Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Entre el sí y el sí, pero...     
 
 Pueblo.    17/11/1976.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Por Joaquín AGUIRRE BELLVER

ENTRE EL SI Y EL SI, PERO...

MILAGROS Heredero, r«cién llegada a las Cortes en calidad de cronista de un diario aragonés, está parada en la rotonda donde confluyen todos los pasillos de las Cortes, y está mirándolo todo ávidamente, tratando de sacarle sentido, de sacarle noticia a todo, a las caras, a los atuendos, a los gestos, a los diálogos, ai bullicio de unos momentos antes que los timbres anuncien el comienzo de la sesión. Me ve pasar y me retiene para hacerme esta tremenda pregunta:

—Oye, tú que llevas mucho tiempo aquí, dime qué es distinto hoy de otras veces.

—Pues verás... Yo veo a la gente otas preocupada que antes.

LUEGO, en el calor de un debate que ha estado al rojo vivo, era como si los procuradores fuesen aclarándose, tomando postura. Pero lo cierto es que jamás he visto a estos señores Can callados, tan meditabundos, como cuando iban llegando, ayer, al palacio de las Cortes He aquí lo más grave que me han dicho, en el terreno de las confidencias:

—Esta es la trampa saducea, Aguirre, y estoy atrapado; si digo que si, me van a tachar de desleal, y si digo que no, me van a meter en el bunker.

Hay quien no se lo toma tan a pecho. Mateo Tari llama a Mamegam y le pide que me fotografíe a su lado, «para tener un recuerdo de que estuve en estas Cortes».

—Porque a lo mejor mis nietos, un día, no se lo creen.

Era toa. atmósfera asi, entre la indecisión, la nostalgia, el cálculo.

UNA espléndida tarde parlamentaría. ¿Quién dijo que se habían acabado los oradores? La polémica entre Blas Pinar y Fernando Suárez va a pasar a, la Historia, y no sólo a la que escriben los eruditos, sino a la Historia en que suspenderán a nuestros descendientes j;sus profesores en el colegio. Allí aparecerá don Blas, con su corbata a rayas rojas —en recuerdo de las boinas requetés— y rayas azules —en recuerdo de las camisas falangistas-^, y allí aparecerá don Fernando, chaqueta oscura y corbata gris, en atuendo que quizá sea´de protocolo para la inauguración del futuro Congreso dé los Diputados. Va a ser difícil la lección. Si hoy sale usted a la calle y les.pregunta a muchos de qué va la cosa y se quedan boquiabiertos, si hoy, sin ir más lejos, había por los pasillos quien preguntaba qué había que votar, será de ver cómo explican este lio, ante las fotos de don Blas y don Fernando, ios maestros de tumo, Y a lo mejor algún padre desnaturalizado castiga a su hijo por el suspenso en Historia. Yo defiendo a esos niños inocentes desde aquí. No les hagamos, también a ellos víctimas de la trampa saducea.

NO, Alcaína no ha huido a Panamá huyendo de ella, no, señores, pese a lo que hayan insinuado los periódicos. Alcaina está aquí, soy testigo. Alcaína iba y venía por los pasillos con un traie marrón y ,una horrible corbata a gritos. Me ha dicho, cogiéndome por las solapas, como si yo tuviera la culpa de esa acusación de que un grupo de procuradores se quitaba de enmedio para acudir a un congreso hispanoamericano:

—De eso, nada. Yo. a votar aquí, y luego, lo que sea.

LLENO a rebosar. Un público apasionado. Cuando llego a ocupar mi asiento en la tribuna de prensa, tres señores respetables ocupan nuestros asientos, tres señores que se resisten pasivamente a dejarnos el sitio. Cuando les pedimos que nos lo cedan, apasionados como están por presenciar el espectáculo, uno de ellos grita:

—¡Ya está bien de Prensa! Si, por lo menos, ¡aprendiesen a escribir! Y se van, muy dignos, los tres.

EL presidente ha tenido que frenar te, pasión de la tribuna pública advirtiendo que está prohibido a los espectadores iniciar los aplausos. Le han obedecido. Pero ha habido uno que. a partir de entonces, si no los iniciaba, los terminaba. Mejor dicho, parecía c¡ue no iba a terminar nunca de aplaudir a don Blas Pinar, aunque se quedara solo.

