Referéndum. Adolfo Suárez a los españoles. 
 "Sólo el pueblo tiene autoridad para dirigir el cambio"     
 
 Arriba.    15/12/1976.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 60. 

"Sólo el pueblo tiem

• «E/ Gobierno pide el sí, aun respetando otras posiciones

• Estoy convencido de que el pueblo español reforzará su serena y digna decisión de votar por una España en paz y concordia basada en la soberanía popular»

• «Detrás de la Ley no hay ningún secreto, ningún misterio, ningún pacto»

MADRID. (De nuestra Redacción.)—El Presidente del Gobierno, don Adolfo Suárez, dirigió anoche el siguiente mensaje a los españoles a través de Radiotelevisión Española:

Buenas noches.

A los dos días de jurar mi cargo de Presidente del Gobierno ante Su Majestad el Rey, prometí dedicar mi esfuerzo a un objetivo, que es el objetivo de la Monarquía a la que servimos: darle al pueblo español el protagonismo que le corresponde. Han pasado cinco meses —diría que cinco importantes meses— y ha llegado la hora: mañana son convocados a las urnas más de veintidós millones de españoles para decidir su futuro político.

En la víspera de este acontecimiento, comparezco una vez más ante ustedes para explicar los criterios del Gobierno sobre temas que a todos interesan: dar cuenta de cada uno de nuestros pasos; acudir a la opinión pública y a la consulta, porque el Gobierno de Su Majestad el Rey, que me honro en presidir, quiere gobernar asistido por la sociedad.

Por ello, deseo hacer constar ios principios que inspiran la reforma política que mañana se somete a sanción popular. Se trata, en primer término, de modificar nuestras estructuras políticas con el único fin de acomodarlas a ía realidad de España y al pluralismo existente en su base social.

No nos mueve para ello ningún afán de gobernar con espectacularidad, ni ningún deseo de protagonismo.

No servimos tampoco intereses de partido, por muy respetables que éstos sean para nosotros. Cuando el Gobierno se califico a sí mismo como gestor de la transición política, estaba indicando un estilo, un procedimiento, pero también un servicio: eí servicio que se deriva de trabajar en equipo a favor de nuestro pueblo y de nuestro Rey.

TODO HA CAMBIADO

Es evidente que todo ha cambiado en esta nación. Desapareció la excepcional figura de Franco. Surgió en la piel de España, en toda su riqueza, un pluralismo que tiene que ser aprovechado y canalizado para ser útil a la comunidad. Se están estructurando nuevas fuerzas sociales que deben tener oportunidad de someterse al contraste del voto popular para que puedan aportar su iniciativa al quehacer nacional.

¿Hemos de asistir impasibles a esta profunda mutación de nuestras relaciones? ¿Es lícito que adoptemos la cómoda postura de contemplar el cambio sin proporcionarle ios instrumentos jurídicos y políticos para que sea positivo y creador?

Por supuesto que no. Por supuesto que es obligación del Gobierno, porque así se lo encomienda la Ley, porque así lo demandan ustedes y porque ese es ei espíritu de la Corona, dar respuestas válidas a todos estos desafíos del momento histórico y tenemos la seguridad de que en la España de hoy la integración plena de todos en la comunidad nacional no puede darse sin libertad política. El procedimiento para elfo es esta (ey para la Reforma Política, cuyo destino deben decidir mañana.

Mi comparecencia ante estas cámaras no es para pedir un voto ora-tuito a favor de Ja ley. Es, sobre todo, para pedir un voto en conciencia, un voto que haga posible que la Constitución española, los comportamientos políticos españoles, respondan a las exigencias actuales del país.

No significa, en absoluto, que ignoremos nuestro inmediato pasado.

Significa que lo asumimos, pero que lo asumimos con responsabilidad.

Significa que recogemos su herencia, pero la recogemos con la exigencía de perfeccionaría y acomodarla —come cualquiera de nosotros hacemos en nuestras casas— a las demandas actuales de la gran familia nacional.

