Autor: Rubio, Francisco. 
 Primera consulta popular. 
 La ley de Reforma Política, aparente y contradictoria     
 
 Diario 16.    14/12/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

La ley de Reforma Política, aparente y contradictoria

Francisco Rubio

El tema del referéndum, su objeto, es la, ley de Reforma Política. En apariencia se trata de una ley breve y clara, destinada simplemente a hacer posible la elección, por sufragio universal, directo y secreto, de una Cortes bicamerales, integradas por un Senado y mía Cámara de Diputados, con iguales poderes cuando elaboren leyes de rango constitucional y con poderes ligeramente inferiores para el Senado (potencialmente menores, pues la decisión última corresponde al Gobierno) en materias de legislación ordinaria. Ambas Cámaras contribuirán en Igual medida a la formación del Consejo del Reino y ambas estarán presididas en último término por un presidente de las Cortes, que será también presidente del Consejo del Reino, situado por encima de los presidentes que cada una de ellas se den.

Esta apariencia de simplicidad desaparece, sin embargo, en cuanto se intenta un ajiáislis, por somero que esté sea. Formalmente la nueva ley es una mas de nuestra Leyes Fundamentales (la octava); materialmente puede ser su episodio final, la conclusión del largo periodo constituyente iniciado, con la promulgación del Fuero del Trabajo, en 1936 y el comienzo de uno nuevo, o puede no ser nada, una simple ocasión perdida. Su característica más destacada, desde el punto de vista Jurídico-político, es en efecto, la ambigüedad, como resultado de une acumulación de contradicciones entre las que pueden destacarse las siguientes:

Contradicción entre forma y contenido.—La ley de Reforma se ha producido, formalmente, de´ácuerdo con el procedimiento establecido para la reforma de las Leyes Fundamelatnes. SU contenido, sin embargo, viola frontaimente la sustancia política de estas leyes. Los argumentos, utilizados en las Cortea para defender su congruencia con éstas y, en especial, con la ley de Principios Fundamentales no pueden enñagar sino a quienes están decididos a dejarse engañar por cualquier cosa y son un insulto a la

inteligencia. Es un híbrido d« reforma y ruptura, una rompiforma.

Contradicción entre letra y espíritu.—Sometida a referendum por ser éste necesario para aquellas. leyes que derogan o modifican las Leyes Fundamentales, la ley de Reforma no deroga ni modifica explícitamente ni un solo articulo de una sola de estas leyes. Implícitamente está muy clara la derogación de los artículos 2 y 12 de la ley de Cortes y del artículo cuarto de la ley de Sucesión, por haberse modificado la composición de los órganos a los que dichos artículos ee refieren y muy oscura y discutible la derogación o modificación de los trescientos y pico artículos restantes. Esta oscuridad engendrará, necesariamente, muy largos y enconados conflictos que no es cosa de detallar aquí. Puede imaginarse, a titulo de ejemplo, el que desencadenará el Consejo Nacional del Movimiento, que no ha sido suprimido ni modificado, por el mantenimiento de sus actuales competencias.

Contradicción entre el fin y los medios.—Si el fin perseguido es el de dotar al país de una nueva Constitución, el medio adecuado seria la convocatoria de Cortes Constituyentes. Las que la nueva ley hace posibles son, sin embargo, Cortes ordinarias, que podran, o no, hacer una nueva Constitución, según lo juzguen o no convenientes las fuerzas que las dominen y que, por lo demás, son tan perfectamente Inadeeu a d a a para llevar a cabo una obra constituyente (una Asamblea constituyente bicameral en un puro absurdo) como para desempeñar las funciones de una legislatura ordinaria (un Parlamento que no- puede exigir responsabilidad al Gobierno y que no puede ser dl-suelto por éste sólo es posible en una República presl-dencialista, no en una Monarquía parlamentarla).

Podríamos seguir acumulando contradicciones, pero para muestra basta con las señaladas. En definitiva, lo que con la nueva ley se nos propone á los espafioles es un salto de la irracionalidad para a la pura ambigüedad. Para el político práctico quizá no hubiera otra salida (aunque yo creo que sí), pero se comprenderá fácilmente que el teórico no sienta entusiasmo.

(*) Profesor encargado de Catedra de Derecho Político en Ia Facultad da Derecho de la Universidad Complutense.

 

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