Autor: Bugeda Sanchiz, José. 
   Absentismo capitalista     
 
 Pueblo.    14/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ESTAMOS habituándonos, como quien oye un tópico, a la afirmación de que nos hallamos frente a una profunda crisis de inversiones. El capital se retrae p o r las causas que sean, rentabilidad que no cubre sus apetencias, inseguridad en el futuro o, simplemente, ganas de torpedear el desarrollo económico de nuestra sociedad. No voy ahora a entrar en el análisis de estas motivaciones. El hecho es que la ausencia de inversiones agrava de modo notable la situación económica, aumenta el paro y no origina los nuevos puestos de trabajo que el desarrollo demográfico exige.

Es claro que el resultado es malo para todos. Pero las soluciones que se apuntan son siempre débiles. Se busca todo lo más algún estímulo a los posibles inversores diseñando perspectivas de mayores ganancias, se derr ochan exenciones fiscales —con lo que de nuevo el empobrecimiento del presupuesto revierte en mal para todos— o se proporciona dinero barato a través del crédito con el subsiguiente proceso inflacionario. Nada más. Y pienso que se trata de un enfoque incorrecto de la cuestión.

Todas estas soluciones serian quizá buenas ante la realidad de una descapitalización general de los posibles inversores. Si es que no tienen dinero, habría que proporcionárselo en buenas condiciones. Pero me parece que la cuestión no es ésa. Me niego a admitir que los capitalistas españoles se hayan quedado sin un duro, cuando las cifras de evasión de pesetas al extranjero alcanzan niveles de espanto. Dinero hay, lo que pasa es que buena parte de él no está colocado sobre el tapete. La producción está basada en la conjunción de capital y trabajo. Ambos son elementos inseparables. Si uno de ellos se retrae, la producción se resiente y pueda sufrir un colapso. Estamos acostumbrados a que los poderes públicos sólo estén organizados para impedir la retracción del trabajo. No hay constitución política donde no se diga expresamente que el trabajo ea una obligación ineludible de los ciudadanos. Cuando, a pesar de las declaraciones constitucionales, los trabajadores deciden dejar de trabajar tienen siempre pendientes de sus cabezas las leyes reguladoras, para impedir que su huelga afecte a la comunidad. A veces, no son ya las leyes las que se han usado para disuadir a los huelguistas, sino la fuerza pura y simplemente. Es cierto que la retracción del trabajo ocasiona a todos una pérdida. Como lo es que incluso loa sistemas legales que reconocen al trabajador el derecho de huelga son siempre restrictivos y prohiben el dejar de trabajar en determinadas circunstancias: servicios públicos, huelgas salvajes, etcétera.

Pero no encontramos nada semejante con respecto al capital Si las porras de los gendarmes han acompañado tradieio-nalmente a los huelguistas, no veo la razón de que el capitalismo no inversor no tenga el mismo acompañamiento. La retracción del capital es mucho más grave y amenazadora para todos. Pero ni siquiera está tipificado como delito el no invertir. E! capital pue-ie hacer lo que le dé la gana, y todo lo mas hay que animarlo con ventajas. El trabajo, si se ausenta, que se atenga a las consecuencias.

No se me escapa que esta s i t u ación proviene de una organización social en que el verdadero poder no está nunca en las estructuras políticas, sino simplemente en el dinero. Este es el que ha organizado la sociedad a su gusto, y no los partidos políticos. Y, ¡claro!, no iba a organizaría contra sus propios intereses. Yo, lo que estoy deseando es saber que pasa a las Cortes un proyecto de ley para regular el absentismo capitalista. Con sus correspondientes consecuencias si se vulnera.

José BUGEDA

 

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