Significa en definitiva, que hemos aceptado el compromiso de la reforma para engrandecer la legalidad, para hacer más sólida la concordia y para crear una absoluta transparencia en los comportamientos públicos, puesto que nada de cuanto ocurre en España debe ser ajeno a ningún español.

Detrás de la ley que mañana se somete a votación no hay ningún secreto, ningún misterio, ningún pacto.

QUE CONTROLE EL PUEBLO ESPAÑOL

Si ustedes me pidieran un nuevo resumen de sus objetivos, los condensaría en una sola frase: queremos que el pueblo español controle y dirija a través de sus representantes, libre y democráticamente elegidos, los destinos de nuestra Patria. Las próximas elecciones —si ustedes aprueban esta ley— dirán quiénes son los depositarios de la confianza popular. Pero ahora mismo ni el Gobierno, ni las fuerzas políticas, ni ninguno de nosotros, individualmente, podemos desprendernos de la obligación de hacer posible todo eso.

Por ello, cuando íes pedimos que mañana vayan a las urnas, que mañana voten, que mañana ejerzan la soberanía que la ley les otorga, no es por afán de ganar una batalla que no hemos planteado.

Es, únicamente, porque creemos que nadie, salvo el pueblo en su conjunto, como dueño de sus destinos, tiene autoridad para dirigir eí cambio.

Si pedimos la presencia de todos en los colegios electorales, es por la convicción profunda de que el nuevo marco político que buscamos sólo será respetado si se basa en el consentimiento general de la nación.

O dicho de otra forma: sólo disfrutaremos de seguridad, de estabilidad política y de horizontes claros si la reforma se asienta en la voluntad general.

Porque creemos que es así, hemos dado este paso, y porque creemos que estamos abriendo el futuro efe España a una sociedad plenamente democrática, sin riesgos y sin temores, defendemos hasta el último momento esta ley, que marca un camino de nuevas oportunidades a la libertad y a la convivencia.

ESPAÑA, LA TIERRA DE TODOS

Quiero ahora recordar unas palabras del Mensaje de la Corona:

«Soy consciente de que un gran pueblo como el nuestro, en pleno período de desarrollo cultura!, de cambio generacional y de crecimiento material, pide perfeccionamientos profundos. Escuchar, canalizar y estimular estas demandas es para mí —señalaba nuestro Rey— un deber que acepto con satisfacción.»

Tan noble propósito no puede quedar sin que todos arrimemos nuestro hombro para hacerlo posible: para que esta España sea la tierra de todos cuantos en efía viven; para que sus Instituciones tengan un lugar holgado para cada ciudadano y cada ¡dea política; para que ninguna iniciativa quede en silencio, ni ningún esfuerzo esté condenado al olvido.

Quizá todo esto no se podía hacer cuando nuestra principal preocupación era reconstruir España. Pero hoy, sí.

Hoy, si, porque España tiene un orgullo: el orgullo de un pueblo que siempre, y muy especialmente a lo largo del último año, demostró un excepcional sentido de la responsabilidad.

Moy, sí, porque ese mismo pueblo, de cuya capacidad de convivencia se desconfiaba, ha demostrado, en casi cuatrocientos apasionantes días, una serenidad a prueba de sacrificios y sobresaltos.

Hoy, sí, porque los treinta y seis millones de españoles constituyen la gran garantía de futuro.

Hoy, sí, Insisto, porque aunque haya quienes desean hacer coincidir sus atentados con la gran ocasión de una consulta popular, la Inmensa mayoría de los ciudadanos no sólo es afena a sus desafíos, sino que los condena, porque el lenguaje de la violencia ya no es —gracias a Dios— el lenguaje de nuestro pueblo.

Este, es, señores, el gran dato en que se funda nuestra confianza. Y la ley para la Reforma Político se basa en .él: en la voluntad, la gestión y el control del gran pueblo español. Yo espero y deseo que tocto» los partidos y grupos políticos, y cuantos dedicamos nuestro esfuerzo a la vida pública, seamos capaces de seguir los mismos caminos. Pero no basta con esperarlo. Hay que hacerlo posible. Y (a fórmula, la única fórmula es conseguir que los dirigentes y los representantes salgan de ese mismo pueblo, con autenticidad y libertad.

