Requisitos para la lucha contra el terrorismo     
 
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INFORMACIONES

Requisitos para la lucha contra el terrorismo

EL ministro del Interior ha visitado el País Vasco en el pasado fin de semana para explicar a las fuerzas

de orden público y a los medios informativos las medidas antiterroristas que entraban en vigor en ese fin

de semana. Es una buena práctica en un momento en que parece iniciarse en ese País Vasco el ya

conocido ciclo de las protestas de la izquierda «abertzale» y las manifestaciones de las «gestoras

proamnistia. Sin duda, el mayor riesgo de esas medidas aprobadas el viernes por el Congreso es et de

resucitar de alguna forma el clima de los estados de excepción del franquismo, aquel caldo de cultivo en

el que se desarrolló E.T.A. Martín Villa ha acudido al País Vasco para explicar que no se trata de un

estado de excepción, que el Gobierno comparecerá periódicamente ante las Cortes y dará cuenta de sus

actuaciones, y para destacar que las medidas aprobadas en modo alguno afectan a los derechos y

libertades de la región.

Para que las medidas tengan éxito es condición «sine qua non» su respaldo por todas las fuerzas políticas

vascas con representación parlamentaria. Y llegamos con ello a la consideración de uno de los elementos

esenciales del problema, la actitud del P.N.V. Sin la ambigüedad del Partido Nacionalista Vasco, el

aislamiento de E.T.A. habría avanzado mucho más y el divorcio entre el pueblo vasco y la organización

terrorista sería mucho más evidente. El ministro del Interior ha sido explícito al declarar que «el P.N.V.

debe plantearse la lucha contra el terrorismo». Este fin de semana, sin embargo, nuevas declaraciones de

dirigentes nacionalistas vascos han vuelto a recordarnos esa ambigüedad del P.N.V. «Contra la violencia,

contra la Constituciónn, podría ser el resumen de algunos discursos.

Ciertamente, las otras fuerzas parlamentarias han carecido de habilidad en sus relaciones con el P.N.V. A

este partido no se le debió, por ejemplo, marginar nunca en las tarcas constitucionales, aunque su

presencia hubiese hecho más difícil el consenso. Ahora se paga aquel error.

Al Gobierno, finalmente, compete, junto a la trasparencia en la aplicación de las medidas, a fin de que

nunca se constituyan en bandera para E.T.A. y sus aledaños, el profundizar en la autonomía vasca,

acelerando las transferencias de competencias al Consejo General Vasco, llenando de contenido lo que

todavía, es autonomía de papel. Sólo con esos requisitos cabe, razonablemente, esperar éxito en lo que

constituye sin duda el principal problema para la consolidación de la democracia en España, la situación

vasca.

 

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