Autor: Cruylles de Peratallada, Santiago de. 
   Pacto frente a trauma     
 
 ABC.    15/12/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

PACTO FRENTE A TRAUMA

Por Santiago de CRUYLLES

¿Es el referéndum un mero acto jurídico sin trascendencia política ante e1 cual el pueblo puede desentenderse? De ser únicamente esto sería lógico quitarle importancia a la votación que ha de tener lugar hoy, día 15. Se trataría de un acto de trámite ante el cual el electorado estaría en derecho de abstenerse. Pero —aparte de que quienes predican esa postura lo hacen por motivos puramente políticos y como un desafío a los cuarenta años del régimen de Francisco Franco,—, en mi opinión, el referéndum tiene que entenderse como la sanción, por parte del pueblo español de un pacto de cambio politico; es decir, el pacto que hace posible que un régimen personal que ha durado cuarenta años se transforme en una democracia de tipo occidental. La ley de reforma política que je somete a aprobación en este referéndum no es otra cosa aue el texto de ese pacto entre el pasado y el porvenir, que. de aprobarse, hará posible una evolución sin trauma entre la Historia de los últimos cuarenta años y un futuro de concordia oara todos los españoles de buena voluntad cuyas pos-toras no estén radicalizadas por el rencor o el odio.

Es lógico que cuarenta años de régimen personal, cuarenta años de dominio de una clase política, de la cual forman parte la mayoría de los hombres que gobiernan España ahora, haya provocado sentimientos encontrados y entre ellos rencores, odios, frustraciones, que ahora, desgraciadamente, afloran. Pero f-onsiderada esta ley de reforma política como un pacto entre el pasado y el porvenir, esos odios y esos rencores debieran dejar de ser protagonistas para dar paso a un» esperanza de futuro en el cual se descarten los motivos pasionales que puedan haber surgido en este largo período de tiempo une acaba de terminar.

Ahora bien, la validez de ese pacto, de ese pacto que propone el pasado al futuro, tiene que ser comprendida en todo su valor. Si no, además de no tener sentido el referéndum, caeríamos otra vez en un callejón sin salida y se malograría el espíritu evolucionista que ha deseado ir sin traumas hacia ade* lante.

Se crearía una situación cuya salida sería políticamente difícil y jurídicamente imposible. Tendríamos que pensar otra vez en algo ya superado, un Gobierno autoritario r acaso unipersonal jue gobernara a golpe de decretos leyes. No creo que serenamente, sensatamente, pueda ser esto recomendable si no deseamos seguir por caminos negativos.

Es posible que, como catatán, el es-oiritu pactista que domina anormalmente el sentido político de mi tierra me haga desear con ahínco esa solución pactada; este pacto que se propone a la aprobación del pueblo español. Pero entiendo que, por encima de las reservas que pueda suscitar el hecho de que sean unas Cortes elegidas en el período que ahora termina las aue sometan a referéndum el proyecto de ley de reforma política, cada uno de nosotros ha de tener la suficiente altara intelectual y de pensamiento para aceptar cnanto de positivo tiene el sistema seguido v dar por buenos los métodos empleados. Poroue. en cualquier caso, lo aue sí estoy seguro de poder afirmar es que siempre es mejor un pacto que un trauma v creo que * la juventud española —de la que forman parte nuestros hijos— les hemos de dejar una fsnaña en lo posible sin odios y no nacida de un trauma, sino de un pacto.—S TW r

 

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