Autor: Ballarín Marcial, Alberto. 
   Agricultura y reforma fiscal     
 
 Ya.    14/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Agricultura y reforma fiscal

LA reforma fiscal en marcha es la más honda y ambiciosa que este país haya intentado en los últimos

tiempos. ¿Cuál es la relación que debe existir entre ella y la agricultura? ¿Qué puede y debe representar la

reforma para aquel sector de nuestra sociedad que yo he llamado el "tercer mundo" dentro de las fronteras

nacionales?

En primer lugar, una desgravarían especial. La agricultura comunitaria europea está siete veces más

subvencionada que la española, la cual, como es harto sabido, presenta un índice de disparidad del 30 por

100 con respecto a los demás sectores. Un medio para combatir ese vergonzoso índice sería liberar del

pago de impuestos directos - contribuciones rústicas y urbanas, patrimonio, sucesiones y cuotas de lo

Seguridad Social incluso - a los patrimonios agrícolas de hasta diez millones de pesetas, siempre que

fueran cultivados por sus dueños, porque debemos ya decir que la regla aplicable es ésta: subvenciones sí,

pero discriminadas a favor de los más débiles de esas autónomos que, en 1976, no tuvieron entre los

precios percibidos y los pagados más que un punto a su favor. Subvenciones discriminadas y

condicionadas a la atribución integral del patrimonio a un solo heredero o a una comunidad que no divida

la explotación. En este país hay que cerrar la fábrica de producir minifundios. Toda división de finca hay

que prohibirla, como lo pide el programa de ARA, de donde tomo, claro está, las presentes ideas.

En la misma línea, la reforma fiscal debe recoger el principio de "la trasparencia" para todas las

sociedades que formen entre sí agricultores y ganaderos. Ningún gravamen las debe afectar si son de

pequeños y medianos empresarios. Vayamos con valentía a acabar con la otra lacra de nuestros campos,

que es el individualismo, responsable del minifundio de las estructuras productivas.

PARA luchar contra, la acumulación de explotaciones y de tierras puede ser también de gran utilidad la

reforma fiscal. Empléese en contra y se verá cómo al poco tiempo se produce una mejor distribución de la

propiedad.

Otro tema importante es el apoyo fiscal al cooperativismo, sin reticencias, con generosidad. Hay una

cierta tendencia en algunos países europeos a la equiparación a efectos fiscales entre cooperativas y

sociedades anónimas. Nosotros no podemos seguir esta vía. La UCD tiene una filosofía personalista. La

empresa personalista que es la cooperativa, donde el capital sólo puede retribuirse con un interés fijo,

debe ser apoyada al máximo.

Hay, además, razones de pura técnica. Si el impuesto actual de tráfico de empresas grava al intermediarlo

que compra materia prima por un lado y vende luego producto terminado, no puede afectar a las

cooperativas, ya que son los mismos socios quienes transforman y consumen. Digamos, de pasada, que

tanto en la hipótesis de cooperativas como de sociedades agrarias deben adoptarse las medidas oportunas

a fin de evitar que los beneficios de la Seguridad Social se pierdan para los asociados o empleados.

Insisto: la discriminación fiscal en favor de las cooperativas del campo, condicionada también o la

autenticidad, resulta indispensable para salvar a muchas entidades de, ese tipo que hoy se hallan en mala

situación.

Aún cabria aludir a temas más concretos, como la exención de las permutas entre particulares dirigidas a

agrupar fincas, la de las adquisiciones por cultivadores directas y personales de fincas arrendadas o

parceladas...

LA reforma fiscal no puede ser - y el Gobierno no quiere que sea - un simple instrumento de recaudación,

sino la palanca - por cierto, poderosísima - para lograr desarrollo con justicia. La reforma, fiscal tiene la

servidumbre y la grandeza de implicar todas las demás: la agraria, la del suelo, etc. Debe hacerse, pues,

con una gran visión política. Ha de apoyar y encauzar concretamente la reforma de nuestra agricultura.

Los parlamentarlos agrarios de VCD, en escrito dirigido a Adolfo Suárez, en tanto que presidente del

partido y del Gobierno, le hemos pedido ya, como más urgente e importante, aquella excepción de

impuestos directos para los patrimonios agrícolas inferiores a diez millones de pesetas. Comprendemos

que idéntica o parecida solución se impone para la pequeña y mediana empresa, para todos aquellos casos

en que un patrimonio es instrumento de trabajo. De ninguna manera puede equiparársele el patrimonio

complementario de ingresos personales, que a veces son muy elevados. Una cosa es el capital-

herramienta, y otra, muy distinta la fortuna que se posee y se disfruta al margen, precisamente porque los

ingresos personales han permitido un ahorro y una inversión.

Alberto BALLARIN MARCIAL

 

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