Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Cabañuelas políticas     
 
 Hoja del Lunes.    14/08/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Los episodios nacionales

Yo no sé si don Juan María Bañares —que es la versión senatorial de don Francisco Letamendía, o sea, el

"Euskadico Esquerra" del Senado—cuando dijo eso de que el Consejo General Vasco estaba sometido a

espionaje telefónico por el Gobierno tendría los dedos cruzados, como hacen las colegialas cuando echan

alguna mentirilla. En cualquier caso, el señor Bandrés estaba en su derecho, porque para eso en una

democracia parlamentaria los diputados y los senadores pueden decir lo que les salga de la inviolabilidad.

Ningún señor diputado ni ningún señor senador está obligado a decir la verdad, ni siquiera a subrayar sus

afirmaciones o acusaciones con el "palabra de honor, ni engaño a la Virgen ni engaño al Señor", como

hacíamos en mi escuela de párvulos. Se entiende que cuando en la democracia alguien se dedica al juego

político del embuste, en el pecado lleva la penitencia. El señor ministro del Interior llamó por dos veces

mentiroso al señor senador "aberzale". Si esto hubiese ocurrido en tiempos de nuestros bisabuelos, la cosa

habría terminado en duelo y el señor Bañares hubiera mandado los padrinos al señor Martín Villa. Pero

ahora corren otras témporas y otras costumbres y en vez de que le den a uno la tarjeta de visita o que le

arrojen el guante se rocían con una ráfaga de proyectiles de "parabellum". Algunos senadores centristas

abuchearon al señor Bandrés, el señor ministro del Interior llamó mentiroso al señor Bañares y el señor

Bandres miró al soslayo, sentóse y no hubo nada. Hay que reconocer que estamos ganando mucho en las

formas del diálogo. Una democrática acusación, un democrático insulto y un democrático abucheo. Y

aquí ño ha pasado nada. Lo malo es cuando llega el anda ja,leo, jaleo, ya se acabó el alboroto y ahora

empieza el tiroteo.

Al final del altercado senatorial, la abstención de la izquierda hizo posible que se retrasara la aprobación

de medidas contra la actuación de bandas armadas, con lo cual el Estado, la democracia y todo este

tinglado que estamos montando para asombro del mundo se quedarán un rato más sin protección y a la

intemperie.

Tal vez suceda que el Senado siga con su complejo de ser la "Cámara de los amenes" y quiera demostrar

que algo tiene que decir en la elaboración de las leyes y se dispone a actuar incluso en la Constitución,

sin reparar que la Constitución estaba ya aprobada por el famoso "consenso" en el reservado de un

restaurante y en el despacho de don Gregorio Peces-Barba. En este país hay que llevarse mucho cuidado

con los despachos de don Gregorio, ya sea don Gregorio Peces-Barba o don Gregorio Marañón. No me

acuerdo quién dijo que la República se había resuelto en el despacho de un médico, como si fuera

una apendicitis. Ahora la Constitución se ha pactado en el bufete de un abogado, como una

herencia "ab intestato". Pero a pesar de todo el consenso que amasó don Fernando el Caótico, que Dios

guarde, el Senado ha presentado una espantable cantidad de enmiendas al texto constitucional. El señor

duque de Fernández Miranda abandonó el grupo de UCD en virtud de aquella frase histórica del señor

Jiménez Blanco: "O te callas, o te vas", y ahora aparece en la comisión constitucional y los periódicos han

publicado una fotografía del señor duque, sonriente, recibiendo un enorme mamotreto de enmiendas. La

sonrisa del señor duque es tan picara en ese trance como si en vez de recibir los mamotretos de las

enmiendas a la Constitución estuviese recibiendo los famosos mamotretos en que dividió don Francisco

Delicado su divertido libro "La lozana andaluza", especie de "Emmanuelle" de nuestro neolítico literato.

