La hora de las regiones     
 
 Ya.    22/04/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

22-IV-78

LA HORA DE LAS REGIONES

LA cuestión regional ha sido «I tema de un suplemento especial de nuestro colega "Informaciones". Nos parece obligado llamar también la atención sobre un problema que, resuelto a tiempo, se pueda convertir en un factor eminentemente positivo e integrador, y que (I no, sólo puede enconarse. La historia es muy aleccionadora.

Durante mucho tiempo el regionalismo fue poco más que un anacronismo de la derecha. Todavía en 1928, cuando Ortega, que no era precisamente de derechas, propone la creación de diez o doce grandes comarcas, sus palabras podían pasar únicamente para la mayoría como una ocurrencia de ensayista.

Precisamente eran los año» del gran despliegue moderno de las comunicaciones, que han achicado el planeta de modo inconcebible. Si las naciones se quedaban pequeñas, ¿qué sentido tenía hablar de regiones? Sin embargo, es ahora cuando, a medida que se van logrando las grandes formaciones supranacionales, se revela la necesidad de unidades regionales que las equilibren. Hablar de las regiones unidas de Europa podrá ser una exageración; pero no lo «s, sino un hecho, e¡ que las naciones integradas en la Europa unida se organicen internamente en regiones y que el tema adquiera por eso creciente actualidad.

En la encuesta de "Informaciones" participan catedráticos, economistas, miembros de la Administración central y de la local. Todos, sin excepción, admiten la necesidad de la regionalización; objetar que con ésta aumentarla la diferencia entre regiones ricas y pobres es olvidar, en primer lugar, que la centralización no ha impedido que esa diferencia se incremente, y en segundo lugar, que la nueva fórmula no implica negación de la función armonizadora y correctora del Estado. Todos, sin excepción, distinguen la simple desconcentración de servicios de la auténtica regjonalización, que exige descentralización, esto es, creación de instituciones con un ámbito de competencia y medios para ejercitarla. Todos, también por unanimidad, reconocen y estiman la tendencia de nuestros planes de desarrollo, pero la adscriben en su conjunto a la desconcentración m¿s que a la descentralización; y alguno explica la falta de éxito en general de los polos de desarrollo a que se han creado sin una previa vida regional; todos, por último, reconocen la gran dificul´ac) del problema.

NO creemos que lo más difícil sea delimitar las regiones; por delicada que sea esta cuestión, el peso histórico es tan grande entre nosotros que en la mayor parte de los casos nos lo dan casi resuelto. Lo más difícil (supuesta una sincera voluntad de abordar e* problema) es llevar a cabo una transformación de esa envergadura sin trastornos que hicieran el remedio peor que la enfermedad. Por esto nos parece prudente, realista, sensato, el parecer de los que consideran que hay que ir por sus pasos, creando primero una vida foca! auténtica, para levantar después sobre ella todo lo demás.

Y a la mano tenemos el instrumento: el proyecto de ley de Administración Local, publicado en enero de 1972 y pendiente de discusión y aprobación por las Cortes. Descentralizar, traspasando a ayuntamientos y diputaciones el máximo posible de funciones, y democratizar, estableciendo que alcaldes y presidentes de diputación sean elegidos desde obajo y no nombrados desde arriba, deben -ser las primeras medidas.

Después, mejorar el proyecto para que tas mancomunidades provinciales que autoriza puedan configurarse propiamente como órganos regionales: Una Administración local así vitalizada y ensanchada proporcionaría la base me¡or para que en su dia nos pudiésemos incorporar de veras al actual regionalismo europeo.

AÑADIREMOS que si la democratización de la vida local fuese tan amplia que admitiera a votar a todos los mayores de edad, se abriría un cauce de participación popular que en nadie podría producir los recelos que despiertan otros cauces posibles, como el del asociacionismo político. En cualquier caso, la regionalización es un hecho que se impone y, como dice uno de los encuestados por nuestro colega, en política siempre es eficaz reconocer las realidades incorporarlas al quehacer futuro. Nosotros precisaríamos que no sólo eso entra en la política, sino que la política consiste justamente en eso.

 

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