Autor: Coll, José Luis. 
   Mi voto     
 
 Diario 16.    14/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Mi voto

De manera agobiante, machacona y contumaz, se me está diciendo que acuda a las urnas para emitir mi voto afirmativo, para que acuda a las urnas con mi voto negativo y que no deje de acudir a las urnaa con mi voto en blanco, amén de otras voces sugestivas que me aconsejan que ignore las urnas.

Para aquellos que no creemos de manera fulminante y absoluta en la eficacia de ningún sistema de gobierno, cuando, por el contrario, sí creemos en la eficacia de la penicilina, esto es un verdadero lío, capaz de confundir la más preclara y sana inteligencia. Por una parte, se me dice que "esto" es un paso hacia la democracia, en la que el pueblo llevará la voz cantante, con el sufragio universal, personal y secreto. Por otra, se me ruega o exige que vote "no", en pro del continuismo, que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Asimismo, se me suplica el voto en blanco para no hacerle el caldo gordo (no comprendo que los caldos sean «ordos ni flacos) a unos u otros. Y aún hay unos "cuartos" que abogan por ninguna de las tres cosas. O sea, que me quede en casa durmiendo o leyendo "El triángulo de las Bermudas".

¿No hubiera sido mejor y más consecuente hacer un referéndum preguntando si se quería el referéndum?

Pero como esto ya no es posible, ¿no se podría votar sí, votar no y votar en blanco, todo en conjunto? ¿E

incluso prorrogar el referéndum un día más para los que no quieran acudir?

A mis más de cuarenta años, reconozco que no estoy seguro de nada. Sin embargo, mi hijo el mayor, con dieciséis, lo tiene muy claro, y lamenta no tener los veintiuno exigidos para disponer de su opinión. Es lastima que yo no pueda cambiarle mi edad por su criterio. Me encantaría teaer dieciséis años y estar seguro de algo. Pero me tengo que conformar con los míos y propalar má desconcierto.

Prohibo que nadie atribuya frivolidad a mis palabras. Me preocupa y aterra que, a medida que uno empieza a bajar la cuesta, todo sea más confuso, el horizonte más oscuro y el futuro más imprevisible. Y me llena de envidia y nostalgia que la Juventud sea consecuente consigo misma, que crea que está en posesión de la verdad o incluso que lo esté realmente.

No obstante, i n e vitable-mente, yo tengo que optar por una de esas cuatro actitudes, y que quede en reposo mi conciencia.

Por tanto, ya sé lo que voy a votar.

 

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