Durante estos días, con los calores de agosto empezarán las presiones más o menos amistosas para que los

señores senadores retiren sus enmiendas, enciendan sus semáforos verdes y levanten arcos triunfales al

arco de la Constitución. Y es que en este país apenas traemos de nuevo la luz y los taquígrafos queremos

apagar la luz y echar a los taquígrafos, y eso de la inviolabilidad parlamentaria lo dejamos para las

mentirillas de don Juan María Bandres. Si al final de toda esta historia se rompe el consenso, que debe de

tener la fragilidad de una torre de cristal o de un castillo de naipes, vamos a terminar los españolitos por

enterarnos de lo que corre por debajo de algunos de esos artículos de la Constitución que fueron reñidos

por don Fernando el Caótico .y por don Alfonso el Batallador en singular combate gastronómico, y que al

final fueron escritos, como en una servilleta de papel, por la letra menuda y trágica de don Miguel Roca

Junyent, que ha hecho en la historia el papel de Celestina entre el Calixto del "pesoe" y la Menudea

"centrista".

O sea, que todavía está por ver si ésta va a ser la Constitución de la reconciliación o la Constitución de los

trastos a la cabeza, y ya hay algunos que están enarbolando el asunto de las nacionalidades, o de la

enseñanza, o del sistema económico, o de la huelga, como si fueran ases de bastos. Con todo nos pasa lo

miamo y siempre nos sucede igual. El Senado, no el español, sino el norteamericano, ha acordado que se

nos devuelva el "Guernica", que ya era hora, pero entonces nosotros empezamos ya el pleito de si el

"Guernica" tiene que estar en Guernica, en el Prado o en el Museo de Arte Contemporáneo o en el desván

de las inutilidades, como quiere don Federico Carlos Sainz de Robles. Encima llega no sé quién y dice

que la vuelta del "Guernica" puede servir para la reconciliación. Y es que los españoles tenemos una

peculiar manera de reconciliarnos. Lo malo será que también en este tema intervenga el señor Abril

Martorell para lograr el consenso, porque me temo que, en este caso, el "Guernica" se queda en el museo

de Nueva York por los siglos de los siglos.

Aprovecharé la ocasión de citar al señor Abril Martorell para defender la especie, extendida estos días por

los círculos políticos de Unión de Centro Democrático, que desde la Moncloa se iba a proponer su

candidatura como papable al próximo conclave. Sin embargo, ya se está diciendo que el próximo Papa va

a ser un Papa "centrista", con lo cual el partido de don Adolfo Suárez se sentirá muy reconfortado para

afrontar las elecciones municipales y para que confirmen a su líder en la presidencia del Gobierno una vez

aprobada la Constitución. Por otra parte, España ya se ha adelantado al Colegio Cardenalicio y a las

inspiraciones del Espíritu Santo. Un español se ha autonombrado papa, porque España y yo somos así,

señora. Don Clemente Domínguez ha dado un golpe de estado pontificio y se ha proclamado sumo

pontífice en El Palmar de Troya, que es algo así como nuestro Vaticano de la España insólita y diferente.

En un país donde los señores ministros pueden ser ministros, y los señores diputados pueden ser

diputados, y los señores senadores pueden ser senadores, y así sucesivamente, no es extraño que don

Clemente Domínguez pueda ser papa.

Habrá alguien que ya esté estudiando la manera de relacionar al antipapa Clemente con las profecías del

falso San Malaquías y tratar de justificar eso de "de medietate lunae".

Menos mal que a San Malaquías no se le ocurrió hacer ninguna profecía sobre la lista de presidentes del

Gobierno español, porque hubiese sido divertido adivinar quién va a ser el sustituto de don Adolfo Suàrez

por el mote cabalístico que le asignara el santo. Lo que no se podría decir de él es eso que ha dicho el

nuevo del Gobierno portugués, o sea. que no se esperaba el nombramiento, porque aquí ese

nombramiento se lo esperan todos, quién más, quién menos.

Las cabañuelas políticas de este agosto presagian un año 1979 bastante tormentoso. En este agosto está

pasando de todo. No hay día que no traiga vientos, granizos, nieves o auroras boreales, en el sentido

político de la meteorología. Así que los almanaques zaragozanos para uso de políticos van a estar llenos

de augurios de toda clase. Salvador Dalí ha dicho que quiere que en su sepultura escriban eso de "genio y

figura hasta la sepultura", que es un epitafio válido para cualquier español, ya se llame Clemente

Domínguez, Juan María Bañares, Alfonso Guerra o Fernando Abril. Lo que pasa es que muy pocos tienen

genio, figura tampoco, si se quita, naturalmente, el caso de don Adolfo Suárez y de don Felipe González,

que quedan muy bien en la televisión y en los carteles electorales. Y es que vivimos en el apogeo de la

figura y en la declinación del genio.

Jaime CAMPMANY

 

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