Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Curro Jiménez, en el Senado     
 
 ABC.    10/01/1978.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Curro Jiménez, en el Senado

NO. no. No se me sobresalten los señores lectores. No es que el caballo de Curro Jiménez, acompañado

por El Algarrobo y por El Estudiante, haya entrado en el Parlamento como el cabaIlo de Pavía y haya

mandado a casa a sus señorías los senadores. Han sido, por el contrario, sus señorías los senadores los que

han metido en la sala de sesiones del Senado al bandido generoso de la televisión, de quien todavía no me

he enterado, por cierto, si es acusado o si es miembro del Comité antiicorrupción de Prado del Rey. Luego

explicaré cómo fue la cosa.

Antes tengo que dejar constancia, para mis innumerables y fieles lectores del siglo que viene, de que e!

Senado había aprobado el día anterior tos Presupuestos Generales del Estado. Así son las cosas en el

Palacio de la plaza de la Marina Española. Primero se reúne el Pleno; más de una tercera parte de los

señores senadores vola en contra de los proyectos de ley ya aprobados en el Congreso; los proyectos de

ley pasan entonces a la Comisión: la Comisión intenta introducir alguna modificación, aunque sólo sea

una coma, sobre todo, por aquello de que se vea que los senadores tienen algo que suprimir, rectificar,

corregir o aumentar, pero el Gobierno insiste en que no anden echando comas en los proyectos de ley, y

que, como dijo Juan Ramón definiendo, no el proyecto de ley, sino el poema, «no lo toques ya más. que

así es la rosa.; la mayoría de los miembros de la Comisión correspondiente, que pertenecen, naturalmente,

a U. C. D.. comprenden, con algunas cháncharras máncharras, las razones del Gobierno, y dejan de poner

la coma donde querían ponerla; e! proyecto de ley vuelve, incólume, intacto, ileso. ai Pleno, y el Pleno lo

aprueba por mayoría simple. Como en el ruedo: o se hace la faena en los tercios, o se hace en los medios.

Bueno, pues los Presupuestos salieron del Senado como una rosa inmaculada. La oposición había echado

un puñado de arena en los cojinetes gubernamentales, pero a la postre et Gobierno se sale con la suya y el

mundo sigue andando.

Como ya tenia el presupuesto aprobado, el señor Fernández Ordonez no apareció ayer por el Senado, que

ya estaria pensando en ta manera de sacarnos del bolsillo los ingresos previstos, de no pasarse mucho en

los gastos y en preparar el presupuesto de 1979, que ya ha dicho que va a empezar a prepararlo desde

ahora, para que no suceda lo de siempre. Pero el Senado también tenia que aprobar crédilos

extraordinarios y suplementos de créditos, esos mismos que ya había discutido y aprobado e) Congreso.

Un crédito para pagar fas subvenciones electorales fue enviado a la Comisión. [Demontre!, que diría un

señor senador de los del XIX. ¿es que los partidos políticos se, han vuelto locos y no quieren cobrar?

¿Hasta esos extremos de austeridad ha llegado la Influencia de los Pactos de la Moncloa? No. no, no. Es

que no hubo quorum porque sus señorías se habían atrasado en la llegada, quizá prolongando la

sobremesa. El señor presidente del Senado, don Antonio Fontán, cita a sesión a las cuatro y media, que es

una hora muy europea para levantar manteles, pero que tos celtiberos todavía aprovechan para prolongar

tes delicias del café, copa y puro, c para dar la cabezada nacional de la «esta en cualquier territorio

autónomo de) Estado español.

Y entonces llegó lo de la televisión. Ya se sabe que la última moda democrática consiste en zarandear la

televisión. Y si la zarandearon los diputados, ¿por qué no iban a zarandearla los senadores? Un señor

senador decía que la televisión se dedica a hacer publicidad de las bebidas y que ya son cinco millones los

españoles afectados, en mayor o menor grado, por el alcoholismo, y que también hace una propaganda

«desaforada» del tabaco. (Poca impresión debió de hacer en sus «norias el puritano discurso, porque en

cuanto el señor Fontán concedió media hora de descanso, los señores senadores se entregaron en el bar a

la copa y al cigarrillo.) Se buceaban soluciones para pagar los gastos de TV, E. y se examinaba la

posibilidad de poner un impuesto sobre el uso d« aparatos de televisión. Pero se desechaba la fórmula,

porque eso sería, dijo et senador, como «imponer un impuesto sobre el aburrimiento de las personas

físicas». Al señor Jiménez Blanco, que es de Granada, ce le ocurrió citar a su homónimo Curro Jiménez, y

recordó el elogio det susodicho Curro a los liberales en al último episodio de la serie televisiva. Y como

lo que la oposición trataba de demostrar es que la televisión, en vez de ser un medio del Estado es un

instrumento del Gobierno, Negó el señor Huerta, socialista al, con chaleco de lana rojo, hombre gordo y

socarrón, y dijo que los liberales a los que se referia Curro Jiménez eran, naluralmenle, los que estaban en

la U. C. D. y no los que militan en otros partidos, ¡Vaya por Dios! ¡Y uno que creía que Curro Jiménez se

había afiliado al partido de don José Maria de Areilza! Los dos créditos extraordinarios para TV. E.

también fueron enviados a la Comisión, y ahí si que no pueden tocar una coma.

Los demás créditos extraordinarios pasaron sin problemas. Por ejemplo, el del aumento de la plantilla

diplomática, quizá por aquello de que hacen (alia más diplomáticos para mandarlos a las Embajadas d«

los países del Este, y que pasó por una unanimidad coló rota por el voto en contra del señor Duarte

Cendán, de Cádiz, también socialista, y que no sabemos qué reparos albergará contra la diplomacia o es

que, como decía en los pasillos una malévola señoría, cuyo nombre no diré, ta suspendieron alguna vez en

el examen de Ingreso d« la Escuela Diplomática. Don Marcelino Oreja, ministro de Exteriores, subió a la

tribuna para dar las gracias,

El señor Benet —el del tío con Tarradellas— y el señor Fernández Viagas Interpelaron al ministro del

Interior con motivo de ese lio de la quema de las fichas policiales y de tos archivos. El señor Fernández

Viagas habló de salvar la historia, al mismo tiempo que se salva también la concordia f «e firma el perdón

mutuo. Pero a continuación dijo que había que ^evacuar los excrementos de eslos cuarenta años», frase de

oro para ser grabada en el frontispicio de la reconciliación. Le faltó decir «y ole», porque el señor

Fernández Viagas es de Sevilla. Don Rodolfo Martín Villa aseguró que fa historia quedaría salvada, y con

esta tranquilidad en e! ánimo los señores senadores se fueron a descansar de todo este trabajo que ds la

Patrta, Jaime CAMPMANY.

 

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