Los extremismos

Naturalmente, los grupos extremistas y automarginados desean Impedir este paso hacia la normalidad del pueblo español. Lo están demostrando por todos los medios a su alcance: la fuerza de la violencia, la coacción, el secuestro y el crimen. Acciones de esta naturaleza indican una crispada ¡nsolídarl-dad en sus autores, y es lógico que provoquen reacciones difíciles de controlar en un primer momento, Pero hay que decir con claridad que los grupos extremistas no son en modo alguno representantes del sentir del pueblo español.

En los últimos años muchos Gobiernos de todo el mundo han sido sometidos a presiones terroristas, de las que España no ha sido excepción, ni tampoco comenzaron en nuestro país ccn el estreno de la nueva etapa política.

El asesinato del almirante Carrero Blanco, los atentados que costaron la vida a tantos servidores públicos, son otros tantos dolorosos ejemplos de un ataque subterráneo anterior al comienzo del cambio político.

E) Gobierno que presido sabe distinguir las aspiraciones sociales de las intentonas terroristas; las fustas exigencias de la participación en el poder a través de procedimientos civilizados de las actitudes subver-

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utoridad para dirigir el cambio"

• Los grupos extremistas y automarginados desean impedir este paso hacia la normalización del pueblo español»

• QUE NADIE INTERPRETE LA SERENIDAD COMO FALTA DE DECISIÓN»

• "EL CRIMEN Y LOS ATENTADOS SERÁN PERSEGUIDOS CON TODO RIGOR»

sivas de los auténticos enemigos del Estado y del pueblo. Y porque sabemos distinguirlo, reconocemos ia dificultad de la transición, pero no podemos renunciar a ella, porque sentimos acuciante la obliga ción de devolver al pueblo español su soberonía y su protagonismo.

El secuestro de De Oriol

Hoy, la nación está apesadumbrada por la noticia del secuestro del Presidente del Consejo de Estado y Consejero del Reino, don Antonio María de Oriol y Urquijo. Ante esta criminal acción, como ante cualquier otra planteada como chantaje o coacción, este Gobierno compromete su autoridad en Impedir que la violencia consiga imponerse a un Estado de Derecho; que ia intimidación trate de apoderarse de una sociedad que conquistó muy trabajosamente su paz; o que estos hechos, tantas veces inevitables en el mundo de hoy, sean manipulados desde perspectivas interesadas de grupos.

Pero, igualmente, nos parece inaceptable que se trate de capitalizar estas trágicas circunstancias a favor o en contra de un Gobierno, con falsas acusaciones de debilidad. Que nadie interprete la serenidad como falta de decisión. El crimen y los atentados contra la paz son y serán perseguidos con todo rigor. En cambio, la oposición política, planteada con argumentos legales y válidos, es contemplada por el Gobierno con naturalidad y deseo de que se convierta en enriquecimiento de la vida colectiva. Se aplicará la Ley a quien la infrinja, pero se construirá una Ley amplia para toda la sociedad.

El proceso político que está viviendo España es quizá único en la Historia, pues difícilmente se encuentran precedentes conocidos. Si toda cambio político Implica dificultades, lo que es excepcional implica dificultades excepcionales.

La transición política

El Gobierno es plenamente consciente de las graves dificultades que comportar conducir la transición política, pues en etapas como ésta se generan, lógicamente» recelos e incomprensiones en los diferentes sectore^ de la sociedad, sean de centro, de derecha o izquierda.

Es muy estrecho el camino por ef que tiene que transcurrir (a acción del Gobierno en estas circunstan cias y, por otra parte, está siempre erizado de dificultades, ya sean económicas, políticas o sociales.

Realizar un cambio que es verda dero y hacerlo pacíficamente sin revoluciones y sin traumas, es una empresa merecedora de despertar las mayores ilusiones.

