Nuestros Bernardos     
 
 El País.    28/08/1976.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Nuestros Bernardos

LA PRENSA española ha llenado sus primeras páginas con la efigie del principe Bernardo de Holanda.

Los periódicos dedican planas enteras a denunciar al consorte de la reina Juliana, acusado hasta el

momento de haber observado una conducta incorre"cta en sus relaciones con determinados medios

financieros, y concretamente, con la compañía Lockheed, la sociedad norteamericana fabricante de

aviones y proveedora de la aviación militar holandesa.

Por ahora, la comisión Donner, encargada de la encuesta sobre las actividades del principe, no le ha

acusado de percibir ningún soborno de la firma estadounidense, ni le ha atribuido ninguna culpabilidad

concreta en relación con el millón cien mil dólares distribuido en La Haya por los desvergonzados

vendedores americanos. Por el contrario, lo que la comisión investigadora concluye es que la conducta del

príncipe ha sido imprudente en sus contactos, habida cuenta de la situación que el marido de la soberana

ocupa en el país.

Otra cosa es que el príncipe Bernardo se revele ahora como persona excesivamente vinculada a la alta

finanza transnacional, un mundo caracterizado muchas veces por la ausencia de información transparente,

por sus hábitos de secretismoy confidencialidad y por su afición al tráfico de influencias. Parece claro que

una personalidad como la del príncipe de los Países Bajos debería haberse esforzado por no entrar en el

resbaladizo terreno del big business si quería preservar del escándalo el trono de su mujer.

Los sistemas políticos de Holanda y Japón se han hecho, en las últimas semanas, acreedores del respeto

mundial: dos regímenes que encarcelan a un antiguo primer ministro por percibir una comisión y privan

de sus empleos civiles y militares al consorte de la reina, por mera conducta imprudente, demuestran la

capacidad de autocrítica y revisión que otorga su verdadera fuerza moral a las democracias.

Ya en ocasión del encarcelamiento del ex premier japonés Tanaka decíamos que aquél era un ejemplo a

tener muy en cuenta. La Lockheed, al parecer, ha sobornado también en España. ¿Dónde están entre

nosotros los Tanakasdetumo?

Pero no es sólo el caso de la Lockheed. ¿Quién ha in.vestigado las irregularidades cometidas a lo largo de

las últimas décadas? ¿Dónde están los informes públicos sobre las regulaciones urbanísticas, las

concesiones mediatizadas, los fraudes alimentarios o la utilización del crédito oficial?

En un país donde las especulaciones inmobiliarias han producido algún que otro cadáver; donde algún

dignatario ha adornado su domicilio particular con lienzosde los museos nacionales; donde mueren en los

lavabos de una cárcel los encartados de Redondela y donde se tarda meses en obtener información firme

sobre las actividades ibéricas de la casa Lockheed, no está bien escandalizarse sin más ni mas ante la

imprudencia de Bernardo de Holanda. Fariseísmo se llama en la Biblia a esa figura.

 

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