Autor: RUY LÓPEZ. 
   Bajo el signo de la confusión     
 
 Diario 16.    15/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Bajo el signo de la confusión

Ruy López

En 1947 o en 1966, en los anteriores referendums, la cuestión estaba clara: los fránquistas a un lado, los no franquistas al otro. El "sí" y la abstención eran sólo las dos alternativas fácilmente comprensibles. Pero en el referéndum de 1976 esta claridad ha desaparecido para verse sustituida por una «infusión que ha ido aumentando según la fecha de la votación se aproximaba. Por uña parte es claro que gran parte de la culpa le ha correspondido al Gobierno, a causa de la imprecisa formulación de la pregunta clave. Gracias a esa imprecisión sólo una respuesta (el "sí") era comprensible: por el contrario, el no, el voto en blanco, o la abstención se convertían en respuestas equívocas, interpretables en formas muy diversas.

Pero también hay que reconocer que la confusión ha procedido de un hecho evidente: la rígida separada dé los españoles en dos bloques (franquistas y antifranquistas) se ha roto, como ya indicábamos en estas miañas páginas en eneró dé este año. En su lugar aparecen otras muchas opciones, convirtiendo él panorama político en un /complejo mare mág-num. El antiguo bloque de ios franquistas se encuentra dividido entre los partidarios del "sí" y los del "no", como cualquiera que tenga la oportunidad de darse un paseo por nuestras encarteladas calles podrá verificar. Y, por otro lado, la cohesión de los antifranquistas propia de otras ocasiones (cohesión derivada más del enemigo que de las creencias comunes) se ha esfumado. Unos partidos de la oposición predican el sí; otros, la abstención activa (sea cual sea su significado), y, por último, destacados líderes se limitan a indicar que dejan a sus seguidores libertad de voto "de acuerdo con su conciencia".

Esta división de opiniones se ha visto agravada por la política propagandística del Gobierno en favor del "sí". Se ha llegado a tal extremo en la valoración de este punto, que es difícil saber si quienes predicas la abstención lo hacen por razones.de fondo (esto es, por discrepar de la ley para la Reforma Política) o simplemente por razones de forma, esto es, porque no se les ha dejado participar en la propaganda televisada. Cabe hacerse la arriesgada pregunta: ¿Qué habrían aconsejado les partidos de oposición —

PSOE, PCE, Izquierda Democrática— ,si se les hubiera concedido una efectiva igualdad de oportunidades? Parece a veces que k> que vota no es el sí o el »• a la reforma política, sino el si o el »o a la Televisión Española.

Consecuencia de esta confusión de base es la extrema disparidad de motivos para votar sí o no, o abstenerse: incluso Santiago Carrillo ha podido afirmar que muchos de los que votan sí en realidad lo que quieren es otra cosa distinta, más parecida a lo que quieren los que se abstienen. Con lo que, después del referéndum, nos encontramos con la misma claridad que antes.

Las motivaciones para votar, en efecto, son muy complejas. Entre los que votan sí caben muy distintas categorías: en primer lugar recordemos que el sí es la respuesta más fácil, como reconocía implícitamente la adminición opusdeísta: "Aprende a decir que no." Si a esta facilidad se añade el poder del Gobierno y sus medios de comunicación, es de esperar una afluencia masiva de votantes por el sí. Pero a éstos hay que añadir una categoría diametralmente opuesta, compuesta por oposicionistas de buena fe. que confían en la reforma de Suárez, y, finalmente, los monárquicos que creen apoyar a la Monarquía votando sí.

Los que votan por tí "no" son igualmente variopintos: desde los blaspiñaristas de extrema derecha hasta los que tienen miedo de todo cambio, y se sienten horrorizados por acontecimientos como el secuestro de Oriol, pasando por aquellos que creen d« buena fe que el "no" es una postura "de izquierda" más adecuada que la abstención.

La misma complejidad de motivaciones se encuentra en el voto en blanco y la abstención. Entre los votos en blanco se contarán los de aquellos que tienen miedo de significarse por su abstención, así como sectores de la oposición. Y entre los que se abstengan habrá categorías tan heterogéneas como los apáticos de siempre, que no votarán en ninguna ocasión a pesar de toda persuasión o amenaza; los convencidos por los argumentos de la oposición abstencionista; y, finalmente, los grandes ¡sectores descontentos catalánes, vascos y, probablemente, canarios.

Podríamos, pues, quejarnos de la confusión y multiplicidad de posturas, frente a la nitidez de la separación franquistas - antifranquistas. Pero parece que con esta diversidad hemos de convivir los próximos decenios: ya ao habrá posturas evidentes "buenas" y "malas". Este referéndum ha sido la primera ocasión en que una decisión política ha dejado dé ser una elección entre extremos igualmente santos o condenables, según las posiciones, para convertirse en una decisión personal, reíativa y discutible. Y hacernos ver que dejamos una sociedad "unánime" para pasar a una plural.

 

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