En consecuencia quiero asegurarles que el Gobierno está firmemente decidido a continuar su andadura porque espera encontrar ei apoyo de

la mayor parte del pueblo para con seguir que todos los españoles puedan seguir caminando hacia ei fu turo, no sólo sin sentirse heridos, sino con la frente alta y la conciencia limpia.

Conocemos nuestros objetivos. Somos conscientes de nuestro compromiso. Sabemos de ia dificultad de gobernar una situación de cambio, cuando la legislación está an ciada en el puerto de salida y tenemos que llegar al puerto de destina de una democracia plena. Por toda ello tenemos que conseguir un difícili equilibrio: el difícil equilibrio de conjugar la legítima autoridad del Esta do y el prestigio de sus normas con los cambios sociales ya producidas y que son irreversibles.

Yo estoy convencido de que, en estas circunstancias, el pueblo español reforzará su serena y digna decisión de votar por una España en paz y concordia basada en la soberanía popular, porque sólo así

podrán clarificar las situaciones de confusión.

Una vez conocido lo que la ley de Reforma Política pretende, conviene saber que el único riesgo insalvable para el país es volverse de es paldas al curso de la historia. Todo cambio político implica dificultades y tensiones, pero el Gobierno es ab-soiutamente consciente de que preguntarle al pueblo español cómo quiere su porvenir, es el único me dio de construir un futuro sin riesgos,

Pide el «sí»

Por ello todo el Gobierno de Su Majestad el Rey, respetando otras posiciones, pide el «sí» en el referéndum. Pedimos el «sí», para que la política esté en línea con la rea lidad del país.

Pedimos el «sí», porque frente a la imagen de la España diferente, queremos construir la España sin tópicos ni complejos.

Pedimos el «sí», porque aspiramos a que cada español se sienta gestor en los compromisos y en tas obligaciones, pero también en los beneficios de la tarea común.

Pedimos el «sí», porque es necesario abrir las puertas o nuevos representantes legítimos que encaren, con la autoridad emanada de las urnas, las reformas precisas.

Pedimos el «sí», porque este país tiene derecho a instituciones emanadas de los deseos populares,

Pedimos el «sí», porque queremos que haya elecciones; y queremos elecciones porque creemos que de

ellas pueden derivarse soluciones de representatividad para los problemas económicos y sociales, y por que sólo a partir de ellas y de su sinceridad son posibles los grandes acuerdos nacionales que España necesita.

Tenemos derecho moral y Idgal a pedir el «sí», porque el cambio se efectúa desde la legalidad, por ¡os procedimientos previstos en la Constitución; pero con la suficiente perspectiva como para que nadie se considere marginado de las grandes opciones nacionales.

Solo me resta decir que cuando como Presidente del Gobierno c e Su Majestad les invito a acudir a ías urnas y solicito un voto afirmativo, no estoy pidiendo nada para mí Solo pido que, entre todos, hagamos posible que a este pueblo se le devuel va la confianza de sentirse capaz de gobernarse a sí mismo. Solo pido que abramos una puerta a la posibilidad de que nuestra vida pública no dependa de quienes más se hacen oír, sino de quienes mejores soluciones aportan.

Mañana gobiernan veintidós millones de españoles. Mañana comienza, si su voto es afirmativo, una nueva etapa histórica basada en la soberanía popular. Vamos a hacer posible, con nuestro voto, que esta sociedad, tan castigada a veces por la historia, encuentre ahora, en un orden que margine a los extremismos, en una libertad que no ofrezca coartada para la violencia, una nueva oportunidad para la cuncor-dia, la normalidad y la paz civi!. Vamos a servir a nuestros hijos y a las generaciones venideras despejando el futuro de incertidumbres e incógnitas. Vamos a crear una forma de Gobierno estable, con el único procedimiento posible: que sean las mayorías quienes ejerzan el Poder, con un respeto eficaz a las minorías.

Vamos a abrirle la puerta al mandato del sentido común, con rigor, con realismo, pero también con ilusión, porque estoy firmemente convencido de que es posible la consolidación en paz de este gran pueblo que se llama España.

Ustedes tienen la palabra. Muchas gracias.»

Miércoles 15 diciembre 1976

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