Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    14/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

LUNES, 13 DE DICIEMBRE

En este país —como gustan de decir los jóvenes Larra de la actualidad, bien provistos de pilosidades- y hasta de pluma, si bien menos vocados al suicidio, que don Mariano José, lo cual es mala leche— hay mucho público que vive la noticia, el entretenimiento y la cultura exclusivamente a través de la televisión, a la hora, popularmente, se la denomina "televiansón".

Estos hombres han ignorado —gracias a la tele que no nos ahorra exhortaciones a la libertadla presencia de Carrillo en Madrid su desafío al Gobierno y otros detalles del golpe escénico comunista durante tres días y pico, en plena era liberal, de apertura informativa y otras zarandajas semejantes utilizadas a diario, en el lenguaje del establecimiento. Puede calcularse que Santiago Carrillo se apareció a sus fieles y a los periodistas, con error de pocos minutos, a las 12,16 p.m. del pasado viernes, día 10. Hasta que hoy, lunes 13, a las 15,10 p.m. no han contemplado los espectadores, en color o blanco y negro, la vera efigie inmóvil de nuestro ministro de la Gobernación, mientras el locutor de turno, que no me he fijado quien era, nos daba cuenta de sus declaraciones sobré el caso, habían transcurrido

73 horas y 54 minutos en un magnífico silencio administrativo que demostraba a un tiempp la capacidad de reacción gubernamental y la paciencia asombrosa de los pioneros de la libre información en la pequeña pantalla. Porque puede entenderse que el Gobierno congelase la noticia por los siglos de los siglos en todos los medios informativos, pero es absolutamente irrazonable y patéticamente demostrativo del escaso entrenamiento gubernamental ante la sorpresa, que permitiera a la prensa —de la Radio no sé nada porque no la he vuelto a escuchar desde que mi querido Matías Prats cantó el gol de Zarra en Maracaná— dar abundante noticia de la "milagrosa" aparición de Santiago Carrillo en Madrid, de sus opiniones políticas, con fotos y toda la pesca, y tolerase comentarios de todo tipo desde casi todos los puntos de vista, mientras que la ventanita de RTVE en cada bar, cada casa, cada hotel, cada pensión o cada parador de Turismo, permanecía virgen de tal noticia, en una candida doncellez que hubiera hecho las delicias de mi fallecido y añorado amigo don Gabriel Arias Salgado. Por otra parte, ¿no hubo cámaras de "televiansón en el festejo?

Algo me he barruntado yo que iba a ocurrir cuando he visto a Lalo Azcona con jersey de cuello de

cisne, que le queda muy bien, si bien como el color era decididamente azul he dado en pensar que acaso iba a proclamar su af ilización a Falange Española. No ha sido así. Tampoco se lo hubieran permitido los censores, las cosas como son. El simpático y voluble locutor —que, por cierto, era un buen periodista, de pluma personal, con propio acento y gracia— se ha limitado a recitar su parte alícuota del telediario, y la única novedad en el programa ha consistido en enterar a los españoles exclusivamente informados por RTVE, de lo del Carrillo. Con igual prontitud y eficacia nos enterarán el día menos pensado de la muerte del Tintoretto, el asunto de Adán y Eva o la pérdida de Santiago de Cuba. Las declaraciones del señor ministro de la Gobernación resultaron tan ingenuas, intrépidas y lamentables que mientras yo empujaba los guisantes con el pan no pude menos de pensar que si Franco se hubiera gastado el dinero de las becas sindicales en ametralladoras o en chupachus, el porvenir estaría mucho más seguro y todos los españoles respiraríamos más tranquilos. |Y eso que el señor ministro de Información —que yo sepa— no es tan becario sindical como el de Gobernación!. Hermanito, vota NO.

 

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