Autor: Ballarín Marcial, Alberto. 
   El campo dice basta     
 
 Ya.    04/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

El campo dice "basta"

LA rebelión del campo, cualquiera que sean los orígenes concretos y particulares de la primera protesta,

ha adquirido proporciones tales que se convierte en fenómeno general, imposible de ligar a posturas u

organizaciones políticas o profesionales aisladas. Es todo el campo español el que le dice a la sociedad, a

la Administración, al Gobierno, con el canto monótono, pero rotundo, de los pistones del tractor: "Basta."

BASTA ya de que cada año se deteriore la renta agraria (20 por 100 en 1976), en una línea descendente

que ha llegado a tocar fondo con un 25 por 100 de índice de paridad. Esta es la verdadera causa

estructural de la cólera campesina. Y eso en un momento de recesión económica con un millón de

parados, lo que imposibilita la emigración del campo a la ciudad. Antes, los agricultores estaban mal,

pero sus hijos podían escapar a tan fatal destino. Ahora, en cambio, se hallan forzados a comerse su

pobreza en los pueblos rurales, tristes y envejecidos. Este es el hecho nuevo que todo lo cambia: se acabó

el proceso de emigración iniciado a finales de los años 50 y que logró sus cuotas máximas en los 60. Así

se explica que en el Sur, sobre todo, aparezca de nuevo el espectro del paro, los jornaleros sin ocupación,

desesperados, que nos pueden recordar los tristes días de los años 1931, 1932...

ESTA claro que una nueva política agraria se impone. Se ha producido una alteración fundamental de los

supuestos sobre los que se basaba la anterior.

PERO los agricultores decimos "basta" no sólo al deterioro progresivo de la renta agraria en general, sino

a los métodos del Gobierno, consistentes en entenderse el Ministerio de Agricultura con la Hermandad

Nacional de Labradores para elaborar las respuestas a los problemas agrarios. El retraso en aprobar la ley

de libertad sindical ha sido, en realidad, la causa inmediata de la protesta. Posponer en él tiempo esta

libertad de la fijación de los precios anuales nos ha parecido una maniobra tan torpe como sospechosa. Y

ello porque hemos advertido la inconsecuencia en que incurría el Gobierno. Si el presidente dialoga con la

oposición, si en el ámbito sindical se hace lo mismo, ¿por qué no se ha aplicado igual método en el sector

agrario, en espera de contar con una nueva legalidad? Desde el momento que se ha enviado a las Cortes la

ley de libertad sindical, dictaminada ya por la ponencia, quedó fuera de juego la representatividad de la

organización verticalista anterior. El Gobierno debió obrar en consecuencia admitiendo una comisión

negociadora "de facto". La verdad es que eso no se hizo para tratar de colarnos, por la puerta falsa, una

subida de precios agrarios injusta, que astutamente se ha ido haciendo por "trozos" para facilitar su di-

gestión.

EL campo no puede admitir tal subida, no sólo por ser escasa (pues resulta inferior al 20 por 100 de la

cifra de inflación), sino por el modo de realizarla, poco democrático ciertamente. Será preciso darla per

no hecha y volver al único camino recto y conveniente: la negociación con las "instancias de hecho", o

bien debe aprobarse de inmediato la ley de libertad sindical, abriéndose la ventanilla a las organizaciones

profesionales agrarias de carácter voluntario para negociar con ellas ese paquete de precios.

EL campo dice también "basta" a la mera política de precios. El campo sabe que por ahí le puede llegar

un alivio momentáneo de sus dolores, mas no la curación de su enfermedad crónica. Esta requiere una

serie de medidas en profundidad que, por lo menos, habría que esbozar para añadir a la "reforma política"

y a la "reforma sindical" la "reforma de la agricultura". Y decimos esbozar porque evidentemente una

reforma de tal porte la habrán de hacer las Cortes constituyentes, primero, y las otras, después, aunque

bueno sería contemplar en el Ministerio un ánimo de comprensión y de planteamiento ambicioso. Es

cierto que el campo tendrá que esperar en esta materia, pero debe constar, desde ahora y en claro, que dice

"basta" a la política anterior.

EN suma, el Gobierno se enfrenta de inmediato, a propósito de los precios agrarios, con el dilema

"inflación-justicia". Comprendemos que es difícil de escoger, pero éste es el duro destino de quien

manda: hacer que las cargas - es decir, la inflación - se soporten proporcionalmente, evitando que un

sector se vea sacrificado. El campo dice "basta" en cuanto a pagar él la factura de la inflación.

EL Gobierno debe tener en cuenta que toda injusticia provoca desórdenes. Por lo tanto, para que vuelva el

orden y la paz a los campos es menester que regrese a ellos también la justicia.

Alberto BALLARIN MARCIAL

 

< Volver