Voluntad de regionalización     
 
 ABC.    22/02/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. DOMINGO 22 DE FEBRERO DE 1976. PAG 3.

VOLUNTAD DE REGIONALIZACION

La posible implantación de un régimen administrativo especial para cada una de las provincias —Barcelona, Tarragona, Lérida y Gerona—, con vistas a la futura institucíonalización de la región catalana, aprobada como proyecto del Gobierno en el ya histórico Consejo de Ministros de la Ciudad Condal, ha abierto un amplio cauce para canalizar, con realismo esperanzado, los deseos y aspiraciones de buen número de ciudadanos españoles que mañana quieren serlo aún más, si cabe, por la vía del reconocimiento y la potenciación de las características propias de la provincia. de la región que les viese nacer

Que el propósito del Gobierno no ha quedado solamente definido por las palabras contenidas en la referencia, que algunos hechos significativos han venido a sumarse a esa definición de intenciones, ha quedado evidenciado por las disposiciones que trasladan competencias centrales a diversas autoridades y Delegaciones de Barcelona. Y que no se trata, tan sólo, de complacer a Cataluña lo prueban las palabras del Rey Don Juan Carlos al subrayar, al inicio del Consejo, que «hay que dar importancia a todas las regiones dentro del conjunto de la Patria».

Se busca, en definitiva, el reconocimiento oficial, a nivel político y administrativo, de las regiones. Cada una con sus características propias y sus propios problemas. Cada una, también, con sus necesidades y deficiencias. Y todas hermanadas en el conjunto nacional.

Sería absurdo, y quizá también peligroso, intentar la aplicación de módulos fijos para el tema del regionalismo. Las soluciones han de ser propias en cada caso, porque en cada caso son propias las incógnitas a despejar. Cataluña ha encabezado la lista con la creación de la Comisión que estudiará la implantación de un régimen administrativo para cada una de sus provincias. Y a Cataluña seguirán, con el País Vasco, ya en situación relativamente similar, el resto de las regiones. Porque si la regionalización comienza por el fortalecimiento de la institución provincial, sólo potenciando la personalidad de cada provincia podrá evitarse el espejismo de la aparición de regiones, más o menos caprichosas, motivadas por la -presión de intereses ajenos a los propios de cada área geográfica, cultural y económica.

Np se trata, en suma, de debilitar, sin más, el papel de los organismos centrales, que deben seguir y seguirán existiendo, ´sino de crear las condiciones necesarias para que la personalidad provincial, primero, y consecuentemente regional después, se manifieste cumplidamente. Tampoco es un problema de distancia. Ni los 630 kilómetros aue separan Barcelona de Madrid, ni los 606 que hay desde la capital de España a La Coruña, o los 612 que marcan la distancia del Centro a Almería resultan determinantes. Hoy no cabe hablar de distancias materiales; si de peculiaridades, de personalidades que necesitan fórmulas propias, y de exigencias de los nuevos tiempos, que imponen, si se busca la participación popular, acercar máximamente los niveles de decisión al pueblo.

En ese propósito de acercamiento de las decisiones políticas al pueblo, reside la esencia de la voluntad de regionalización que anima a la Monarquía española. No entenderlo así equivaldría a equivocar tema v objetivo

 

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