Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   ¡Cuidado!     
 
 Informaciones.    07/07/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LETRAS

DEL CAMBIO

¡CUIDADO!

Por Jaime CAMPMANY

Me llegan noticias de que un considerable número de españoles de diversas regiones que trabajan

actualmente en Barcelona han reaccionado con dureza contra algunos partidos de izquierda, a los cuales

acusan de haber pactado o hecho el juego a la burguesía catalana en lo que se refiere a la pretensión de

exigir el uso del catalán a todos los residentes en Cataluña. Estiman esos trabajadores que el conocimiento

del idioma podría convertirse en una discriminación perjudicial para ellos y en una manera de conctar

prácticamente la libertad de tos españoles para fijar su residencia y buscar trabajo en el lugar de España

que prefieran.

Este hecho no deja de ser preocupante y debe aconsejar a las autoridades de la Generalidad y a los

catalanes de nacimiento e idioma un trato muy prudente de esa cuestión. Durante años los catalanes han

sufrido la humillante injusticia de ver perseguida su lengua, tratada con desprecio y casi asfixiada por la

imposición del uso del español o, como dice la Constitución, del castellano. Ellos deben comprender

mejor que nadie la desesperación de quien, viviendo en su patria, grande o chica, no puede expresarse en

su lengua materna.

Cataluña es una región rica e industrializada, y a ella acuden obreros y funcionarios modestos desde otros

lugares de España. Esos obreros y esos modestos funcionarios permiten a los catalanes dedicarse a tareas

y empresas más rentables o distinguidas. Facilitarles y estimularles al conocimiento y uso del idioma

catalán puede ser algo hermoso y loable. Exigirles ese conocimiento y uso en forma imperiosa; sentarles,

a cualquier edad, en el pupitre de una escuela a enseñarles el catalán a la fuerza; impedirles el seceso a

puestos directivos, a profesionales liberales en la plenitud de ejercicio, o a puestos de trabajo por el hecho

de que desconozcan la lengua vernácula, es una grave injusticia y un mal para todos: para catatanes y para

no catalanes.

En el fomento de las lenguas de España, que deben convivir junto al castellano y cuya riqueza se debe

conservar y acrecer, hay que detenerse en un punto: el de la imposición. La prevención, la antipatía e

incluso, en algunos casos, el odio hacia la lengua castellana, se explican por la torpeza de querer

imponerla a la fuerza, en contra del uso de la lengua materna. No vayamos ahora a caer en el mismo

pecado, haciendo de las lenguas vernáculas un instrumento de humillación y discriminación a los

españoles de otras regiones. En todo ese asunto habrá que andarse con cuidado.

 

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