevado por toda la geografía española a donde ha querido, sin que nadie le impusiera rigor en la residencia y sin más salvoconducto que su carnet nacional de identidad. Usted, probablemente, se ha permitido los sábados por la noche cenar con los amigos y tener largas charlas en donde, inevitablemente, se ha contado algún chiste sobre Franco. Usted sabía que por contar chistes no le iban a meter en un centro psiquiátrico, no le iban a deportar a Siberia, ni le iban a encarcelar. Usted ha palpado la libertad y la alegría de vivir.

Cuando vuelve a casa, preocupado por los acontecimientos diarios, conecta su televisor, saca un refresco de la nevera y busca un libro en una biblioteca hecha con esfuerzo, o reposa en uno de los muebles que compró también con el producto de su trabajo. Usted no tiene ideas políticas. Usted no conoce más política que la de la prosperidad, el sosiego y el bien común. Usted no quiere meterse en líos, lo ha dicho reiteradamente. Es el ciudadano medio, el hombre sobre el que caen á plomo las injusticias de los gobernantes o las veleidades de los políticos sin talla. Por eso va usted mañana a la Plaza de Oriente. A agradecerle a Franco que se ha hecho un hombre durante su mandato, que la paz que Franco le regaló le ha permitido todo lo antedicho, que mientras que Franco estuvo vivo, \igilan-te de la felicidad de los españoles, usted pudo vivir su propia felicidad. Por eso va a honrar la memoria de un hombre que sacrificó toda su vida en el servicio leal a la Patria, inasequible al desaliento, franciscanamente enhiesto en la cumbre de las mejores cosas españolas. Usted va a agradecer a Franco el haber podido realizarse como ser humano sin tiros, jaleos, huelgas y confusiones.

Y sabemos que usted no ha cantado el "Cara al sol", no ha saludado brazo en alto, no se ha introducido en el planeta de la política ni tantas otras cosas. Pero tras una meditación, ha comprendido usted que hasta el abrigo que lleva puesto se debe en parte a alguien que trabajó duro y continuamente para que usted pudiera llevarlo. Y a eso va usted a la Plaza de Oriente: a rezar en homenaje por el mejor de los españoles desde hace muchos siglos.

 

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