Autor: Prados Arrarte, Jesús. 
   Las lecciones del referéndum     
 
 ABC.    17/12/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

LAS LECCIONES DEL REFERENDUM

Por Jesús PRADOS ÁRPATE

Catedrático de la Universidad Complutense

Parece tan importante, en relación con la política futura en España, comentar la primera elección democrática, de la cual algo se deducirá respecto al curso de los acontecimientos, que no hay posibilidad de abstenerse de esa obligación. ¿Qué significan los resultados del referéndum?

El análisis ge debe iniciar por el índice de participantes, es decir, de los ciudadanos que han votado —en uno u otro sentido— en la consulta. Varios grupos políticos aconsejaron la abstención, y la proporción de votantes significa por ello lo más importante quizá del mencionado referéndum. En él han votado alrededor del 76 por 100 de los ciudadanos inscritos en las listas electorales; proporción sustanciahnente más alta que la habitual en elecciones democráticas. Como todo comentarista político sabe perfectamente, una elección en la que participa más del 70 por 100 del electorado, en un país democrático, es una elección que ha interesado profundamente a los ciudadanos. En consecuencia, la abstención del 23 por 100 es perfectamente normal y podría afirmarse, con .todo derecho, que los partidos y grupos políticos que han recomendado la abstención en el referéndum carecen de rotos •, que, en conjunto, apenas disponen de ana fuerza de opinión del 7 al 10 por 100 del electorado.

La importancia de esa conclusión no puede ocultarse. El martes 14 de diciembre, ABC publicaba como lista de les partidos abstencionistas la siguiente:

«Equipo Demócrata-Cristiano del Estado Español», «Partido Socialista Obrero Español» (renovado),

«Federación d« Partidos Socialistas». «Partido Socialista Popular», «Partido Comunista Español» j, en general, los grupos regionales catalanes, vascos y gallegos.

En e1 número del 15 de diciembre se agregaban los partidos «Unión Socialdemócrata Española, el «Partido Carlista», la «Falange Hedillista» y algunos otros grupos, no mencionando al «Equipo Demócrata-Cristiano del Estado Español».

Todos esos partidos han mostrado padecer el izquierdismo, como enfermedad infantil, no del comunismo que analizaba Lenin, sino de los supuestos sobre la composición política y social de España. Han mostrado carecer totalmente de re-presentatiyidad y no disponer sino de algunos afiliados muy jóvenes, suficientes para llenar —a veces— la calle con su presencia, pero absolutamente incapaces de conseguir una audiencia de la opinión pública.

Debo declarar que a pesar de la cerrada oposición a la participación en el referéndum de dichos partidos y grupos políticos, mi partido, e] «Socialista Democrático Español», al igual que nuestros partidos hermanos, el «Socialista Obrero Español» (sector histórico) y «Reforma Social Española», con los que hemos constituido la «Alianza Socialista Democrática», mantuvimos r e i t eraclámente la conveniencia de la participación en el referéndum y recomendamos que se votara «sí» en diversas notas oficiales y en las apariciones de varios de los directivos —entre los que tuve el honor de contarme— en la televisión y radios españolas. Por lo tanto, nada más justificado por nuestra parte que la afirmación de que, por encima del número de nuestros militantes —que nos convierte en el «Partido Socialista» principal de España—, hemos gozado de una aprobación masiva de la población Que tiene una ideología dé izquierdas en el país. ¡Las encuestas que indicaban el enorme peso de la ideología socialdemó-crata en España se han visto confirmadas por el voto popular, mientras que no lo han tenido y han sufrido un auténtico rechazo del país los socialistas, comunistas y otros grupos políticos que preconizaban la. «ruptura», fundándola en supuestas proposiciones democráticas cuya realidad se ha visto ahora desvirtuada! Tampoco han conseguido una audiencia muy grande los partidos regionales, con la excepción de Vizcaya y Guipúzcoa: lo que podría indicar que han exagerado sus posiciones autonomistas.

La curioso es que los grupos políticos que no han tenido apenas votos intentaban negociar con el Gobierno, de igual a igual, fingiéndose representantes de «toda» la oposición, cuando lo cierto es que —salvo que supongan que toda España es «de derechas», proposición evidentemente falsa— deben admitir que no representan a las izquierdas sino en muy escasa medida.

He aquí a lo que les ha conducido él empeño de supeditar todos los problemas políticos de España a la legalización del «Partido Comunista», sacrificando sus propios intereses de partido, ya que los comunistas han aprovechado —ciertamente— la situación para hacerse con la conducción política de la denominada «Coordinación Democrática», a la que han arrastrado a una increíble derrota. Es de esperar que las bases de los partidos efectivamente democráticos pidan ahora cuentas a sus dirigentes, que llevan más de un año cometiendo constantes errores.

Otra lección que se deduce inexorablemente del´ referéndum es la escasa audiencia de los que pretenden mantener el franquismo después de Franco. La pequeñísima rotación que han obtenido debe servirles de fundamento para convencerse de que el país exige un cambio democrático y no desea vivir de recuerdos que, además, no gustan a erran parte de su población.

La última de las enseñanzas del referéndum es que la voluntad clara y libremente expresada por el pueblo español podría esfumarse en el futuro si no se apoya la acción de los partidos que desean un cambio democrático sin conmociones ni supeditación a los deseos comunistas. La democracia y su salvaguardia exigen la intervención de numerosos ciudadanos, «demócratas activos», que apoyen con sus esfuerzos y ayuda a los grupos que tienen esa significación. ¿Hace falta decir une el «Partido Socialista Democrático Español» espera a esos ciudadanos con los brazos abiertos? J. P. A.

 

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