POR los aplausos no se puede juzgar, al meno," en estas Cortes. A juzgar por la ovación a Suárez gana Suárez; a juzgar por la ovación a don Blas, gana don Blas. Pero háganme ustedes caso: gana Suárez. Otra cosa es sí se elige el sistema mayoritario o se elige el sistema proporcional.. Sobre eso no me atrevoa hacer predicciones. Le h« preguntado a Cruz Martínez Esteruelas, que hablará, casi el último, para mantener el suspense hasta el final, y me ha dicho estas enigmáticas palabras: .—Sobre la marcha se irá dibujando la estrategia.

NO puedo decirles más acerca porque el líder más señalado de Alianza Popular no me ha dicho más y seguramente porque de verdad no sabía más. Estrategia. De tal forma ha planteado las cosas el señor presidente, que nadie puede hacerse la menor idea de cómo ni por qué orden se celebrarán las votaciones.

Al comienzo de la sesión, en un intento desesperado por aclararse de una vez, un procurador pasó a don Tor-¿"uato la súplica de que diera, aunque fuese Una pista, y don Torcuato respondió que puede elegir, en su momento, entre tres fórmulas, la segunda de ellos dividida a su vez en dos opciones.

He aquí uno de los principales motivos de esa incertidumbre de que hablé al principio. Más que unas Cortes dubitativas, se trata de unas Cortes estupefactas.

AFRODISIO Perrero me da alguna luz acerca d« lo que está pasando con la Alianza y el mar de dudas en que se debate:

—Si se vota la ley y no las enmiendas, tendríamos que abstenernos. Porque no pasamos por e] sistema proporcional en las elecciones Pero si caben las enmiendas, votaríamos sí a la ley y luego apoyaríamos el sistema mayoritario.

DOS momentos "de máxima tensión. Bueno, uno d« tensión y otro de alarma. El de máxima tensión, cuando Pinar desafió a Fernández-Miraada, ya que había tomado postura ante el tema declarándose a favor de la reforma política. « dejar la -presidencia y etefond«r sus ideas desde e:l escaño, como uno más.

La tensión no estuvo en el reto de Pinar, sino en la posibilidad de que Fernández-Miranda aceptase, que capaz es, ya lo creo.

—Mira, ni se ha inmutado —comenta alguien junto a mí.

Y luego comienzan a correr´ por la tribuna de Prensa susurros de «¿a que acepta?» Y como-don Torcuato se pusiese a manejar con Bomojaro, el secretario, el librito verde del Reglamento, hubo un instante en que todos temimos que don Torcuato entrase en la liza.

—Está consultando, a ver si el Reglamento so lo permite.

LA alarma estalló a las ocho y doce minutos, cuando hacía uso de la palabra Fernández de la Vega y estaba diciendo aquello de «primero, la consulta al pueblo...» iBooooooom! Como una bomba. Todas las miradas se volvieron hacia nosotros, el palco de Prensa, no porque los periodistas fuésemos sospechosos, no, sino porque sonó a nuestra espalda. Hacemos señas a la presidencia de que nada anormal ocurre. Una trampilla metálica, que separa dos pisos, en un zaguán, se ha caído estrepitosamente.

--Pero, ¿qué ha sido eso?

—Nada, la trampa.

—La trampa saducea, claro.

—Será.

DOS oradores, dos opciones. No se engañen ustedes. Al si de Fernando Suárez no se le opone en las Cortes ei no de Blas Pinar, sino el sí, pero de !a Alianza. El planteamiento de) debate de ayer puede ser un motivo de confusión realmente notable. Ya digo que pasará a la Historia, y eso es lo que me preocupa.

Así acabaremos por no entendernos ni nosotros ni nuestra descendencia acerca de lo que ocurre en este país. Me ha dicho Calvo Hernando:

—Lo que me preocupa es que no te veo cara de gran scasión histórica.

Seguro que tenía razón Seguro que ayer tuve toda :a tarde la cara de quien no puede hacer nada por evitar que la Historia sea un inmenso lio.

 

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